miércoles, 22 de marzo de 2017

{Ayudar en casa: Qué puedes esperar de tu hijo y cuándo}

niña ayudando en cocina

Los niños necesitan estar a cargo de tareas pequeñas en la casa. Ayudar en casa les enseña responsabilidad social y familiar. Además, les proporciona una sensación de logro y de orgullo y les ayuda a adquirir habilidades.

Si tu niño contribuye con los quehaceres del hogar, se sentirá importante y parte de un “equipo”. Asimismo, si ve que en su familia todos ayudan y colaboran, sentirá que no es el centro del universo.

Es obvio que cuando los niños son pequeños no pueden realizar las tareas del hogar como lo haría un niño más grande o un adulto. La idea es más bien inculcarles el hábito de ayudar.

A los niños de entre 2 y 4 años les encanta ayudar y es ese deseo genuino lo que les facilita empezar una tarea. A medida que tu hijo crezca podrá realizar labores más complejas y comenzará a hacerlas él solo.

No subestimes a tu hijo

Los padres a menudo subestiman lo que sus hijos son capaces de hacer. Y en muchas ocasiones no los dejan que hagan cosas básicas que ya pueden hacer como prepararse su propio sándwich o limpiar su habitación.

Comienza con el aseo personal

Cepillarse los dientes, ir al baño y vestirse son algunas de las primeras tareas que los niños llevan a cabo solos. Para la mayoría de los padres, el que los niños empiecen a realizar estas necesidades básicas es muy importante. Pero además es recomendable que añadas tareas del hogar para que le enseñes a ser responsable.

Tareas apropiadas para su edad

Si la tarea que le asignas a tu niño es muy difícil, es probable que se frustre y no la termine. Recuerda que es muy importante que no le pidas que haga tareas peligrosas, como lavar cuchillos o cosas frágiles.

A los 2 años

Tu hijo puede realizar las siguientes tareas:

- Colocar la ropa sucia en el cesto designado para ella
- Poner un pañal sucio en la basura
- Recoger los juguetes después de jugar con ellos
-Poner las servilletas en la mesa
- Separar la ropa para lavar en clara y oscura

A los 3 años

Tu hijo puede hacer lo siguiente:

- Separar los calcetines por colores y quizá hacer parejas
- Regar una planta
- Darle comida a una mascota
- Limpiar cuando algo se le cae al piso
- Retirar su plato de la mesa
- Ayudar a lavar el auto

A los 4 años

Tu hijo puede hacer lo siguiente:

-Poner platos, tenedores y servilletas sobre la mesa
- Sacar los cubiertos del lavavajillas
- Doblar toallas
- Ayudarte a hacer su cama
- Recoger las toallas mojadas del piso
- Ayudar a preparar la comida haciendo algunas tareas fáciles como formar albóndigas, mira la receta
- Barrer con una escoba para niños

No esperes demasiado

Cuando un niño pequeño te “ayuda”, a realizar las tareas del hogar, es muy probable que tardes más en terminarlas. Sin embargo, recuerda que estás consolidando la base para que se convierta en una persona responsable más tarde. Los pequeños tienen poca capacidad de concentración, así que no esperes que tu hijo realice las tareas del hogar diariamente sin que se lo recuerdes, o que las haga bien a la primera.

Todos por igual

Asigna a los niños tareas de la cocina y a las niñas pídeles que te ayuden en el jardín.
Sé específica. Las tareas que son muy difíciles abrumarán a tu niño. Asígnale tareas sencillas y sé específica. Por ejemplo, en lugar de ordenarle que “limpie su habitación”, le puedes pedir amablemente que “ponga su ropa sucia en el cesto”. Es importante que le muestres cómo hacerlo las primeras veces.

Una por una

Si le pides que haga tres o cuatro tareas al mismo tiempo, tu niño se confundirá. Seguramente olvidará la lista entera o confundirá las cosas y las hará mal. Asigna cada tarea individualmente.

Puede ser divertido

El reto de las tareas del hogar es que tienden a ser repetitivas y, por lo tanto, aburridas. Pero puedes hacerlas divertidas. Por ejemplo, pon música (o inventa tu propia canción) para bailar con tu hijo mientras limpian el polvo. También pueden competir para ver quién recoge los juguetes más rápido. Es recomendable que le pidas que te ayude con algo nuevo de vez en cuadno para que no se aburra de hacer siempre lo mismo. Algunas mamás con niños pequeños que aún no saben leer usan carteles con dibujos para explicarles las labores que les toca hacer.

