Sabés que tu hijo necesita dormir menos tiempo ahora que cuando era un bebé, pero ¿cuánto es suficiente?
Cada niño es diferente, pero aquí te damos unas pautas generales para el promedio de horas que un niño necesita dormir cada día.
Edad Sueño nocturno Sueño diurno Promedio horas por día
2 años 10-12 horas 1-3 horas (1 siesta) 13 horas
3 años 9-12 horas 1-3 horas (1 siesta) 12-13 horas
4 años 9-12 horas 0-2,5 horas (1/no siesta) 11-12 horas
5 años 8-11 horas 0-2,5 horas (1/no siesta) 10-11 horas
Las horas de sueño nocturno y diurno no se suman porque los niños que toman siestas más largas tienden a dormir menos de noche, y viceversa.
Ten en cuenta que la mayoría de niños en edad preescolar necesitan dormir mucho, por lo general más de lo que los padres les permiten. Si un niño tiene malos hábitos de sueño o se niega a dormir la siesta o ir a la cama antes de las 22h, a menudo los padres asumen que no necesita dormir mucho.
Esto probablemente no sea el caso; de hecho, es probable que el niño esté en realidad falto de sueño, de ahí su comportamiento hiperactivo a la hora de acostarse.
Para ver si tu hijo cae en esta categoría, pregúntate:
- ¿Mi hijo se duerme con frecuencia mientras viaja en el coche?
- ¿Tengo que despertarlo casi todas las mañanas?
- ¿Se muestra malhumorado, irritable o cansado durante el día?
Si respondiste sí a alguna de estas preguntas, tu niño puede estar durmiendo menos de lo que su cuerpo ansía. Para cambiar este patrón, tendrás que ayudarle a desarrollar buenos hábitos de sueño, establecer una hora de dormir adecuada y aferrarte a ella.
Un niño en edad preescolar o escolar que haya superado la siesta necesita de 11 a 12 horas completas de sueño por noche, y esa cantidad irá disminuyendo a medida que crece. Aún así, cuando sea un adolescente, tu hijo seguirá necesitando de 9 a 10 horas de sueño por noche.
Fuente: espanol.babycenter.com
Mostrando entradas con la etiqueta 3 a 5 años. Mostrar todas las entradas
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martes, 1 de agosto de 2017
lunes, 31 de julio de 2017
{Alternativas cuando todo el tiempo dice "¡No!"}
Qué cabe esperar a esta edad
Los niños se vuelven inmunes al no y es posible que tengas que repetirlo diez veces antes de que tu hijo reaccione. Si intentas evitar que se meta en líos, procura enseñarle la diferencia entre el bien y el mal con un método más eficaz que la palabra “no”.
Qué puedes hacer
- Dilo con otras palabras
En lugar de decir no, dile claramente lo que sí puede hacer. En lugar de gritar: “¡No! No juegues a la pelota en la cocina”, por ejemplo, di: “¡Vamos al patio a jugar con la pelota!”. Si está en mitad de un proyecto artístico y hay pegamento por todo el piso, ayúdalo a poner periódicos debajo de su trabajo.
Esto le permite seguir ocupado en lugar de tener que dejar de hacer algo. Cuando tengas que actuar con rapidez para que no se meta en problemas, dile algo más directo como “¡para!” o “¡eso está caliente!”.
- Ofrécele opciones
Tu hijo quiere sentirse independiente y sentir que tiene las cosas bajo control, así que en lugar de responder “no” a secas cuando te dice que quiere chocolate antes de la hora de comer, ofrécele unas uvas cortadas por la mitad o rodajas de manzana. Otra alternativa es permitirle que elija una barra de chocolate que se puede comer después del almuerzo.
Si insiste en ponerse ropa no adecuada (como un traje de baño en invierno), dale a escoger entre dos prendas aceptables cada mañana. Aunque ninguna de las dos le emocione, a la larga aprenderá a aceptar las opciones que le presentas.
- Distráelo
Puedes distraer fácilmente a un niño de esta edad cuando está a punto de meterse en problemas.
Cuando en una tienda hay cosas delicadas que atraen la atención de tu hijo, rápidamente muéstrale cómo se refleja la luz en un espejo al otro lado del pasillo, o distráelo con una pregunta (“¿Te gustaría ir a ver tus primos este fin de semana?”), un juguete o un snack. Entretanto, aléjalo de las tentaciones.
Los niños más mayores son más fáciles que los pequeños a la hora de ir de compras, y también más receptivos a las distracciones: “No podemos jugar con esa muñeca de porcelana, pero podemos probar los juguetes que hay en ese lado”.
- Evita el tema
Si es posible, evita que tu hijo se meta en situaciones que te obliguen a decir no y, en lugar de eso, busca entornos seguros que fomenten su sensación de aventura y de curiosidad. Tu hogar debería estar a prueba de niños y es muy importante que mantengas tus objetos valiosos fuera del alcance de tu hijo.
Procura que juegue en lugares donde se sienta libre como el parque o el jardín de la casa, en vez de hacerlo en la sección de cristalería fina de unos grandes almacenes o la casa de la abuela. No puedes aislarlo de todas las situaciones en las que tengas que decir que no, claro, pero la vida será más fácil para ambos y podrás decir sí con más frecuencia si las limitas.
Ten en cuenta que muchos niños en edad preescolar disfrutan cuando van de compras y se portarán bien si tomas algunas precauciones. Sal de compras cuando tu hijo esté bien descansado y no prolongues demasiado el tiempo que dediques a las compras: una hora o dos en el centro comercial es más que suficiente. Si vas a comprar comida, evita la sección de los dulces.
- Ignora las infracciones pequeñas
La vida presenta un montón de oportunidades perfectas para a enseñar disciplina a tu hijo. No te lo pongas más difícil. Si está pisando un charco y van de camino a la casa de todos modos, ¿por qué no dejarlo? Si quiere ponerse un disfraz para ir a la cama, ¿qué hay de malo?
Escoge tus batallas. Anímalo a explorar su sentimiento de aventura y diversión cuando puedas; mientras no ponga en peligro su seguridad ni te obligue a decir que no, déjalo pasar.
- Dilo con firmeza
Cuando no haya alternativas posibles, no te desalientes. Di con firmeza (pero con calma), convicción y un rostro impasible: "¡No! ¡No le tires la cola al gato!”. Si le dices medio sonriendo: “No, no, cariño”, eso le transmite a tu hijo pequeño un mensaje contradictorio y no lo desanimará. Cuando responda, sonríele y dale un abrazo y sigue con una afirmación: “¡Sí! ¡Qué bien sabes escuchar!”.
Fuente: espanol.babycenter.com
Los niños se vuelven inmunes al no y es posible que tengas que repetirlo diez veces antes de que tu hijo reaccione. Si intentas evitar que se meta en líos, procura enseñarle la diferencia entre el bien y el mal con un método más eficaz que la palabra “no”.
Qué puedes hacer
- Dilo con otras palabras
En lugar de decir no, dile claramente lo que sí puede hacer. En lugar de gritar: “¡No! No juegues a la pelota en la cocina”, por ejemplo, di: “¡Vamos al patio a jugar con la pelota!”. Si está en mitad de un proyecto artístico y hay pegamento por todo el piso, ayúdalo a poner periódicos debajo de su trabajo.
Esto le permite seguir ocupado en lugar de tener que dejar de hacer algo. Cuando tengas que actuar con rapidez para que no se meta en problemas, dile algo más directo como “¡para!” o “¡eso está caliente!”.
- Ofrécele opciones
Tu hijo quiere sentirse independiente y sentir que tiene las cosas bajo control, así que en lugar de responder “no” a secas cuando te dice que quiere chocolate antes de la hora de comer, ofrécele unas uvas cortadas por la mitad o rodajas de manzana. Otra alternativa es permitirle que elija una barra de chocolate que se puede comer después del almuerzo.
Si insiste en ponerse ropa no adecuada (como un traje de baño en invierno), dale a escoger entre dos prendas aceptables cada mañana. Aunque ninguna de las dos le emocione, a la larga aprenderá a aceptar las opciones que le presentas.
- Distráelo
Puedes distraer fácilmente a un niño de esta edad cuando está a punto de meterse en problemas.
Cuando en una tienda hay cosas delicadas que atraen la atención de tu hijo, rápidamente muéstrale cómo se refleja la luz en un espejo al otro lado del pasillo, o distráelo con una pregunta (“¿Te gustaría ir a ver tus primos este fin de semana?”), un juguete o un snack. Entretanto, aléjalo de las tentaciones.
Los niños más mayores son más fáciles que los pequeños a la hora de ir de compras, y también más receptivos a las distracciones: “No podemos jugar con esa muñeca de porcelana, pero podemos probar los juguetes que hay en ese lado”.
- Evita el tema
Si es posible, evita que tu hijo se meta en situaciones que te obliguen a decir no y, en lugar de eso, busca entornos seguros que fomenten su sensación de aventura y de curiosidad. Tu hogar debería estar a prueba de niños y es muy importante que mantengas tus objetos valiosos fuera del alcance de tu hijo.
Procura que juegue en lugares donde se sienta libre como el parque o el jardín de la casa, en vez de hacerlo en la sección de cristalería fina de unos grandes almacenes o la casa de la abuela. No puedes aislarlo de todas las situaciones en las que tengas que decir que no, claro, pero la vida será más fácil para ambos y podrás decir sí con más frecuencia si las limitas.
Ten en cuenta que muchos niños en edad preescolar disfrutan cuando van de compras y se portarán bien si tomas algunas precauciones. Sal de compras cuando tu hijo esté bien descansado y no prolongues demasiado el tiempo que dediques a las compras: una hora o dos en el centro comercial es más que suficiente. Si vas a comprar comida, evita la sección de los dulces.
- Ignora las infracciones pequeñas
La vida presenta un montón de oportunidades perfectas para a enseñar disciplina a tu hijo. No te lo pongas más difícil. Si está pisando un charco y van de camino a la casa de todos modos, ¿por qué no dejarlo? Si quiere ponerse un disfraz para ir a la cama, ¿qué hay de malo?
Escoge tus batallas. Anímalo a explorar su sentimiento de aventura y diversión cuando puedas; mientras no ponga en peligro su seguridad ni te obligue a decir que no, déjalo pasar.
- Dilo con firmeza
Cuando no haya alternativas posibles, no te desalientes. Di con firmeza (pero con calma), convicción y un rostro impasible: "¡No! ¡No le tires la cola al gato!”. Si le dices medio sonriendo: “No, no, cariño”, eso le transmite a tu hijo pequeño un mensaje contradictorio y no lo desanimará. Cuando responda, sonríele y dale un abrazo y sigue con una afirmación: “¡Sí! ¡Qué bien sabes escuchar!”.