No seas perfeccionista

Si tu hijo hizo su cama y parece que más bien la deshizo, muéstrale cómo hacerlo correctamente y deja que la termine a su manera. Puedes lastimar el orgullo de tu niño si corriges de inmediato lo que acaba de hacer. Además, es probable que la piense dos veces antes de ayudarte la próxima vez ("¿Por qué me necesita si siempre dice que lo hago mal?").

Alábalo mucho

El refuerzo positivo enseñará a tu pequeño que sus esfuerzos son importantes. Anímalo y no critiques su trabajo. Al contrario, dile cuánto aprecias su esfuerzo y lo importante que eso es para ti. Cuando lo alabes, trata de ser específica: “Gracias por ayudar a poner la mesa porque comeremos antes".

No le pagues

Si le pagas por los quehaceres domésticos que realiza, eliminarás esa sensación de contribución a la familia y el orgullo que siente de haber hecho un buen trabajo. Los niños a esta edad aún no entienden bien el valor del dinero y recibir dinero a cambio de trabajo es un concepto difícil de asimilar para ellos. Además, mucho expertos financieros opinan que no se debería pagar por hacer tareas domésticas. Consideran que es mejor dar una semanada o mesada independiente, con el objetivo de enseñar a los niños el concepto del ahorro y cómo administrar el dinero de manera razonable.

Fuenteespanol.babycenter.com

{10 formas divertidas de enseñar a tu hijo el valor del dinero}

niño ahorrando

Estos son los temas que se tratarán en este artículo:

1. Vayan a una venta de objetos de segunda mano
2. Hagan una visita al banco
3. "Contrata" a tu niño como tu asistente
4. Compren en mercados al aire libre (o tianguis)
5. Busquen y corten cupones
6. Trabajen como voluntarios y hagan donaciones en familia
7. Motiva a tu hijo a ganar un poco de dinero
8. Inscríbanse en una clase
9. Marquen una meta de ahorros para la familia
10. Jueguen juntos

1. Vayan a una venta de objetos de segunda mano

En Estados Unidos es típico que muchas familias se deshagan de los objetos de su propiedad que ya no quieren poniéndolos a la venta en la banqueta enfrente de su casa. Estas ventas, llamadas “ventas de garaje” (garage sale o yard sale), están llenas de curiosidades para niños, como libros y juguetes.

Tus hijos más grandecitos pronto descubrirán que el dinero de su mesada les rinde mucho más en estas “ventas al aire libre” que en el centro comercial.

Si a tu familia no le gusta madrugar los fines de semana para ir a las ventas de garaje, puedes ir a una tienda de segunda mano. Las dos opciones son además una excelente oportunidad para hablar con los niños acerca de la importancia de reciclar objetos.

2. Hagan una visita al banco

La próxima vez que vayas al banco, llévate a tu pequeño. Explícale las transacciones bancarias que hagas (depositar o retirar dinero) y permítele que te ayude en todo lo que pueda. Por ejemplo, él le puede entregar el cheque al cajero.

Cuando tu niño esté más grandecito, le puedes abrir una cuenta a su nombre y enseñarle a ser ahorrativo. Muchas instituciones financieras ofrecen cuentas de ahorro (sin cargos adicionales) para niños y servicios en línea.

3. "Contrata" a tu niño como tu asistente

Nuestros hijos nos ven pagar con la tarjeta de crédito infinidad de veces en el supermercado y es por eso que muchos creen que es ¡una fuente mágica e infinita de dinero!

Explícale el “misterio” y déjale que te ayude a hacer los pagos mensuales de las tarjetas de crédito. Repasa los pagos con tu hijo y recuérdale qué es lo que están pagando ("¿Te acuerdas de los zapatos que te compré la semana pasada?"). Puede también poner el cheque en el sobre. Si tu hijito es más grande, podrá anotar el número del cheque en tu chequera.

A tu pequeño le encantará participar en tus actividades. Además empezará a tener una perspectiva más clara sobre el flujo de dinero. Puede haber otros beneficios que no te imaginaste. Por ejemplo, una vez que tu hijito sepa cuánto cuesta la electricidad, tal vez esté más dispuesto a cooperar cuando le pidas que apague las luces al salir de una habitación.

4. Compren en mercados al aire libre (o tianguis)

Cuando van al supermercado, tu niño sólo ve los productos, y nunca a los agricultores que los producen. Al llevarlo a mercados al aire libre (Farmers’ Market) comprenderá mejor la relación entre el trabajo y el dinero. Invita a tu niño a que te ayude a seleccionar las frutas y verduras y a que pague por los productos.

Explícale que los agricultores plantaron las fresas, así que ellos pueden decidir cuánto cobrar por ellas. El cliente decide si vale la pena comprarlas por esa cantidad. Coméntale que con las ganancias, los agricultores comprarán más semillas para plantar más fresas.