Fuente: espanol.babycenter.com
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miércoles, 22 de marzo de 2017
{Cómo alimentar a tu niño de 3 y 4 años}

En este artículo encontrarás los siguientes temas:
¿Cómo puedo motivar a mi hijo a que coma bien?
¿Qué alimentos debo ofrecerle a mi pequeño?
¿Qué debe tomar mi hijo a esta edad?
¿Qué alimentos debo limitar?
¿Qué alimentos debe evitar por completo mi niño?
¿Los niños pequeños necesitan suplementos vitamínicos?
Una dieta sana y equilibrada da a tu niño todas las vitaminas y nutrientes que necesita para crecer, pero a veces puede ser difícil de lograr. No te preocupes, la mayoría de los niños pasan por una etapa donde son exigentes al comer. He aquí algunas ideas para ayudarte.
¿Cómo puedo motivar a mi hijo a que coma bien?
Mantén la calma y ofrécele a tu hijo alimentos nutritivos, pero deja que él decida cuánto va a comer. Puedes estar segura de que sabe mejor que tú cuánta comida es suficiente para él. Como regla general las porciones no deben exceder el tamaño de su puño cerrado. Mira aquí porciones adecuadas por edad.
Mantén un horario regular para las comidas y las meriendas, teniendo en cuenta las siestas de tu hijo. Ofrece tres comidas regulares y dos o tres pequeñas meriendas nutritivas. Los siguientes son ejemplos de refrigerios nutritivos:
- fruta
- tomatitos miniatura y cubitos de queso
- yogur con bayas o rebanadas de fruta
- un sándwich pequeño
- palitos de vegetales o pan con humus
- batido de frutas y leche
- torta, bollo o pan con una taza de leche
- frutos secos
Evita darle a tu niño una comida principal justo antes de la siesta, ya que es probable que esté demasiado cansado para comer. En su lugar, dale una pequeña merienda o algo de tomar y una comida cuando se despierte. Las meriendas que se dan equitativamente entre las comidas, ayudan a evitar las pataletas por tener demasiada hambre. Evita darle dulces o productos envasados como las papas fritas o masitas. Alguna fruta seca o galletitas de agua son un buen ejemplo.
Haz las comidas interesantes y divertidas. Los postres nutritivos son una parte valiosa de la comida; siempre incluye uno y nunca lo uses como una recompensa por comerse el plato principal. Ejemplos de postres nutritivos incluyen ensalada de frutas con yogur, arroz con leche y fruta cocida o una magdalena o un panqueque con algunos trocitos de fruta.
Come con tu niño tan a menudo como sea posible, y sirve alimentos nutritivos que también quieres que él coma. Los niños aprenden el gusto por los alimentos probándolos, pero a menudo sólo probarán nuevos alimentos si ven a otras personas comerlos. Recuerda que eres su modelo a seguir y anímalo haciendo comentarios positivos acerca de los alimentos durante las comidas, tales como, "Mmm, esto está delicioso", "Mmm, las zanahorias son mis vegetales favoritos".
Los niños a esta edad tienen ya sus propios gustos respecto al sabor y la textura de los alimentos. A algunos les gusta su comida bañada en salsa, mientras que otros la prefieren seca. Hay niños a quienes les gusta que cada alimento esté separado de los demás en el plato. A muchos niños no les gusta la carne fibrosa o alimentos que sean difíciles de masticar. Respeta las preferencias de tu hijo pero no le prepares una comida completamente diferente a la del resto de la familia. Cada vez que puedas, ofrécele los mismos alimentos que los demás estén comiendo, pero asegúrate de que al menos uno de los alimentos sea algo que le gusta. Con el tiempo, los gustos cambian, así que es importante seguir ofreciéndole a tu niño todo lo que la familia coma.
¿Qué alimentos debo ofrecerle a mi pequeño?
Cada día, ofrece una variedad de alimentos de los cuatro grupos de alimentos nutritivos:
1. Alimentos que contienen granos o harinas (hidratos de carbono)
Ofrece estos con cada comida y con algunas meriendas. Incluyen cereales de desayuno enteros y sin azúcar agregada, pasta, arroz, cuscús, papas, batatas (boniatos), plátano y cualquier alimento hecho con harina, preferiblemente integral, como pan, galletas, bollos y tortitas.
2. Frutas y vegetales
A los niños les pueden llevar algún tiempo aprender a comer una amplia variedad, especialmente de vegetales. Sigue ofreciéndoselos en cada comida para que tu niño aprenda que siempre son parte de una comida normal. Las frutas son a menudo más populares. Córtalas en trozos para que sean más fáciles de comer y siempre incluye frutas como parte del postre o como único postre.
3. Alimentos con alto contenido de hierro y proteínas
Ofrece estos en una o dos comidas cada día. Incluyen carne, pescado, huevos, nueces y legumbres. Las legumbres son alimentos como frijoles, garbanzos, humus o lentejas. Ofrece trozos suaves y tiernos de carne ya que algunos niños tienen dificultad para masticar carnes duras. Elige embutidos de buena calidad, albóndigas y hamburguesas que tengan un alto contenido de carne magra y un bajo contenido en sodio. Estos alimentos son populares y nutritivos para los niños pequeños.
Si tu familia es vegetariana, es recomendable consultar con el pediatra o con una nutricionista sobre la dieta de tu pequeño. Como está desarrollándose, es importante que su alimentación incluya todos los nutrientes necesarios para su crecimiento. Si no come carne, posiblemente el doctor recomendará que coma
4. Leche, queso y yogur
Ofrece a tu niño estos alimentos al menos tres veces al día. Los productos lácteos proporcionan mucho calcio para los huesos en crecimiento, pero son extremadamente bajos en hierro. Los niños en edad preescolar necesitan menos leche que los bebés y no se les debe dar grandes biberones de leche; ofrece dos a tres vasos diarios, pero no excedas un litro de leche al día. Las grandes bebidas de leche reducirán el apetito de tu niño por otros alimentos, especialmente los más altos en hierro, y proporcionaran calorías innecesarias.
Los niños de dos años pueden seguir tomando leche entera, pero pueden cambiar a leche semidescremada si esto es más conveniente para la familia. La leche semidescremada tiene cantidades similares de proteínas y calcio, pero es más baja en vitamina A que la leche entera. La leche descremada no debe administrarse a niños menores de cuatro años de edad. Ocasionalmente el pediatra puede recomendarla a los dos años si hay historia familiar de enfermedades cardiacas.
Podrías considerar usar una leche fortificada con vitaminas y hierro. Muchos niños en edad preescolar que son difíciles para comer no ingieren suficiente hierro y pueden presentar anemia por deficiencia de hierro.
¿Qué debe tomar mi hijo a esta edad?
Ofrécele de seis a ocho bebidas pequeñas durante el día, una con cada comida y una con cada merienda. Tu niño puede necesitar más líquidos cuando hace mucho calor o si está especialmente activo, ya que puede deshidratarse rápidamente.
Si todavía usa un biberón trata de eliminarlo y darle todas las bebidas, incluyendo la leche, en tazas y vasos. Tomar bebidas de un biberón, hace más lento el proceso de beber y prolonga la exposición a los azúcares dañinos. Esto aumenta el riesgo de caries y erosión del esmalte dental. Si no consigues quitarle el biberón durante un tiempo, asegúrate que después del biberón bebe agua para prevenir el daño dental.
La leche y el agua son las bebidas más seguras para dar entre comidas. Restringe los jugos de frutas a la hora de la comida, ya que el ácido en los jugos puede dañar los dientes cuando se bebe entre comidas o varias veces al día.
Las bebidas dulces y ácidas, como los "ponches de frutas", también causan caries si se beben con frecuencia entre las comidas y contribuyen al sobrepeso y la obesidad. Si los ofreces, dilúyelos con agua y dáselos a tu hijo sólo con poca frecuencia y únicamente a la hora de comer En realidad, es mucho mejor limitarlos al máximo, especialmente los que vienen ya preparados comercialmente.
Las bebidas deportivas no se deben dar a los niños pues tienen un alto contenido de azúcar y minerales destinados sólo para atletas muy activos.
No te pierdas nuestra guía sobre bebidas y niños pequeños.
¿Qué alimentos debo limitar?
Los alimentos altos en grasa y azúcar dan a los niños en edad preescolar un poco de energía extra, que necesitan para su crecimiento. Estos incluyen alimentos como mantequilla, margarina, aceite, pasteles, galletas y helados. Inclúyelos sólo en pequeñas cantidades. Puedes ofrecerle a tu hijo ocasionalmente como postre pastel o galletas y fruta. Si tu hijo está inactivo, por ejemplo, si pasa mucho tiempo sentado viendo la televisión, sólo debes ofrecer estos alimentos en cantidades muy limitadas. De lo contrario, puede desarrollar sobrepeso.
Para prevenir la obesidad, se recomienda también que los niños estén físicamente activos por lo menos una hora diaria y se debe limitar la televisión o las actividades sedentarias a no más de dos horas diarias.
Dulces y chocolates y otros alimentos azucarados se pueden incluir como un placer ocasional entre comidas, pero pueden dañar los dientes de tu niño si los come con frecuencia. También pueden reducir el apetito de tu hijo por los alimentos saludables además de ser grandes contribuyentes a la epidemia de obesidad que nos afecta.
Alimentos salados La dieta típica en Estados Unidos, y en gran parte del mundo occidental, suele tener un exceso de sal o sodio. La mayoría proviene de los alimentos procesados. El exceso de sodio puede producir problemas de salud, como hipertensión entre otros, por tanto el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos aconseja limitar la ingestión de sodio en los adultos a no más de 1 cucharadita de sal al día. En el caso de los niños, el consumo de sal en los alimentos cocinados estará marcado por el paladar de la familia, aunque es recomendable usarla con mesura. Es difícil calcular cuánto sodio contienen los alimentos, ya que algunos alimentos naturales contienen sal, pero estos consejos te ayudarán a evitar el exceso de sal:
Mantén las papas fritas y otras meriendas saladas como un alimento ocasional; no se los ofrezcas a tu hijo más de una vez por semana
No agregues sal a la comida en la mesa
Usa hierbas y especias en lugar de un exceso de sal para dar sabor a los alimentos que preparas
Mantén los alimentos procesados al mínimo y cuando puedas elegir, utiliza la variedad baja en sal
El pescado graso, como la sardina, la caballa, el salmón, el atún fresco, la trucha y la anguila, son una buena fuente de grasas omega 3 y también de vitaminas A y D. Ofrécelos una o dos veces a la semana. Como algunos pueden contener rastros de toxinas, especialmente mercurio, que pueden acumularse en el cuerpo, es preferible limitar la frecuencia con que tu niño come pescado graso. Existe un posible riesgo de que los altos niveles de estas toxinas puedan causar problemas de salud y del desarrollo. Por este motivo, dos veces a la semana es el límite recomendado.
Nueces Los niños cuyos familiares sufren de fiebre del heno, asma, eczema o alergias a alimentos, no deben consumir cacahuates o mantequilla de cacahuates antes de los tres años de edad. Otros frutos secos, como las nueces, las almendras o las avellanas, están bien mientras se piquen o muelan finamente o como una mantequilla de nuez.
Los aditivos y edulcorantes que se utilizan en los alimentos han sido probados para la seguridad del consumidor adulto. Sin embargo, se deben evitar grandes cantidades de edulcorantes, que a menudo se encuentran en las bebidas. Diluye las bebidas que contienen edulcorantes con abundante agua y si se pueden evitar es mejor ya que no hay evidencia a largo plazo de que no tienen consecuencias en los niños.
Alimentos ricos en fibra Si todos los alimentos que sirves en una comida son integrales, tu hijo puede sentirse muy lleno antes de haber comido lo suficiente. Ofrece una mezcla de cereales y panes integrales y blancos, y poco a poco aumenta la cantidad de cereales integrales a medida que tu hijo se acerque a los cinco años de edad.
¿Qué alimentos debe evitar por completo mi niño?
Los huevos crudos o parcialmente cocidos y los mariscos pueden causar intoxicación alimenticia en los niños pequeños. Si se los ofreces, asegúrate de que estén bien cocidos. Los mariscos no se deben consumir más que una vez por semana.
Los peces grandes que viven por muchos años, como el tiburón, pez espada y pez aguja, pueden contener altos niveles de mercurio y no se les deben dar a los niños.
Las nueces enteras pueden provocar asfixia, así que no deben darse a niños menores de cinco años.
El té y el café se deben evitar, ya que reducen la absorción del hierro de los alimentos y su contenido de cafeína estimula mucho a los niños. Las colas o gaseosas dietéticas suelen tener alto contenido de cafeína y además pueden dañar los dientes, por lo que también se deben evitar.
¿Los niños pequeños necesitan suplementos vitamínicos?
El gobierno recomienda dar suplementos que contengan vitaminas A y D a los niños menores de cinco años para prevenir el raquitismo, una enfermedad de los huesos, y así asegurar su crecimiento y desarrollo normal. Esto es especialmente importante para los niños quisquillosos al comer y los de origen asiático, africano o medio oriental.
Fuente: espanol.babycenter.com
{Ayudar en casa: Qué puedes esperar de tu hijo y cuándo}

Los niños necesitan estar a cargo de tareas pequeñas en la casa. Ayudar en casa les enseña responsabilidad social y familiar. Además, les proporciona una sensación de logro y de orgullo y les ayuda a adquirir habilidades.
Si tu niño contribuye con los quehaceres del hogar, se sentirá importante y parte de un “equipo”. Asimismo, si ve que en su familia todos ayudan y colaboran, sentirá que no es el centro del universo.
Es obvio que cuando los niños son pequeños no pueden realizar las tareas del hogar como lo haría un niño más grande o un adulto. La idea es más bien inculcarles el hábito de ayudar.
A los niños de entre 2 y 4 años les encanta ayudar y es ese deseo genuino lo que les facilita empezar una tarea. A medida que tu hijo crezca podrá realizar labores más complejas y comenzará a hacerlas él solo.
No subestimes a tu hijo
Los padres a menudo subestiman lo que sus hijos son capaces de hacer. Y en muchas ocasiones no los dejan que hagan cosas básicas que ya pueden hacer como prepararse su propio sándwich o limpiar su habitación.
Comienza con el aseo personal
Cepillarse los dientes, ir al baño y vestirse son algunas de las primeras tareas que los niños llevan a cabo solos. Para la mayoría de los padres, el que los niños empiecen a realizar estas necesidades básicas es muy importante. Pero además es recomendable que añadas tareas del hogar para que le enseñes a ser responsable.
Tareas apropiadas para su edad
Si la tarea que le asignas a tu niño es muy difícil, es probable que se frustre y no la termine. Recuerda que es muy importante que no le pidas que haga tareas peligrosas, como lavar cuchillos o cosas frágiles.
A los 2 años
Tu hijo puede realizar las siguientes tareas:
- Colocar la ropa sucia en el cesto designado para ella
- Poner un pañal sucio en la basura
- Recoger los juguetes después de jugar con ellos
-Poner las servilletas en la mesa
- Separar la ropa para lavar en clara y oscura
A los 3 años
Tu hijo puede hacer lo siguiente:
- Separar los calcetines por colores y quizá hacer parejas
- Regar una planta
- Darle comida a una mascota
- Limpiar cuando algo se le cae al piso
- Retirar su plato de la mesa
- Ayudar a lavar el auto
A los 4 años
Tu hijo puede hacer lo siguiente:
-Poner platos, tenedores y servilletas sobre la mesa
- Sacar los cubiertos del lavavajillas
- Doblar toallas
- Ayudarte a hacer su cama
- Recoger las toallas mojadas del piso
- Ayudar a preparar la comida haciendo algunas tareas fáciles como formar albóndigas, mira la receta
- Barrer con una escoba para niños
No esperes demasiado
Cuando un niño pequeño te “ayuda”, a realizar las tareas del hogar, es muy probable que tardes más en terminarlas. Sin embargo, recuerda que estás consolidando la base para que se convierta en una persona responsable más tarde. Los pequeños tienen poca capacidad de concentración, así que no esperes que tu hijo realice las tareas del hogar diariamente sin que se lo recuerdes, o que las haga bien a la primera.
Todos por igual
Asigna a los niños tareas de la cocina y a las niñas pídeles que te ayuden en el jardín.
Sé específica. Las tareas que son muy difíciles abrumarán a tu niño. Asígnale tareas sencillas y sé específica. Por ejemplo, en lugar de ordenarle que “limpie su habitación”, le puedes pedir amablemente que “ponga su ropa sucia en el cesto”. Es importante que le muestres cómo hacerlo las primeras veces.
Una por una
Si le pides que haga tres o cuatro tareas al mismo tiempo, tu niño se confundirá. Seguramente olvidará la lista entera o confundirá las cosas y las hará mal. Asigna cada tarea individualmente.
Puede ser divertido
El reto de las tareas del hogar es que tienden a ser repetitivas y, por lo tanto, aburridas. Pero puedes hacerlas divertidas. Por ejemplo, pon música (o inventa tu propia canción) para bailar con tu hijo mientras limpian el polvo. También pueden competir para ver quién recoge los juguetes más rápido. Es recomendable que le pidas que te ayude con algo nuevo de vez en cuadno para que no se aburra de hacer siempre lo mismo. Algunas mamás con niños pequeños que aún no saben leer usan carteles con dibujos para explicarles las labores que les toca hacer.
No seas perfeccionista
Si tu hijo hizo su cama y parece que más bien la deshizo, muéstrale cómo hacerlo correctamente y deja que la termine a su manera. Puedes lastimar el orgullo de tu niño si corriges de inmediato lo que acaba de hacer. Además, es probable que la piense dos veces antes de ayudarte la próxima vez ("¿Por qué me necesita si siempre dice que lo hago mal?").
Alábalo mucho
El refuerzo positivo enseñará a tu pequeño que sus esfuerzos son importantes. Anímalo y no critiques su trabajo. Al contrario, dile cuánto aprecias su esfuerzo y lo importante que eso es para ti. Cuando lo alabes, trata de ser específica: “Gracias por ayudar a poner la mesa porque comeremos antes".
No le pagues
Si le pagas por los quehaceres domésticos que realiza, eliminarás esa sensación de contribución a la familia y el orgullo que siente de haber hecho un buen trabajo. Los niños a esta edad aún no entienden bien el valor del dinero y recibir dinero a cambio de trabajo es un concepto difícil de asimilar para ellos. Además, mucho expertos financieros opinan que no se debería pagar por hacer tareas domésticas. Consideran que es mejor dar una semanada o mesada independiente, con el objetivo de enseñar a los niños el concepto del ahorro y cómo administrar el dinero de manera razonable.
Fuente: espanol.babycenter.com
{10 formas divertidas de enseñar a tu hijo el valor del dinero}

Estos son los temas que se tratarán en este artículo:
1. Vayan a una venta de objetos de segunda mano
2. Hagan una visita al banco
3. "Contrata" a tu niño como tu asistente
4. Compren en mercados al aire libre (o tianguis)
5. Busquen y corten cupones
6. Trabajen como voluntarios y hagan donaciones en familia
7. Motiva a tu hijo a ganar un poco de dinero
8. Inscríbanse en una clase
9. Marquen una meta de ahorros para la familia
10. Jueguen juntos
1. Vayan a una venta de objetos de segunda mano
En Estados Unidos es típico que muchas familias se deshagan de los objetos de su propiedad que ya no quieren poniéndolos a la venta en la banqueta enfrente de su casa. Estas ventas, llamadas “ventas de garaje” (garage sale o yard sale), están llenas de curiosidades para niños, como libros y juguetes.
Tus hijos más grandecitos pronto descubrirán que el dinero de su mesada les rinde mucho más en estas “ventas al aire libre” que en el centro comercial.
Si a tu familia no le gusta madrugar los fines de semana para ir a las ventas de garaje, puedes ir a una tienda de segunda mano. Las dos opciones son además una excelente oportunidad para hablar con los niños acerca de la importancia de reciclar objetos.
2. Hagan una visita al banco
La próxima vez que vayas al banco, llévate a tu pequeño. Explícale las transacciones bancarias que hagas (depositar o retirar dinero) y permítele que te ayude en todo lo que pueda. Por ejemplo, él le puede entregar el cheque al cajero.
Cuando tu niño esté más grandecito, le puedes abrir una cuenta a su nombre y enseñarle a ser ahorrativo. Muchas instituciones financieras ofrecen cuentas de ahorro (sin cargos adicionales) para niños y servicios en línea.
3. "Contrata" a tu niño como tu asistente
Nuestros hijos nos ven pagar con la tarjeta de crédito infinidad de veces en el supermercado y es por eso que muchos creen que es ¡una fuente mágica e infinita de dinero!