5. Busquen y corten cupones

Antes de reciclar toda esa montaña de folletos publicitarios que recibes los domingos, puedes hacer una "fiesta de cupones" con tu niño. Aunque no seas aficionada a los cupones, guárdalos. Pueden ser una herramienta más para enseñarle a tu hijo sobre los ahorros y descuentos.

Pídele a tu pequeño que una vez que identifique los cupones que pueden servir para las compras de la semana (ésta es una tarea que pueden hacer hasta los niños que todavía no saben leer, simplemente mirando las fotos), los recorte y los guarde en un sobre. La próxima vez que vayan de compras deja que tu hijito se encargue de los cupones.

Tu niño puede ser (dependiendo de su edad), el "administrador de los cupones" y el "buscador de productos". Tras hacer las compras, hablen sobre el dinero que ahorraron y cómo podrían usarlo.

Pero si no soportas la idea de usar cupones, utiliza la tarjeta de ahorros de tu supermercado. Mientras compran, señálale a tu hijo los productos que tienen precios especiales para los miembros del club de ahorros, y después enséñale en el recibo la cantidad que ahorraron.

6. Trabajen como voluntarios y hagan donaciones en familia

Para que empiecen a entender el mundo de las finanzas, los niños necesitan comprender que hay personas que poseen más dinero que otras y que los que tienen más pueden ayudar a los que tienen menos.

Puedes hacer cosas muy sencillas para que tu niño se acostumbre a ser generoso. Por ejemplo, pueden comprar comida y entregarla en una organización benéfica local. O bien, participen en una causa justa en la que tu hijo podría estar interesado. Si le gustan los animales, compra comida y otros artículos, y llévalos al refugio para animales más cercano.

7. Motiva a tu hijo a ganar un poco de dinero

Ganar dinero no sólo es educativo para los niños, sino que también les ayuda a ser responsables. La vieja tradición de vender limonada sigue siendo una buena opción, y además le enseñará a tu hijo a trabajar en equipo. El hermano más grande puede cuidar del dinero mientras que el más joven entrega los vasitos.

Otras ideas para ganar dinero son: vender juguetes y ropas que ya no les sirven, ayudar a preparar una venta de garaje en familia, y ayudar con labores especiales en la casa.

8. Inscríbanse en una clase

Muchas instituciones financieras ofrecen clases y talleres para niños. Si piensas que tu niño no está interesado las cuestiones financieras, de cualquier manera dale una oportunidad. "Siempre me sorprende ver lo interesados que están los niños en aprender sobre el dinero", dice Mark Hodowanic, quien dirige talleres financieros en una cooperativa de crédito en Estados Unidos. Investiga qué tipo de clases ofrecen en tu banco o cooperativa de crédito.

9. Marquen una meta de ahorros para la familia

¿Está tu hijo ansioso por ir a Disneylandia? Establezcan una meta a largo plazo y empiecen a guardar dinero en una alcancía. Esto hace que la familia trabaje en equipo. Los niños pueden echar en la alcancía las monedas que te sobran y también contribuir con un poco de su propio dinero de vez en cuando.

10. Jueguen juntos

La próxima vez que tu hijo te pida permiso para usar la computadora, déjalo que pruebe algunos de los juegos en internet que enseñan a manejar el dinero. Muchas páginas de cooperativas de crédito tienen juegos y otras actividades, como páginas para colorear que puedes imprimir.

En la actualidad, con tanta tecnología, no muchas personas se acuerdan de los juegos mesa. Sin embargo, juegos como Monopoly o Life, (aunque se refieren a situaciones imaginarias), ayudan a sembrar la noción de ganar dinero, ahorrar y perder.

Fuenteespanol.babycenter.com

{Cómo enseñar empatía}

Qué cabe esperar a esta edad

Los seres humanos tenemos empatía por naturaleza, al menos hasta cierto punto. Algunos estudios indican que los bebés que lloran cuando escuchan llorar a otro bebé, son más empáticos de mayores.

Aun así, los niños en edad preescolar, como sabemos todos los padres, no son un modelo de comportamiento desinteresado y generoso. La empatía es algo que tienen que aprender de ti.

Si tu hijo pega a su hermana, por ejemplo, puedes decirle: “Hace daño cuando pegas a las personas. Así es como hay que tocar a la gente, con suavidad. ¿Cómo se siente?”. En algún momento comprenderán el mensaje, pero seguramente les llevará un tiempo.