Explícale el “misterio” y déjale que te ayude a hacer los pagos mensuales de las tarjetas de crédito. Repasa los pagos con tu hijo y recuérdale qué es lo que están pagando ("¿Te acuerdas de los zapatos que te compré la semana pasada?"). Puede también poner el cheque en el sobre. Si tu hijito es más grande, podrá anotar el número del cheque en tu chequera.
A tu pequeño le encantará participar en tus actividades. Además empezará a tener una perspectiva más clara sobre el flujo de dinero. Puede haber otros beneficios que no te imaginaste. Por ejemplo, una vez que tu hijito sepa cuánto cuesta la electricidad, tal vez esté más dispuesto a cooperar cuando le pidas que apague las luces al salir de una habitación.
4. Compren en mercados al aire libre (o tianguis)
Cuando van al supermercado, tu niño sólo ve los productos, y nunca a los agricultores que los producen. Al llevarlo a mercados al aire libre (Farmers’ Market) comprenderá mejor la relación entre el trabajo y el dinero. Invita a tu niño a que te ayude a seleccionar las frutas y verduras y a que pague por los productos.
Explícale que los agricultores plantaron las fresas, así que ellos pueden decidir cuánto cobrar por ellas. El cliente decide si vale la pena comprarlas por esa cantidad. Coméntale que con las ganancias, los agricultores comprarán más semillas para plantar más fresas.
5. Busquen y corten cupones
Antes de reciclar toda esa montaña de folletos publicitarios que recibes los domingos, puedes hacer una "fiesta de cupones" con tu niño. Aunque no seas aficionada a los cupones, guárdalos. Pueden ser una herramienta más para enseñarle a tu hijo sobre los ahorros y descuentos.
Pídele a tu pequeño que una vez que identifique los cupones que pueden servir para las compras de la semana (ésta es una tarea que pueden hacer hasta los niños que todavía no saben leer, simplemente mirando las fotos), los recorte y los guarde en un sobre. La próxima vez que vayan de compras deja que tu hijito se encargue de los cupones.
Tu niño puede ser (dependiendo de su edad), el "administrador de los cupones" y el "buscador de productos". Tras hacer las compras, hablen sobre el dinero que ahorraron y cómo podrían usarlo.
Pero si no soportas la idea de usar cupones, utiliza la tarjeta de ahorros de tu supermercado. Mientras compran, señálale a tu hijo los productos que tienen precios especiales para los miembros del club de ahorros, y después enséñale en el recibo la cantidad que ahorraron.
6. Trabajen como voluntarios y hagan donaciones en familia
Para que empiecen a entender el mundo de las finanzas, los niños necesitan comprender que hay personas que poseen más dinero que otras y que los que tienen más pueden ayudar a los que tienen menos.
Puedes hacer cosas muy sencillas para que tu niño se acostumbre a ser generoso. Por ejemplo, pueden comprar comida y entregarla en una organización benéfica local. O bien, participen en una causa justa en la que tu hijo podría estar interesado. Si le gustan los animales, compra comida y otros artículos, y llévalos al refugio para animales más cercano.
7. Motiva a tu hijo a ganar un poco de dinero
Ganar dinero no sólo es educativo para los niños, sino que también les ayuda a ser responsables. La vieja tradición de vender limonada sigue siendo una buena opción, y además le enseñará a tu hijo a trabajar en equipo. El hermano más grande puede cuidar del dinero mientras que el más joven entrega los vasitos.
Otras ideas para ganar dinero son: vender juguetes y ropas que ya no les sirven, ayudar a preparar una venta de garaje en familia, y ayudar con labores especiales en la casa.
8. Inscríbanse en una clase
Muchas instituciones financieras ofrecen clases y talleres para niños. Si piensas que tu niño no está interesado las cuestiones financieras, de cualquier manera dale una oportunidad. "Siempre me sorprende ver lo interesados que están los niños en aprender sobre el dinero", dice Mark Hodowanic, quien dirige talleres financieros en una cooperativa de crédito en Estados Unidos. Investiga qué tipo de clases ofrecen en tu banco o cooperativa de crédito.
9. Marquen una meta de ahorros para la familia
¿Está tu hijo ansioso por ir a Disneylandia? Establezcan una meta a largo plazo y empiecen a guardar dinero en una alcancía. Esto hace que la familia trabaje en equipo. Los niños pueden echar en la alcancía las monedas que te sobran y también contribuir con un poco de su propio dinero de vez en cuando.
10. Jueguen juntos
La próxima vez que tu hijo te pida permiso para usar la computadora, déjalo que pruebe algunos de los juegos en internet que enseñan a manejar el dinero. Muchas páginas de cooperativas de crédito tienen juegos y otras actividades, como páginas para colorear que puedes imprimir.
En la actualidad, con tanta tecnología, no muchas personas se acuerdan de los juegos mesa. Sin embargo, juegos como Monopoly o Life, (aunque se refieren a situaciones imaginarias), ayudan a sembrar la noción de ganar dinero, ahorrar y perder.
Fuente: espanol.babycenter.com
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{Cómo enseñar empatía}
Qué cabe esperar a esta edad
Los seres humanos tenemos empatía por naturaleza, al menos hasta cierto punto. Algunos estudios indican que los bebés que lloran cuando escuchan llorar a otro bebé, son más empáticos de mayores.
Aun así, los niños en edad preescolar, como sabemos todos los padres, no son un modelo de comportamiento desinteresado y generoso. La empatía es algo que tienen que aprender de ti.
Si tu hijo pega a su hermana, por ejemplo, puedes decirle: “Hace daño cuando pegas a las personas. Así es como hay que tocar a la gente, con suavidad. ¿Cómo se siente?”. En algún momento comprenderán el mensaje, pero seguramente les llevará un tiempo.
Qué puedes hacer
- Dale un nombre al sentimiento
Para que tu hijo pueda reconocer sus emociones. Dile: “Pedro, estás siendo muy amable”, cuando tu hijo te bese el dedo en que te hiciste daño. Aprenderá de tu reacción que su reacción amable se reconoce y se valora.
Tiene que aprender a reconocer emociones negativas también, así que no temas señalar con calma cuando su comportamiento no sea el que esperas. Procura decir algo como: “Cuando le quitaste el sonajero a tu hermanito se puso muy triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”.
Otra idea para enseñarle a entender y definir sus emociones es tener "el sentimiento de la semana". Cada semana pones a la vista una foto de alguien experimentando una emoción: tristeza, alegría, sorpresa, enojo. Habla con tu hijo sobre cuando se siente esas emociones.
- Alaba su comportamiento
Cuando se muestre generoso o muestre empatía. Cuando tu hijo realice un acto de generosidad, señálale lo que hizo bien y sé lo más específica que puedas: “Fuiste muy generoso compartiendo tu osito con tu hermanito. Eso le hizo muy feliz, ¿ves cómo sonríe?”.
- Anímalo a hablar de sus sentimientos y de los tuyos
Hazle saber que te importan sus sentimientos, escuchando con atención. Mírale a los ojos cuando te habla y parafrasea lo que dice. Cuando grite: “¡Hurra!” por ejemplo, respóndele con un: “Ah, hoy te sientes muy feliz”. Es posible que no sepa responderte si le preguntas por qué, pero no tendrá problema alguno en hablarte acerca de “sentirse feliz”.
De igual manera, comparte tus sentimientos con él: “Me siento triste porque me pegaste. Pensemos en otra manera en que podrías haberme dicho que no querías ponerte esos zapatos”. Aprenderá que sus acciones afectan a otras personas, un concepto que es difícil de comprender para un niño pequeño.
Esta bien compartir tus sentimientos incluso si no tienen que ver con las acciones de tu niño.
Podrías decir "Estoy triste porque no recibí la carta de la abuela que esperaba" o "Algunas veces me enojo con papi, pero lo amo de todas formas". De esta forma, su hijo aprenderá que los adultos también tienen sentimientos y emociones y que son parte normal de la vida. Verá que aprender a manejar los sentimientos es parte importante de crecer y madurar.
- Señala el comportamiento de otras personas
Enseña a tu hijo a darse cuenta cuando alguien se ha portado de manera generosa. Procura decir: “¿Recuerdas esa señora en el supermercado, la que nos ayudó a recoger la comida cuando se nos cayó la bolsa al piso? Fue muy amable con nosotros y me hizo sentir bien cuando estaba disgustada”.
Al hacer eso, reforzarás el que tu hijo comprenda cómo las acciones de las personas pueden afectar emocionalmente a los demás. Los libros también ofrecen buenos ejemplos, así que pregúntale cómo cree que se siente el perrito que se perdió en el cuento o por qué sonríe la niña del otro cuento.
Explícale cómo te sentirías si tú fueras otro de esos personajes y pregúntale cómo reaccionaría él. Estas conversaciones le ayudarán a comprender las emociones de otras personas y a entender las suyas.
- Dale pistas verbales
Algunos niños tienen problema para entender diferentes tonos de voz. Tu hijo pequeño podría no darse cuenta de que su hermanita está llorando porque está triste y quiere que la deje de molestar.
Ayúdalo a ponerse en sintonía con las emociones de otros haciendo un juego. Repitan una frase en diferentes tonos de voz y pide que adivine qué significa cada tono. Puedes decir "Escúchame" como si estuvieras enojada, feliz o en secreto por ejemplo, y mira si puede detectar las diferencias.
- Dale pistas no verbales
Ve al parque o un área de juegos y encuentra un lugar traquilo donde tu hijo y tú se puedan sentar a observar sin molestar. Jueguen a adivinar como se siente la gente que miran y trata de que las respuestas sean elaboradas: "¿Ves a ese niño? creo que está feliz porque está brincando y se ríe? ¿por qué estará tan contento?"
-Enséñale las reglas básicas de la buena educación
A través de los buenos modales, tu hijo puede demostrar que se preocupa por los demás y los respeta. En cuanto sea capaz de comunicarse verbalmente, puede empezar a decir "por favor" y "gracias". Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta de manera educada contigo y que no te gusta cuando te da órdenes.
Claro que ser educada con él vale más que mil palabras: di “por favor” y “gracias” con regularidad y tu hijo aprenderá que estas frases son parte de la comunicación habitual, tanto en casa como en lugares públicos.
- No uses el enojo para controlar a tu hijo
Aunque es fácil enfadarse cuanto tu hijo pega a su hermano pequeño, procura no usar tu enojo para controlar su comportamiento. Si dices “estoy muy enojada contigo” los niños suelen cerrarse y retraerse.