Qué puedes hacer

- Dale un nombre al sentimiento

Para que tu hijo pueda reconocer sus emociones. Dile: “Pedro, estás siendo muy amable”, cuando tu hijo te bese el dedo en que te hiciste daño. Aprenderá de tu reacción que su reacción amable se reconoce y se valora.

Tiene que aprender a reconocer emociones negativas también, así que no temas señalar con calma cuando su comportamiento no sea el que esperas. Procura decir algo como: “Cuando le quitaste el sonajero a tu hermanito se puso muy triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”.

Otra idea para enseñarle a entender y definir sus emociones es tener "el sentimiento de la semana". Cada semana pones a la vista una foto de alguien experimentando una emoción: tristeza, alegría, sorpresa, enojo. Habla con tu hijo sobre cuando se siente esas emociones.

- Alaba su comportamiento

Cuando se muestre generoso o muestre empatía. Cuando tu hijo realice un acto de generosidad, señálale lo que hizo bien y sé lo más específica que puedas: “Fuiste muy generoso compartiendo tu osito con tu hermanito. Eso le hizo muy feliz, ¿ves cómo sonríe?”.

- Anímalo a hablar de sus sentimientos y de los tuyos

Hazle saber que te importan sus sentimientos, escuchando con atención. Mírale a los ojos cuando te habla y parafrasea lo que dice. Cuando grite: “¡Hurra!” por ejemplo, respóndele con un: “Ah, hoy te sientes muy feliz”. Es posible que no sepa responderte si le preguntas por qué, pero no tendrá problema alguno en hablarte acerca de “sentirse feliz”.

De igual manera, comparte tus sentimientos con él: “Me siento triste porque me pegaste. Pensemos en otra manera en que podrías haberme dicho que no querías ponerte esos zapatos”. Aprenderá que sus acciones afectan a otras personas, un concepto que es difícil de comprender para un niño pequeño.

Esta bien compartir tus sentimientos incluso si no tienen que ver con las acciones de tu niño.

Podrías decir "Estoy triste porque no recibí la carta de la abuela que esperaba" o "Algunas veces me enojo con papi, pero lo amo de todas formas". De esta forma, su hijo aprenderá que los adultos también tienen sentimientos y emociones y que son parte normal de la vida. Verá que aprender a manejar los sentimientos es parte importante de crecer y madurar.

- Señala el comportamiento de otras personas

Enseña a tu hijo a darse cuenta cuando alguien se ha portado de manera generosa. Procura decir: “¿Recuerdas esa señora en el supermercado, la que nos ayudó a recoger la comida cuando se nos cayó la bolsa al piso? Fue muy amable con nosotros y me hizo sentir bien cuando estaba disgustada”.

Al hacer eso, reforzarás el que tu hijo comprenda cómo las acciones de las personas pueden afectar emocionalmente a los demás. Los libros también ofrecen buenos ejemplos, así que pregúntale cómo cree que se siente el perrito que se perdió en el cuento o por qué sonríe la niña del otro cuento.

Explícale cómo te sentirías si tú fueras otro de esos personajes y pregúntale cómo reaccionaría él. Estas conversaciones le ayudarán a comprender las emociones de otras personas y a entender las suyas.

- Dale pistas verbales

Algunos niños tienen problema para entender diferentes tonos de voz. Tu hijo pequeño podría no darse cuenta de que su hermanita está llorando porque está triste y quiere que la deje de molestar.

 Ayúdalo a ponerse en sintonía con las emociones de otros haciendo un juego. Repitan una frase en diferentes tonos de voz y pide que adivine qué significa cada tono. Puedes decir "Escúchame" como si estuvieras enojada, feliz o en secreto por ejemplo, y mira si puede detectar las diferencias.

- Dale pistas no verbales

Ve al parque o un área de juegos y encuentra un lugar traquilo donde tu hijo y tú se puedan sentar a observar sin molestar. Jueguen a adivinar como se siente la gente que miran y trata de que las respuestas sean elaboradas: "¿Ves a ese niño? creo que está feliz porque está brincando y se ríe? ¿por qué estará tan contento?"

-Enséñale las reglas básicas de la buena educación

A través de los buenos modales, tu hijo puede demostrar que se preocupa por los demás y los respeta. En cuanto sea capaz de comunicarse verbalmente, puede empezar a decir "por favor" y "gracias". Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta de manera educada contigo y que no te gusta cuando te da órdenes.

Claro que ser educada con él vale más que mil palabras: di “por favor” y “gracias” con regularidad y tu hijo aprenderá que estas frases son parte de la comunicación habitual, tanto en casa como en lugares públicos.

- No uses el enojo para controlar a tu hijo

Aunque es fácil enfadarse cuanto tu hijo pega a su hermano pequeño, procura no usar tu enojo para controlar su comportamiento. Si dices “estoy muy enojada contigo” los niños suelen cerrarse y retraerse.

En lugar de eso, muestra empatía a tu hijo. Enseñar mediante la instrucción y el ejemplo es mucho más eficaz, sobre todo a esta edad. En lugar de enfurecerte, toma un momento para calmarte. Entonces, di con firmeza: “Sé que estabas enojado, pero no debes pegar a tu hermano. Eso le hizo daño y me puse triste. Por favor, pídele perdón”.

- Dale a tu hijo tareas pequeñas

Estudios demuestran que los niños que aprenden responsabilidad también aprenden altruismo y empatía. A los pequeños les encanta realizar tareas pequeñas, y algunas cosas útiles como dar de comer a las mascotas también enseñan empatía, sobre todo si después alabas su acción: “¡Mira cómo mueve la cola el perro! Eres tan amable con él… Está feliz porque le estás dando la cena”.

- Sé un buen ejemplo

Los actos de generosidad y caridad son una excelente manera de enseñar a tu hijo empatía. Llévalo contigo cuando vayas a visitar a un vecino para entregarle comida porque está enfermo, o cuando vayas a visitar a una amiga que acaba de tener un bebé.

 Déjale que te ayude a empacar la ropa que llevarás a un centro de personas necesitadas o a cualquier otro lugar caritativo. Explícale que hay personas que están enfermas o que no tienen comida o ropa suficiente, y que por eso necesitan de la ayuda de otras personas.

- Empatía para niños y para niñas

En nuestra sociedad es común esperar que los hombres sean menos empáticos que las mujeres. A veces, incluso sin darnos cuenta, demandamos y alabamos más la empatía en mujeres y se la exigimos menos a los hombres. Los hombres "deben ser rudos", ten en cuenta esto al enseñar empatía a un varoncito, ser empático no tiene que ver con el género.

Fuenteespanol.babycenter.com

{Cómo enseñar respeto}

Qué cabe esperar a esta edad

Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose.

Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.

Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba.

Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.

Qué puedes hacer

- Muestra respeto a los demás

No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.

- Enséñale a responder con educación

Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás mas dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes.

Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.

- Evita perder los nervios

Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones.

En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.

- Prepárate para diferencias de opinión

La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.

Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).

- Establece límites

Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer.

Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.

- Háblalo más tarde

A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿cómo puedes resolver el problema? ¿cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”.

Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.

- Alaba el comportamiento respetuoso

Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”.

Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.

Fuente: espanol.babycenter.com

{Enseñar responsabilidad}

Qué cabe esperar a esta edad

Un niño de tres o cuatro años no tiene la capacidad de centrarse en la bondad o de comprender su rol en la familia, y menos aún su rol en la sociedad (sí sabe, sin embargo, ¡que es el centro del universo!).

Tampoco está preparado para tareas complejas ni para marcarse su propia rutina. Pero sí quiere estar tan ocupado y ser tan importante como tú. Así que míralo de forma positiva si tu pequeño siempre está a tu lado cuando intentas hacer cosas.

Su deseo de ayudar ayuda a establecer Buenos cimientos para convertirlo en un adolescente y luego un adulto responsable.

Qué puedes hacer

- Escoge tareas apropiadas para su edad

Las tareas que son demasiado difíciles lo abrumarán. Se sentirá agobiado si le pides que “ordene su dormitorio”, algo que seguramente a ti también te resulta abrumador. “Por favor, pon tus zapatos en el armario”, es más sencillo. Te sorprenderá el orgullo y la confianza en sí mismo que obtiene al realizar estas simples tareas.

- Sé un buen ejemplo

La mejor (y seguramente más difícil) manera de enseñarle a ser responsable es ser un buen modelo para él. Pon siempre tus llaves en el mismo sitio, en lugar de dejarlas sobre la mesa del comedor. Ordena tus revistas en lugar de dejarlas tiradas en el sofá. Entonces, cuando des a tu hijo sus pequeñas tareas, muéstrale exactamente cómo hacerlas.

Decirle: “Es hora de poner la mesa”, tiene menos sentido para él que una demostración de cómo hacerlo, como: “Mira, se pone un plato delante de cada silla y las servilletas se ponen así, ¿quieres ayudarme a hacerlo?”. Si encuentras que pasas demasiado tiempo demostrando a tu hijo cómo realizar una tarea, seguramente es demasiado compleja para él.

- Lo primero es lo primero

Tu hijo a esta edad no es demasiado pequeño para aprender que hay que trabajar antes de jugar. Entenderá el mensaje cuando le digas: “Sí quiero llevarte al parque, pero primero tenemos que recoger la mesa”.