En lugar de eso, muestra empatía a tu hijo. Enseñar mediante la instrucción y el ejemplo es mucho más eficaz, sobre todo a esta edad. En lugar de enfurecerte, toma un momento para calmarte. Entonces, di con firmeza: “Sé que estabas enojado, pero no debes pegar a tu hermano. Eso le hizo daño y me puse triste. Por favor, pídele perdón”.
- Dale a tu hijo tareas pequeñas
Estudios demuestran que los niños que aprenden responsabilidad también aprenden altruismo y empatía. A los pequeños les encanta realizar tareas pequeñas, y algunas cosas útiles como dar de comer a las mascotas también enseñan empatía, sobre todo si después alabas su acción: “¡Mira cómo mueve la cola el perro! Eres tan amable con él… Está feliz porque le estás dando la cena”.
- Sé un buen ejemplo
Los actos de generosidad y caridad son una excelente manera de enseñar a tu hijo empatía. Llévalo contigo cuando vayas a visitar a un vecino para entregarle comida porque está enfermo, o cuando vayas a visitar a una amiga que acaba de tener un bebé.
Déjale que te ayude a empacar la ropa que llevarás a un centro de personas necesitadas o a cualquier otro lugar caritativo. Explícale que hay personas que están enfermas o que no tienen comida o ropa suficiente, y que por eso necesitan de la ayuda de otras personas.
- Empatía para niños y para niñas
En nuestra sociedad es común esperar que los hombres sean menos empáticos que las mujeres. A veces, incluso sin darnos cuenta, demandamos y alabamos más la empatía en mujeres y se la exigimos menos a los hombres. Los hombres "deben ser rudos", ten en cuenta esto al enseñar empatía a un varoncito, ser empático no tiene que ver con el género.
Fuente: espanol.babycenter.com
Los seres humanos tenemos empatía por naturaleza, al menos hasta cierto punto. Algunos estudios indican que los bebés que lloran cuando escuchan llorar a otro bebé, son más empáticos de mayores.
Aun así, los niños en edad preescolar, como sabemos todos los padres, no son un modelo de comportamiento desinteresado y generoso. La empatía es algo que tienen que aprender de ti.
Si tu hijo pega a su hermana, por ejemplo, puedes decirle: “Hace daño cuando pegas a las personas. Así es como hay que tocar a la gente, con suavidad. ¿Cómo se siente?”. En algún momento comprenderán el mensaje, pero seguramente les llevará un tiempo.
Qué puedes hacer
- Dale un nombre al sentimiento
Para que tu hijo pueda reconocer sus emociones. Dile: “Pedro, estás siendo muy amable”, cuando tu hijo te bese el dedo en que te hiciste daño. Aprenderá de tu reacción que su reacción amable se reconoce y se valora.
Tiene que aprender a reconocer emociones negativas también, así que no temas señalar con calma cuando su comportamiento no sea el que esperas. Procura decir algo como: “Cuando le quitaste el sonajero a tu hermanito se puso muy triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”.
Otra idea para enseñarle a entender y definir sus emociones es tener "el sentimiento de la semana". Cada semana pones a la vista una foto de alguien experimentando una emoción: tristeza, alegría, sorpresa, enojo. Habla con tu hijo sobre cuando se siente esas emociones.
- Alaba su comportamiento
Cuando se muestre generoso o muestre empatía. Cuando tu hijo realice un acto de generosidad, señálale lo que hizo bien y sé lo más específica que puedas: “Fuiste muy generoso compartiendo tu osito con tu hermanito. Eso le hizo muy feliz, ¿ves cómo sonríe?”.
- Anímalo a hablar de sus sentimientos y de los tuyos
Hazle saber que te importan sus sentimientos, escuchando con atención. Mírale a los ojos cuando te habla y parafrasea lo que dice. Cuando grite: “¡Hurra!” por ejemplo, respóndele con un: “Ah, hoy te sientes muy feliz”. Es posible que no sepa responderte si le preguntas por qué, pero no tendrá problema alguno en hablarte acerca de “sentirse feliz”.
De igual manera, comparte tus sentimientos con él: “Me siento triste porque me pegaste. Pensemos en otra manera en que podrías haberme dicho que no querías ponerte esos zapatos”. Aprenderá que sus acciones afectan a otras personas, un concepto que es difícil de comprender para un niño pequeño.
Esta bien compartir tus sentimientos incluso si no tienen que ver con las acciones de tu niño.
Podrías decir "Estoy triste porque no recibí la carta de la abuela que esperaba" o "Algunas veces me enojo con papi, pero lo amo de todas formas". De esta forma, su hijo aprenderá que los adultos también tienen sentimientos y emociones y que son parte normal de la vida. Verá que aprender a manejar los sentimientos es parte importante de crecer y madurar.
- Señala el comportamiento de otras personas
Enseña a tu hijo a darse cuenta cuando alguien se ha portado de manera generosa. Procura decir: “¿Recuerdas esa señora en el supermercado, la que nos ayudó a recoger la comida cuando se nos cayó la bolsa al piso? Fue muy amable con nosotros y me hizo sentir bien cuando estaba disgustada”.
Al hacer eso, reforzarás el que tu hijo comprenda cómo las acciones de las personas pueden afectar emocionalmente a los demás. Los libros también ofrecen buenos ejemplos, así que pregúntale cómo cree que se siente el perrito que se perdió en el cuento o por qué sonríe la niña del otro cuento.
Explícale cómo te sentirías si tú fueras otro de esos personajes y pregúntale cómo reaccionaría él. Estas conversaciones le ayudarán a comprender las emociones de otras personas y a entender las suyas.
- Dale pistas verbales
Algunos niños tienen problema para entender diferentes tonos de voz. Tu hijo pequeño podría no darse cuenta de que su hermanita está llorando porque está triste y quiere que la deje de molestar.
Ayúdalo a ponerse en sintonía con las emociones de otros haciendo un juego. Repitan una frase en diferentes tonos de voz y pide que adivine qué significa cada tono. Puedes decir "Escúchame" como si estuvieras enojada, feliz o en secreto por ejemplo, y mira si puede detectar las diferencias.
- Dale pistas no verbales
Ve al parque o un área de juegos y encuentra un lugar traquilo donde tu hijo y tú se puedan sentar a observar sin molestar. Jueguen a adivinar como se siente la gente que miran y trata de que las respuestas sean elaboradas: "¿Ves a ese niño? creo que está feliz porque está brincando y se ríe? ¿por qué estará tan contento?"
-Enséñale las reglas básicas de la buena educación
A través de los buenos modales, tu hijo puede demostrar que se preocupa por los demás y los respeta. En cuanto sea capaz de comunicarse verbalmente, puede empezar a decir "por favor" y "gracias". Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta de manera educada contigo y que no te gusta cuando te da órdenes.
Claro que ser educada con él vale más que mil palabras: di “por favor” y “gracias” con regularidad y tu hijo aprenderá que estas frases son parte de la comunicación habitual, tanto en casa como en lugares públicos.
- No uses el enojo para controlar a tu hijo
Aunque es fácil enfadarse cuanto tu hijo pega a su hermano pequeño, procura no usar tu enojo para controlar su comportamiento. Si dices “estoy muy enojada contigo” los niños suelen cerrarse y retraerse.
En lugar de eso, muestra empatía a tu hijo. Enseñar mediante la instrucción y el ejemplo es mucho más eficaz, sobre todo a esta edad. En lugar de enfurecerte, toma un momento para calmarte. Entonces, di con firmeza: “Sé que estabas enojado, pero no debes pegar a tu hermano. Eso le hizo daño y me puse triste. Por favor, pídele perdón”.
- Dale a tu hijo tareas pequeñas
Estudios demuestran que los niños que aprenden responsabilidad también aprenden altruismo y empatía. A los pequeños les encanta realizar tareas pequeñas, y algunas cosas útiles como dar de comer a las mascotas también enseñan empatía, sobre todo si después alabas su acción: “¡Mira cómo mueve la cola el perro! Eres tan amable con él… Está feliz porque le estás dando la cena”.
- Sé un buen ejemplo
Los actos de generosidad y caridad son una excelente manera de enseñar a tu hijo empatía. Llévalo contigo cuando vayas a visitar a un vecino para entregarle comida porque está enfermo, o cuando vayas a visitar a una amiga que acaba de tener un bebé.
Déjale que te ayude a empacar la ropa que llevarás a un centro de personas necesitadas o a cualquier otro lugar caritativo. Explícale que hay personas que están enfermas o que no tienen comida o ropa suficiente, y que por eso necesitan de la ayuda de otras personas.
- Empatía para niños y para niñas
En nuestra sociedad es común esperar que los hombres sean menos empáticos que las mujeres. A veces, incluso sin darnos cuenta, demandamos y alabamos más la empatía en mujeres y se la exigimos menos a los hombres. Los hombres "deben ser rudos", ten en cuenta esto al enseñar empatía a un varoncito, ser empático no tiene que ver con el género.
Fuente: espanol.babycenter.com
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empatía
{Cómo enseñar respeto}
Qué cabe esperar a esta edad
Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose.
Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.
Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba.
Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.
Qué puedes hacer
- Muestra respeto a los demás
No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.
- Enséñale a responder con educación
Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás mas dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes.
Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.
- Evita perder los nervios
Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones.
En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.
- Prepárate para diferencias de opinión
La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.
Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).
- Establece límites
Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer.
Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.
- Háblalo más tarde
A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿cómo puedes resolver el problema? ¿cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”.
Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.
- Alaba el comportamiento respetuoso
Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”.
Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.
Fuente: espanol.babycenter.com
Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose.
Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.
Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba.
Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.
Qué puedes hacer
- Muestra respeto a los demás
No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.
- Enséñale a responder con educación
Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás mas dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes.
Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.
- Evita perder los nervios
Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones.
En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.
- Prepárate para diferencias de opinión
La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.
Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).
- Establece límites
Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer.
Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.
- Háblalo más tarde
A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿cómo puedes resolver el problema? ¿cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”.
Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.
- Alaba el comportamiento respetuoso
Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”.
Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.
Fuente: espanol.babycenter.com
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comportamiento,
respeto
{Enseñar responsabilidad}
Qué cabe esperar a esta edad
Un niño de tres o cuatro años no tiene la capacidad de centrarse en la bondad o de comprender su rol en la familia, y menos aún su rol en la sociedad (sí sabe, sin embargo, ¡que es el centro del universo!).
Tampoco está preparado para tareas complejas ni para marcarse su propia rutina. Pero sí quiere estar tan ocupado y ser tan importante como tú. Así que míralo de forma positiva si tu pequeño siempre está a tu lado cuando intentas hacer cosas.
Su deseo de ayudar ayuda a establecer Buenos cimientos para convertirlo en un adolescente y luego un adulto responsable.