Díselo en tono amable y admite que tú también prefieres las cosas entretenidas; entonces comprenderá que no estás siendo mandona, sino que sólo esperas que se comporte de manera responsable.

- Convierte la tarea en un juego

 Todos disfrutamos más de las tareas cuando son ocasiones entretenidas y sociales. A tu hijo le hace feliz pasar tiempo contigo y no considera que vaciar la secadora sea una tarea. Le resulta divertido sacar la ropa calentita de la secadora y ponerla en una cesta. Pon música y baila con él mientras limpian el polvo, o hagan carreras para ver quién guarda más bloques de construcción.

- Establece una rutina

Tu hijo aprenderá hábitos de responsabilidad con mayor facilidad si estableces una rutina desde el principio. Enséñale a guardar la ropa sucia en el lavadero y a guardar sus juguetes después del baño. Aprenderá que las tareas forman parte del día a día, y no son sólo algo que los adultos le obligan a hacer por capricho.

- Exprésate de manera positiva

Aclárale que tu hogar tiene reglas que todos tienen que seguir, pero establécelas de manera positiva. En lugar de darle un ultimátum ("Si no haces esto, no te daré aquello"), adopta la actitud de "cuando hagas lo que tienes que hacer, entonces podrás hacer lo que quieres hacer". Si tu hijo dice: “Quiero una galleta”, responde diciendo: “Cuando te sientes a la mesa, podrás comer una galleta”.

Decir "Si aseas tu habitación, te daré una recompensa” es un soborno para que tu hijo haga lo que debería ser un comportamiento normal, y además le da la opción de creer que puede vivir sin la recompensa, y así decidir no guardar sus juguetes.

- Dale espacio

Para ahorrar tiempo y esfuerzo, quizá te veas tentada a agarrar su plato y llevarlo tú misma al lavaplatos. Intenta resistir esa tentación. En vez de eso, concéntrate más en los esfuerzos de tu hijo y no en sus logros.

Es posible que no haga una tarea de manera perfecta, pero criticarlo o hacer tú sus tareas, sólo ahogará sus deseos de ayudar. Recuerda que con la práctica se mejora. Procura hacer sugerencias positivas: “Has limpiado tu plato muy bien, pero a mí me gusta poner los platos sucios en el lavaplatos y no en el armario”.

- Prepárate para altibajos

Debido a su edad, tu hijo no puede hacerlo todo bien, siempre. Pero normalmente obtendrás mejores resultados cuando se dé cuenta de que hay un patrón. Procura no expresar enojo o desilusión si tiene un mal día. Sólo dile con tranquilidad: “Recuerda que siempre hay que guardar los juguetes cuando termines de jugar con ellos”.

- Alábalo mucho

El refuerzo positivo enseñará a tu hijo que sus esfuerzos son importantes y que los aprecias. Sé específica cuando lo alabes: “Lo hiciste tan bien cuando pusiste la comida del perro en su plato”, en lugar de decir “¡Bien hecho!”. Cuando proceda, dile cómo sus esfuerzos han ayudado a los demás: “Ahora que has puesto las cucharas en la mesa podemos tomar la sopa. ¡Sentémonos!”.

Fuenteespanol.babycenter.com

{11 maneras de aumentar la autoestima de tu hijo}

niño feliz

Bríndale atención

Nutrir la autoestima de tu hijo puede parecer una gran responsabilidad. Después de todo, es normal que sus niveles de autoestima suban y bajen, ¡y es algo que les pasa incluso a los adultos más seguros de sí mismos!

A veces nos sentimos bien con nosotros mismos y a veces no. Es importante que ayudes a tu hijo a cultivar su capacidad de adaptación, y que te asegures que sienta orgullo y respeto por sí mismo y por sus raíces culturales. Así lo ayudarás a confiar en su capacidad de enfrentar los retos de la vida.

A continuación, te brindamos once sencillos consejos para que aumente la autoestima de tu hijo.

Dale amor incondicional

Dale mucho amor, abrazos y besos. Dile cuánto lo quieres, no importa lo que haga. La autoestima de un niño florece cuando lo aceptas tal y como es, sin importar cuáles son sus puntos fuertes, sus dificultades, su temperamento o su destreza.

Cuando tengas que disciplinarlo, aclárale que es su comportamiento y no él lo que es inaceptable. Por ejemplo, en lugar de decirle "¡Eres un niño malo!" o "¿Por qué no puedes ser bueno?", dile: "No estuvo nada bien que empujaras a Gabriel. Puedes lastimarlo. Por favor, no empujes".

Bríndale atención

Aparta tiempo para dedicarle a tu hijo tu atención completa, sin hermanitos ni otras personas que te distraigan. Salgan juntos a caminar o pasen media hora juntos antes de irse a la cama. Tu atención le ayudará a reforzar la sensación de que es valioso e importante para ti.

No tiene que ser mucho tiempo, pero, por ejemplo, si tu niño quiere hablar contigo, deja de mirar la correspondencia o apaga el televisor para conversar con él. Míralo a los ojos para que sepa que realmente lo estás escuchando.

Establece límites

Establece algunas reglas razonables y haz tu hijo las respete. Por ejemplo, si le dices que tiene que comer su merienda en la cocina, no le permitas que coma por toda la casa al día siguiente.

Es importante que sepa que algunas reglas no se pueden cambiar. Eso le ayuda a sentirse más seguro. Es posible que tengas que repetir muchísimas veces las reglas que estableciste, antes de que las siga. Procura ser clara y consistente, y muéstrale que confías en él y sabes que hará lo que esperas.

Ofrécele opciones

Para un niño de 2 años, una buena regla es proporcionarle dos opciones diferentes. Y es que a esta edad, tu niño no está listo aún para elegir entre demasiadas alternativas. Por ejemplo, pregúntale si prefiere ponerse la camisa roja o la amarilla, o si prefiere desayunar cereal de avena o hojuelas de maíz.

Cuando tenga 3 o 4 años podrás darle más opciones, y al mostrarle que confías en su capacidad de decisión, le ayudas a construir su autoestima.

Déjalo que cometa errores

Si pone su plato demasiado cerca del borde de la mesa y se cae, no lo regañes. Mejor pregúntale qué puede hacer de manera diferente la próxima vez para que no suceda lo mismo. Ayúdalo a entender que es normal cometer errores de vez en cuando y que eso no significa que deba sentirse mal.

Cuando tú misma cometas un error, admítelo con tranquilidad. Al reconocer tus propios errores y mostrarle que te recuperas sin dificultad, le estás enseñando a tu hijo una poderosa lección, ya que eso le ayudará a aceptar sus propios errores con más facilidad.

Facilítale el éxito

Ponle una banqueta al lado del lavabo para que tu hijo pueda lavarse solito los dientes y las manos. Guarda sus juguetes y libros en un lugar donde los pueda alcanzar. Cómprale ropas que se pueda poner y quitar sin ayuda.

Al darle los recursos que necesita para cuidar de sus propias necesidades, fomentarás su independencia y su confianza en la capacidad de hacer las cosas por sí mismo.

Celebra lo positivo

Haz un esfuerzo por reconocer, todos los días, las cosas buenas que hace tu hijo y dilo en voz alta. Le puedes comentar a su papá: "José lavó todos los vegetales para la cena". El pequeño no sólo disfrutará de tus palabras de aliento sino también de los comentarios positivos de su padre.

Sé específica. En lugar de decir "¡Lo hiciste muy bien! ", di: "Gracias por esperar con tanta paciencia en la fila". Tu pequeño tendrá la sensación de haber logrado algo y su autoestima se fortalecerá. Además sabrá exactamente qué fue lo que hizo bien.
Acepta sus emociones

Cuando tu hijo tenga una rabieta porque no se quiere ir del parque, procura ver las cosas desde su punto de vista. Para un niño de 2 años de edad, tener que dejar de jugar para irse a casa es, realmente, una verdadera tragedia.

Ayúdalo a sentirse cómodo con sus emociones definiendo o nombrando lo que siente. Dile: "Comprendo que estés triste porque tenemos que irnos del parque". Si aceptas sus emociones sin juzgarlo, reafirmas sus sentimientos y le demuestras que lo que él dice es importante.

Evita comparaciones

Evita comentarios tales como "¿Por qué no eres como tu hermana? " o "¿Por qué no eres agradable como Pedro?". Simplemente le recordarán a tu hijo sus defectos. Incluso comparaciones positivas como "Tú eres el mejor jugador", son potencialmente dañinas porque a tu hijo se le hará difícil alcanzar tu nivel de exigencia.

Si en cambio le dices que lo aprecias por ser como es, y no por ser mejor o peor que los demás, será más probable que se valore a sí mismo.

Muéstrale tu propia autoestima

Una de las mejores maneras de fomentar el desarrollo de la autoestima de tu hijo es mostrándole la tuya propia. Demuéstrale que te sientes orgullosa de tus logros y haz lo posible por evitar decir cosas negativas sobre ti misma como: "¡Qué idiota soy!", cuando cometas un error.