Qué puedes hacer
- Escoge tareas apropiadas para su edad
Las tareas que son demasiado difíciles lo abrumarán. Se sentirá agobiado si le pides que “ordene su dormitorio”, algo que seguramente a ti también te resulta abrumador. “Por favor, pon tus zapatos en el armario”, es más sencillo. Te sorprenderá el orgullo y la confianza en sí mismo que obtiene al realizar estas simples tareas.
- Sé un buen ejemplo
La mejor (y seguramente más difícil) manera de enseñarle a ser responsable es ser un buen modelo para él. Pon siempre tus llaves en el mismo sitio, en lugar de dejarlas sobre la mesa del comedor. Ordena tus revistas en lugar de dejarlas tiradas en el sofá. Entonces, cuando des a tu hijo sus pequeñas tareas, muéstrale exactamente cómo hacerlas.
Decirle: “Es hora de poner la mesa”, tiene menos sentido para él que una demostración de cómo hacerlo, como: “Mira, se pone un plato delante de cada silla y las servilletas se ponen así, ¿quieres ayudarme a hacerlo?”. Si encuentras que pasas demasiado tiempo demostrando a tu hijo cómo realizar una tarea, seguramente es demasiado compleja para él.
- Lo primero es lo primero
Tu hijo a esta edad no es demasiado pequeño para aprender que hay que trabajar antes de jugar. Entenderá el mensaje cuando le digas: “Sí quiero llevarte al parque, pero primero tenemos que recoger la mesa”.
Díselo en tono amable y admite que tú también prefieres las cosas entretenidas; entonces comprenderá que no estás siendo mandona, sino que sólo esperas que se comporte de manera responsable.
- Convierte la tarea en un juego
Todos disfrutamos más de las tareas cuando son ocasiones entretenidas y sociales. A tu hijo le hace feliz pasar tiempo contigo y no considera que vaciar la secadora sea una tarea. Le resulta divertido sacar la ropa calentita de la secadora y ponerla en una cesta. Pon música y baila con él mientras limpian el polvo, o hagan carreras para ver quién guarda más bloques de construcción.
- Establece una rutina
Tu hijo aprenderá hábitos de responsabilidad con mayor facilidad si estableces una rutina desde el principio. Enséñale a guardar la ropa sucia en el lavadero y a guardar sus juguetes después del baño. Aprenderá que las tareas forman parte del día a día, y no son sólo algo que los adultos le obligan a hacer por capricho.
- Exprésate de manera positiva
Aclárale que tu hogar tiene reglas que todos tienen que seguir, pero establécelas de manera positiva. En lugar de darle un ultimátum ("Si no haces esto, no te daré aquello"), adopta la actitud de "cuando hagas lo que tienes que hacer, entonces podrás hacer lo que quieres hacer". Si tu hijo dice: “Quiero una galleta”, responde diciendo: “Cuando te sientes a la mesa, podrás comer una galleta”.
Decir "Si aseas tu habitación, te daré una recompensa” es un soborno para que tu hijo haga lo que debería ser un comportamiento normal, y además le da la opción de creer que puede vivir sin la recompensa, y así decidir no guardar sus juguetes.
- Dale espacio
Para ahorrar tiempo y esfuerzo, quizá te veas tentada a agarrar su plato y llevarlo tú misma al lavaplatos. Intenta resistir esa tentación. En vez de eso, concéntrate más en los esfuerzos de tu hijo y no en sus logros.
Es posible que no haga una tarea de manera perfecta, pero criticarlo o hacer tú sus tareas, sólo ahogará sus deseos de ayudar. Recuerda que con la práctica se mejora. Procura hacer sugerencias positivas: “Has limpiado tu plato muy bien, pero a mí me gusta poner los platos sucios en el lavaplatos y no en el armario”.
- Prepárate para altibajos
Debido a su edad, tu hijo no puede hacerlo todo bien, siempre. Pero normalmente obtendrás mejores resultados cuando se dé cuenta de que hay un patrón. Procura no expresar enojo o desilusión si tiene un mal día. Sólo dile con tranquilidad: “Recuerda que siempre hay que guardar los juguetes cuando termines de jugar con ellos”.
- Alábalo mucho
El refuerzo positivo enseñará a tu hijo que sus esfuerzos son importantes y que los aprecias. Sé específica cuando lo alabes: “Lo hiciste tan bien cuando pusiste la comida del perro en su plato”, en lugar de decir “¡Bien hecho!”. Cuando proceda, dile cómo sus esfuerzos han ayudado a los demás: “Ahora que has puesto las cucharas en la mesa podemos tomar la sopa. ¡Sentémonos!”.
Fuente: espanol.babycenter.com
Un niño de tres o cuatro años no tiene la capacidad de centrarse en la bondad o de comprender su rol en la familia, y menos aún su rol en la sociedad (sí sabe, sin embargo, ¡que es el centro del universo!).
Tampoco está preparado para tareas complejas ni para marcarse su propia rutina. Pero sí quiere estar tan ocupado y ser tan importante como tú. Así que míralo de forma positiva si tu pequeño siempre está a tu lado cuando intentas hacer cosas.
Su deseo de ayudar ayuda a establecer Buenos cimientos para convertirlo en un adolescente y luego un adulto responsable.
Qué puedes hacer
- Escoge tareas apropiadas para su edad
Las tareas que son demasiado difíciles lo abrumarán. Se sentirá agobiado si le pides que “ordene su dormitorio”, algo que seguramente a ti también te resulta abrumador. “Por favor, pon tus zapatos en el armario”, es más sencillo. Te sorprenderá el orgullo y la confianza en sí mismo que obtiene al realizar estas simples tareas.
- Sé un buen ejemplo
La mejor (y seguramente más difícil) manera de enseñarle a ser responsable es ser un buen modelo para él. Pon siempre tus llaves en el mismo sitio, en lugar de dejarlas sobre la mesa del comedor. Ordena tus revistas en lugar de dejarlas tiradas en el sofá. Entonces, cuando des a tu hijo sus pequeñas tareas, muéstrale exactamente cómo hacerlas.
Decirle: “Es hora de poner la mesa”, tiene menos sentido para él que una demostración de cómo hacerlo, como: “Mira, se pone un plato delante de cada silla y las servilletas se ponen así, ¿quieres ayudarme a hacerlo?”. Si encuentras que pasas demasiado tiempo demostrando a tu hijo cómo realizar una tarea, seguramente es demasiado compleja para él.
- Lo primero es lo primero
Tu hijo a esta edad no es demasiado pequeño para aprender que hay que trabajar antes de jugar. Entenderá el mensaje cuando le digas: “Sí quiero llevarte al parque, pero primero tenemos que recoger la mesa”.
Díselo en tono amable y admite que tú también prefieres las cosas entretenidas; entonces comprenderá que no estás siendo mandona, sino que sólo esperas que se comporte de manera responsable.
- Convierte la tarea en un juego
Todos disfrutamos más de las tareas cuando son ocasiones entretenidas y sociales. A tu hijo le hace feliz pasar tiempo contigo y no considera que vaciar la secadora sea una tarea. Le resulta divertido sacar la ropa calentita de la secadora y ponerla en una cesta. Pon música y baila con él mientras limpian el polvo, o hagan carreras para ver quién guarda más bloques de construcción.
- Establece una rutina
Tu hijo aprenderá hábitos de responsabilidad con mayor facilidad si estableces una rutina desde el principio. Enséñale a guardar la ropa sucia en el lavadero y a guardar sus juguetes después del baño. Aprenderá que las tareas forman parte del día a día, y no son sólo algo que los adultos le obligan a hacer por capricho.
- Exprésate de manera positiva
Aclárale que tu hogar tiene reglas que todos tienen que seguir, pero establécelas de manera positiva. En lugar de darle un ultimátum ("Si no haces esto, no te daré aquello"), adopta la actitud de "cuando hagas lo que tienes que hacer, entonces podrás hacer lo que quieres hacer". Si tu hijo dice: “Quiero una galleta”, responde diciendo: “Cuando te sientes a la mesa, podrás comer una galleta”.
Decir "Si aseas tu habitación, te daré una recompensa” es un soborno para que tu hijo haga lo que debería ser un comportamiento normal, y además le da la opción de creer que puede vivir sin la recompensa, y así decidir no guardar sus juguetes.
- Dale espacio
Para ahorrar tiempo y esfuerzo, quizá te veas tentada a agarrar su plato y llevarlo tú misma al lavaplatos. Intenta resistir esa tentación. En vez de eso, concéntrate más en los esfuerzos de tu hijo y no en sus logros.
Es posible que no haga una tarea de manera perfecta, pero criticarlo o hacer tú sus tareas, sólo ahogará sus deseos de ayudar. Recuerda que con la práctica se mejora. Procura hacer sugerencias positivas: “Has limpiado tu plato muy bien, pero a mí me gusta poner los platos sucios en el lavaplatos y no en el armario”.
- Prepárate para altibajos
Debido a su edad, tu hijo no puede hacerlo todo bien, siempre. Pero normalmente obtendrás mejores resultados cuando se dé cuenta de que hay un patrón. Procura no expresar enojo o desilusión si tiene un mal día. Sólo dile con tranquilidad: “Recuerda que siempre hay que guardar los juguetes cuando termines de jugar con ellos”.
- Alábalo mucho
El refuerzo positivo enseñará a tu hijo que sus esfuerzos son importantes y que los aprecias. Sé específica cuando lo alabes: “Lo hiciste tan bien cuando pusiste la comida del perro en su plato”, en lugar de decir “¡Bien hecho!”. Cuando proceda, dile cómo sus esfuerzos han ayudado a los demás: “Ahora que has puesto las cucharas en la mesa podemos tomar la sopa. ¡Sentémonos!”.
Fuente: espanol.babycenter.com
lunes, 4 de enero de 2016
{Los 10 mayores problemas de disciplina y sus soluciones}
Les preguntamos a los padres de BabyCenter cuáles son sus mayores problemas de disciplina y ¡vaya que nos respondieron!
Tomamos los diez problemas principales y se los presentamos a nuestro panel de expertos en disciplina infantil para ayudarte a corregir el comportamiento de tus niños.
Nota: Nuestros expertos a veces sugieren métodos muy diferentes. Te recomendamos que selecciones el que mejor se adapte a tu situación. Es muy probable que encuentres una buena estrategia que te ayudará a obtener los resultados que deseas.
Mi hijo trata mal a su hermano
Mi hijo Jaime, de 2 años, maltrata a su hermano mayor, Elijah de 4 años. Cuando Jaime observa que su hermano tiene algo que él quiere, le pega hasta que se lo da. El pequeño a veces maltrata a su hermano mayor sin motivo alguno.
Intentamos lo siguiente:
Le pedimos que pare
Le decimos firmemente que “¡no lo haga!” mirándolo a los ojos
Le castigamos, dándole un tiempo para pensar (time out)
Le quitamos sus juguetes
Lo enviamos a su habitación o a que se siente por unos minutos en un rincón
Le damos una nalgada (esto como último recurso)
Nuestra situación actual: Nada funciona. Tenemos un nuevo bebé y nos preocupa que este patrón continúe.
Los expertos responden
Céntrate en lo positivo Tienes toda la razón en darle a Jaime un rato de castigo para pensar después de que agreda a su hermano. Jaime, con su comportamiento, está violando la regla más importante cuando se trata de resolver los conflictos familiares: el hogar debe ser un ambiente seguro para todos. Es por ello que debes separarlo de los demás hasta que se calme.
Sin embargo es importante que no califiques a tus hijos de niño “bueno” y niño “malo”. Eso probablemente afectaría el comportamiento de tus niños, ya que ambos se adaptarán a las etiquetas que les pongas.
También observa tu comportamiento, ¿hay algo que estás haciendo para que se enoje tanto?
En cuanto a las nalgadas, éstas no son recomendables. El niño creerá que está bien que una persona mayor y más fuerte que él le pegue. Este tipo de castigo sólo reforzará su mal comportamiento.
Carl Pickhard, The Everything Parent's Guide to Positive Discipline (Guía para padres sobre la disciplina positiva)
Actúa cuanto antes: Un niño de dos años no lastima a otro con ganas de herir, lo que sucede es que tiene poco control sobre sus impulsos, y es posible que lasw cosas empeoren con el bebé porque se sentirá celoso y tu tendrás menos tiempo para supervisarlos.
Para tu propia tranquilidad, trata de tener cada juguete por duplicado siempre que puedas. Además, designa un espacio al que se puede retirar cada niño si es necesario. Busca pistas que te avisen que Jaime está a punto de ponerse agresivo, como apretar la mandíbula, y llévatelo del lugar antes de que le pegue a su hermano.
También puedes trabajar con tu niño mayor, Elijah, quien podría beneficiarse de un entrenamiento en cómo actuar con firmeza.
Michele Borba, No More Misbehavin' (Se acabó el mal comportamiento)
Evita los roles de víctima y de agresor: Este comportamiento es normal en un niño de 2 años. Eso no significa que sea aceptable. Pero para evitar los roles de víctima y agresor, es muy importante que trates a ambos niños por igual. Si se pelean por un juguete, los dos tienen que retirarse por unos minutos y regresar una vez que se calmen.
También deberías decirle a Jaime que comprendes sus sentimientos y que sabes que está enojado, pero que no puedes permitir que le haga daño a Elijah ni a nadie más. Ofrécele otras formas de expresar su enojo, como por ejemplo, pegarle a una almohada.
Jane Nelsen, Positive Discipline (La serie de disciplina positiva)
Mi hija no me escucha
Mi hija de 7 años, Alyssa, es lista y muy activa. Uno de sus problemas es que le cuesta centrarse en sus tareas cotidianas. Por ejemplo, por las mañanas, le tengo que recordar decenas de veces que se vista.
Lo mismo pasa cuando intentamos salir de la casa o a la hora de ir a la cama. Siento que tengo que estar encima de ella todo el tiempo para que haga cualquier cosa. Normalmente termina por hacerlo, pero no sin un par de berrinches.
Lo que hemos probado:
- Le recordamos las cosas
- La orientamos a menudo
- La regañamos
Nuestra situación actual: Es realmente agotador tener que pasar por esta rutina una y otra vez. ¡Necesitamos ayuda!
Los expertos responden
Piensa de manera creativa: Espera a un momento tranquilo para tener juntas una lluvia de ideas acerca de cómo resolver este problema, a veces quedamos atrapados en la rutina y no vemos otras opciones.
Para que las mañanas no sean muy pesadas, podrías levantarte más temprano o bien podrías dejar las cosas preparadas la noche anterior y dejar la ropa sobre la cama.
Pídele ideas: "¿Qué podríamos hacer de otra manera para lograr que salgamos de casa a tiempo sin tener que regañarte y hacer berrinches?”
Haz una lista y sé constante: Ponte en sus zapatos, ella hace lo mejor que puede. Quizá necesitas aminorar el paso para que vayan al mismo ritmo. Están atoradas en una batalla de poder que no se puede ganar.
Dile que haga una lista de todas las cosas que tiene que hacer para prepararse para ir a la escuela. (Un niño más pequeño puede hacer lo mismo con dibujos o fotografías). Y cuando veas que le hace falta algo por hacer, le puedes preguntar: “¿Ya viste tu lista?”
Pon una alarma: Regañar solo enseña a los niños a no escuchar, deja que las consecuencias naturales estén de tu lado.
Pon una alarma que le señale a tu hija que tiene cierto tiempo para hacer sus tareas. Asegúrate de dejar suficiente tiempo para que no esté muy apresurada por las mañanas. Esto puede requerir que se acueste más temprano o que se levante más temprano.
Mi hijo presume con sus amigos
Mi hijo de 8 años, Zac, constantemente se inventa historias sobre sí mismo. Le dice a sus amigos que es cinturón negro en karate, cuando en realidad, dejó de hacer artes marciales desde los 5 años. O bien presume acerca de lo buen guitarrista que es, pero no sabe ni tocar la guitarra. Me preocupa que pierda amigos por esto.
Lo que hemos probado:
- Le señalamos que no es bueno presumir ni decir mentiras
- Le decimos que sus amigos no confiarán en él
Nuestra situación actual: Continúa inventándose historias y me siento mal cuando lo escucho.
Los expertos responden
Trata de entenderlo y no lo critiques: Pareciera que Zac tiene baja autoestima. Así que en lugar de criticarlo, mira la forma en la que puedes estar de su lado. Le puedes decir: “El convertirse en cinturón negro en karate, es una gran meta. ¿Te gustaría cumplirla?" o "Es estupendo que quieras ser guitarrista. ¿Cómo podemos lograrlo?”.
Trata de identificarte con tu hijo antes de corregir su comportamiento. Resiste la tentación de echarle la culpa o avergonzarlo, ya que eso sólo hará que se sienta peor.
Espera: Quizá tenga que perder un amigo debido a su costumbre de presumir, para que sea capaz de comprender que lo que está haciendo no es lo correcto. Puede ser una decisión difícil, pero algunos niños tienen que aprender de esta manera.
Robert MacKenzie, Setting Limits With Your Strong-Willed Child (Cómo establecer límites a tu terco niño)
Promueve su autoestima: Es normal que los niños quieran sentirse importantes y apreciados. Puede ser que Zac tenga dificultades con sus amigos y crea que si los impresiona se los ganará.
Céntrate en todas las cosas que hace bien para alimentar su autoestima. Asegúrate de decirle a tu hijo que lo quieres exactamente por quién es, aunque no sea un experto en karate.
Mi hijo nos desafía constantemente
Mi hijo de 3 años, Miguel, nos desafía siempre. Hace todo lo que le decimos que no haga, como aventar su juguete favorito. Si no se sale con la suya hace un berrinche.
Lo que hemos probado:
- Le decimos que habrá consecuencias (como no salir a un lugar determinado)
Nuestra situación actual: A corto plazo, nuestro método funciona, pero nada funciona a la larga.
Los expertos responden
Deja bien claro cuáles son tus expectativas: Tus estrategias no funcionarán a largo plazo si tu hijo no tiene opciones sobre lo que sí puede hacer.
Dile brevemente cuáles son tus expectativas de manera calmada y con firmeza: “Miguel, no puedes aventar tu muñeco dentro de casa”. Ofrécele una elección o una opción razonable: “¿Te gustaría lanzar la pelota fuera o jugar dentro con tu muñeco?”.
Si aún así se resiste, establece una consecuencia que sea apropiada, como: “Si lanzas tu muñeco de nuevo, te lo quitaré”. Cumple tu palabra de inmediato, para que entienda la conexión.
Demuéstrale empatía: Busca maneras de resolver el problema juntos. Y habla con tu hijo con empatía y respeto. Incluso cuando establezcas los límites, muéstrale que comprendes cómo se siente: “Sé cuánto quieres esa paleta ahora, pero no puedo dejar que te la comas antes de cenar. Si tienes hambre, ¿por qué no empiezas por la cena y guardamos la paleta para el postre?”.
Sigue consolándolo y reconfortándolo hasta que se calme, pero no te rindas ni inicies un debate sobre el asunto.
Mi hijo pega
A mi hijo de 6 años, Liam, le da por pegar cuando no se sale con la suya. Cuando su amigo no lo dejó jugar en su computadora, mi hijo lo agarró del cuello. En otra ocasión, sin provocación alguna, empujó a su hermana de 2 años y la quitó del sofá. A mí me pega y me patea cuando apago el televisor. Es grande y fuerte para su edad, y me preocupa mucho que le haga daño a alguien.
Lo que hemos probado:
Hablamos con él y le decimos que use las palabras para expresarse y no los golpes
Le damos tiempo de castigo para pensar
Le indicamos que sus actos tendrán consecuencias (como no mirar televisión)
Le damos una nalgada (como último recurso)
Nuestra situación actual: Mi esposo piensa que el pegar es un comportamiento normal en un niño y que nuestro hijo dejará de hacerlo. Yo no estoy muy segura de eso. ¿Cómo puedo conseguir que Liam comprenda que pegar no es apropiado?
— Jane, Palo Alto, California
Los expertos responden
No le pegues: Dar nalgadas no es la solución. El castigo físico sirve más para aliviar el enojo de un padre que para corregir el comportamiento de un niño.
Pero tienes razón, aislar a Liam y darle tiempo para que piense es bueno para su seguridad y para que todo el mundo se tranquilice. Después de que todos se callen, habla con él acerca de lo que puede hacer para mejorar comportamiento.
Carl Pickhard
Ayúdalo a encontrar mejores formas: Liam está buscando un desahogo adecuado para su frustración y su enojo. Encuentra un momento tranquilo, calmado y sin interrupciones con él y con su padre, para establecer la regla de que el pegar no se permite.
Es importante que los padres presenten un frente unido. Liam también es lo suficientemente mayor como para comprender las posibles consecuencias. Alguien puede lastimarse o tal vez a él lo suspendan de la escuela por su comportamiento. Además sus amigos podrían alejarse de él, si tiene una mala reputación.