Ofrécele aliento

Todos los niños necesitan apoyo de sus seres queridos. Es importante repetirle que crees en él y que lo animes a seguir adelante. Dar aliento significa reconocer el progreso, y no solo premiar un logro. Si tu hijo tiene dificultades en abrocharse el pantalón, dile: "Estás poniendo todo tu empeño, ¡y casi lo logras!". Eso hará que se sienta bien consigo mismo, aunque aún no tenga la capacidad de hacerlo solito.

Fuenteespanol.babycenter.com

jueves, 26 de enero de 2017

¿A qué edad hay que regalar el primer móvil a un niño?

¿A qué edad hay que regalar el primer móvil a un niño?

A partir de los 14-15 años.
Conozca las normas que deben seguir los chicos para utilizar estos dispositivos con sensatez

Los móviles son el regalo estrella de la Primera Comunión... Y de cumpleaños, Reyes... Pero a los niños y adolescentes ya no les basta con emitir y recibir llamadas y mensajes. Lo suyo son los smartphone, los teléfonos de última generación: con cámara de fotos y vídeo, juegos, aplicaciones, acceso a internet... Lo cierto es que llevan un ordenador en el bolsillo. Una herramienta que les permite muchas posibilidades de ocio y aprendizaje, pero también con serios peligros. Exige tanta responsabilidad que muchos padres se sienten desorientados preguntándose a qué edad están preparados los chicos para utilizarlos.

Los niños españoles tienen en sus manos estos dispositivos a edades muy tempranas. Y de forma generalizada. Tres de cada diez chicos de 10 años poseen un móvil. A los 12 años disponen de esta herramienta el 69% de los chavales. Y a los 14, el 83%. Son datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que evalúa el uso de nuevas tecnologías por parte de menores de 10 a 15 años. No recoge datos por debajo de esa edad. Pero los expertos advierten de que ya hay muchos niños de nueve años manejando estos dispositivos. «Incluso algunos con cinco años saben lo que es un iPhone», afirma Juanma Romero, fundador y director de Adicciones Digitales.

Presión social

Lo más frecuente es que cuando el niño cumple doce años los padres se rindan ante las nuevas tecnologías. «Los chicos no tienen todavía madurez suficiente, pero los padres les compran el móvil para tenerles localizados. Tampoco pueden aguantar la presión de los hijos y del entorno», dice Juama Romero.

En efecto, la presión social es tremenda. Incluso «Las propias compañías ponen en marcha toda su maquinaria de márketing para vender los smartphone cada vez a edades más tempranas. Algunas pretenden que sea a los ocho años», explica Óscar González, profesor de Primaria y director de Escuela de Padres con Talento.

Llegada al instituto

A los doce años, el paso de Primaria a Secundaria supone una revolución. «A esas edades se forman grupitos de amigos en el WhatsApp (el servicio más utilizado por los adolescentes). Si el chico no tiene móvil está fuera de ese canal de comunicación en el que se entera de muchas cosas y en el que pertenece a un grupo, algo fundamental a esas edades», señala el profesor González.

Pero eso entraña riesgos: estar siempre pendiente del móvil incluso por la noche, restando horas al descanso; no estudiar o incumplir con las actividades diarias; usar el móvil en clase con la consiguiente sanción... Lo peor: ser víctima de ciberbullying; colgar imágenes comprometidas en redes sociales; contactar con desconocidos...
Por esos y otros muchos motivos, ambos expertos creen que hay que retrasar el uso del móvil todo lo que se pueda. A partir de los 14-15 años es la edad adecuada para utilizarlo de forma más sensata y con mayor madurez. «Ya se han asentado en el instituto, poseen su grupo de amigos fijo, conocen y controlan su entorno... E incluso si es un buen chico el móvil puede ser un gesto de confianza de los padres», dice González.

Lo que deben hacer los padres para un uso responsable

- Debemos dejar bien claro a nuestros hijos lo que pueden o no hacer con el móvil.
- No permitir que se lo lleven a la cama por la noche. Aunque argumenten que esperan el último mensaje de un amigo o amiga. Eso les crea ansiedad y, a veces, el mensaje no se recibe. Por eso, dejan de dormir. El móvil tiene que estar apagado, porque ante cualquier urgencia están los padres.
- Los padres deben dar ejemplo. Y dejar de lado el móvil en casa, solo para cuestiones urgentes, no obsesionarse también con el WhastApp.
- Concienciárles que el móvil en clase tiene que estar apagado.
- Al principio, se puede dejar el móvil durante el fin de semana. Poco a poco y según sea o no responsable, se irá ampliando ese periodo.

Fuentewww.abc.es