Ayúdalo a encontrar maneras de expresar sus sentimientos. Por ejemplo, podría pegarle a una almohada o a un saco de boxeo. O simplemente puede decir lo que siente (“Estoy enojado porque me quitaste ese juguete”) o encontrar un lugar donde pueda calmarse.
Ayúdalo a escoger un método, el cual pueden practicar juntos hasta que lo aprenda. A la primera señal de un problema, identifica los sentimientos de tu hijo y recuérdale lo que puede hacer para manejarlos. “Parece que realmente estás enojado. ¿Quieres salir fuera y correr para sentirte mejor?”.
Michele Borba
Mi hijo interrumpe mis llamadas telefónicas
Mi hijo de 3 años, Miller, quien es hijo único, es terriblemente impaciente cuando mi esposo o yo hablamos por teléfono. Nos habla o juega con objetos que hacen mucho ruido, para interrumpir nuestras conversaciones. No hablamos mucho por teléfono. Me refiero a llamadas cortas como cuando hacemos una cita con el médico.
Lo que hemos probado:
- Le explicamos el tipo de comportamiento que esperamos de él
- Le aviso que hablaré por teléfono y le digo cuánto me voy a tardar. Le aseguro que después de que termine, tendrá toda mi atención
- Le doy algo para que se entretenga antes de llamar por teléfono
- Le sugiero otras maneras para llamar nuestra atención, como por ejemplo, levantar la mano
- Antes de hacer una llamada, revisamos las consecuencias de una interrupción
- Lo alabo cuando no interrumpe
Nuestra situación actual: Parece que la situación no mejora mucho.
Los expertos responden
Abandona la habitación: Felicitaciones por tu repertorio de técnicas positivas de disciplina. Pero parece que a tu hijo, las palabras no lo están convenciendo.
Te recomendaría que te vayas a otra habitación para hacer tus llamadas, mientras Miller está ocupado con algo. Dile que te reunirás con él en cuanto termines. Es posible que se queje un poco al principio, pero luego se acostumbrará a estas breves separaciones.
Ayúdalo a ser paciente: Vemos que estás haciendo una gran labor. No obstante, parece que estás intentando demasiadas estrategias y eso no te permite saber cuáles son las que verdaderamente funcionan. A los niños les toma alrededor de 21 días el aprender un nuevo comportamiento, y a menudo las cosas se ponen peor, antes de mejorar.
Lo que realmente tienes entre manos es un niño impaciente. Puedes ayudar a Miller a esperar, reconociendo su presencia con acciones, no palabras. Dale un abrazo o una señal con el dedo: “un minuto más”.
Los niños pequeños tienen un concepto limitado del tiempo así que intenta darle un reloj de arena o una alarma de cocina para ayudarle a comprender el concepto de que tiene que esperar. Dale algo para hacer mientras hablas por teléfono y luego alábalo todo lo que puedas cuando no te interrumpa. La consistencia es la clave.
Fabrica una caja especial: Este comportamiento es muy normal en un niño de 3 años. No le expliques nada. En lugar de eso, fabrica una caja especial que sólo sacas durante conversaciones telefónicas para que Miller se entretenga por un tiempo; llénala de cosas que el pequeño te ayude a escoger.
Si esta distracción no te ayuda, lleva el teléfono al baño y cierra la puerta y deja que tu hijo lidie con sus emociones. No tienes que rescatarlo cada vez que esté disgustado. Ayúdale a descubrir cómo tranquilizarse, diciéndole: “¿Dónde está tu caja especial?” o “¿Qué tienes qué hacer cuando estoy en el teléfono?”. Eso involucra a tu hijo en la resolución del problema.
Mi hijo es respondón
Mi hijo de 5 años, Jackson, es muy respondón. Nos insulta y se ríe de nosotros cuando intentamos disciplinarlo. Y no sólo ocurre en la casa. Una vez le dijo a su maestra que una de sus actividades era “ridícula”.
Lo que hemos probado:
- Le damos tiempo solo para pensar
- Le quitamos las cosas
- Le pegamos
Nuestra situación actual: Nada realmente funciona durante mucho tiempo. No sé qué hacer con él y me da miedo lo que pueda pasar en el futuro.
Los expertos responden
Señala su comportamiento: Cuando salga cualquier cosa irrespetuosa de su boca, díselo de inmediato: “No está bien que me insultes. Eso es inaceptable”.
Permanece calmada y neutral: tanto tu voz como tu lenguaje corporal. No te muestres exasperada ni hagas muecas y niégate a conversar con él hasta que deje de responder de malos modos. Le puedes decir: “Decirme que soy estúpida es irrespetuoso. Podemos conversar cuando puedas comunicarte de buena manera”.
Si continúa faltándote al respeto, dile con firmeza que habrá consecuencias y no te eches atrás. Una consecuencia podría ser repetir diez veces una respuesta más adecuada en un tono respetuoso. Dile que él es buen niño y felicítalo cada vez que se comunique de manera agradable: “Jackson, gracias por hablar de manera tan agradable y educada”.
No lo provoques. Todos los métodos que describes son punitivos. Eso hará que Jackson se enoje y esté resentido y que quiera vengarse con más respuestas groseras.
En lugar de eso, prueba consecuencias lógicas. Por ejemplo dile a Jackson: “Es tu tarea guardar tus juguetes. Puedes hacerlo ahora o pasar unos minutos en tu habitación preparándote para hacerlo. ¿Qué te gustaría hacer?".
Si te responde groseramente, evita pelear y simplemente mándalo a su habitación con un reloj de alarma y dile que sólo puede volver cuando suene la alarma. Si continúa con su mal comportamiento, repite el proceso hasta que comprenda que estás estableciendo una regla que no se puede cambiar.
No ordenes, mejor pregunta: En lugar de ordenar, mejor pregunta: “¿Cuando termines de jugar, dónde pondrás los juguetes?”.
También puedes enfocarte primero en los sentimientos de Jackson, en lugar de en su falta de respeto. Le puedes decir algo así como: “Es obvio que estás enojado. Hablemos luego cuando te sientas mejor”.
Después de que ambos se hayan calmado, pueden intentar resolver el problema juntos. “¿Se te ocurre una mejor manera de decirme cómo te sientes?”. Echa mano del humor: “Debo haber escuchado mal. Creo que quisiste decir: ´Mamá, ¿podrías por favor recoger mis juguetes porque me da flojera hacerlo?’”
Mi hijo no coopera en absoluto
Mi hijo Parker, quien tiene 3 años, parece tener audición selectiva. Si le digo que es hora de irnos del parque, se me escapa y continúa jugando. Cuando estoy abriendo el auto o poniendo a su hermano pequeño en su asiento del auto, sale corriendo, aunque le diga que se quede junto a mí. Le puedo decir que recoja sus juguetes, una y otra vez, y le entra por un oído y le sale por el otro. Pero si menciono la palabra “dulces” lo tengo a mi lado en segundos.
Lo que hemos probado:
- Le pedimos todo de manera educada
- Le pedimos que nos ponga atención
- Lo castigamos (le quitamos su juguete favorito por unas horas)
- Le ponemos una correa en la muñeca para que no se nos escape
- Le damos un azote (sólo en situaciones peligrosas)
- Limpiamos y recogemos los juguetes juntos. Y cantamos la canción de la limpieza y jugamos a quién recoge primero
Nuestra situación actual: Me siento abrumada y frustrada
Los expertos responden
Ponlo a cargo: Tu hijo parece ser bastante terco y los niños que son así no responden bien a las consecuencias negativas; éstas simplemente los enojan más. En lugar de eso, cuelga un tablón en el que pongas recompensas por su buen comportamiento. Así sentirá que sus buenas acciones tienen consecuencias.
Escoge tus batallas: Una manera sencilla de arreglar las luchas que tienes en auto con tu hijo, es ponerlo a él en su asiento, antes de sentar a su hermanito. Es una cuestión de seguridad. Además así no tendrá opciones.
Aparte de eso, tendrás que escoger tus batallas y elegir lo que te parezca más importante. Por ejemplo, si lo que más te urge es que tu niño empiece a ayudarte a recoger sus juguetes, habla con él. En tono amable pero firme, infórmale lo que esperas de él. Ten en cuenta que tal vez no esté preparado para guardar sus juguetes en el instante en que se lo pides. Así que avísale con tiempo para que se acostumbre a la idea.
Michele Borba
Pide que coopere: No enseñes a tu hijo cuestiones de seguridad dándole un azote. Primero ponlo en su asiento del auto y luego déjalo que exprese sus sentimientos. En cuanto a las tareas de la casa, invítalo a cooperar. A nadie le gustan las exigencias ni sentirse controlado. Dile “¿Qué necesitas hacer antes de la cena? ¿Puedes hacerlo tú mismo o necesitas mi ayuda? Tú decides”.
Jane Nelsen
Mi hija es inmune a los castigos
Tengo hijas gemelas de 3 años. Alexa es obediente e Isabella es la que rompe las reglas. No le importa que la castiguen. Si le quito su ropa de princesa que tanto le gusta, porque por ejemplo, brincó sobre el sofá, me trae su varita mágica y me dice: “Mamá, olvidaste esto”.
Si accidentalmente se le cae la comida al piso y le pido que la recoja me dice: “¡No!, ¡Hazlo tú!”. Le digo que la ayudaré pero que no le daré helado si no limpia. No lo hace, no toma helado y pronto se le olvida todo.
Lo que hemos probado:
- Le decimos que habrá consecuencias
- Le gritamos
Nuestra situación actual: Siento que los castigos no funcionan y me estoy volviendo loca.
Los expertos responden
Enséñale a dar además de recibir: Como ya te habrás dado cuenta, al quitarle las cosas a Isabella, simplemente le estás dando más alas. Los niños necesitan aprender a formar parte de una familia, es por eso que es importante que le enseñes a Isabella que harás ciertas cosas para ella y, a cambio, ella hará ciertas cosas para ti.
En lugar de privarla de algo, dile: “Claro que sí, puedes jugar con tu muñeca un poco. Pero primero necesito que recojas tus libros y los pongas en el librero”. A los niños que actúan como Isabella, no es recomendable darles las cosas de manera automática. Si quiere algo, primero tiene que cooperar y ayudar en casa.
Conecta y luego corrige: Tienes que eliminar las etiquetas que creaste para tus gemelas o crecerán pensando que son así. Es posible que Isabella busque revancha porque no se sienta tan amada como su hermana.
Establece una conexión antes de ofrecer una corrección. La próxima vez que Isabella tire la comida al piso, dale un abrazo y dile: “¡Huy! Sé que fue un accidente. ¿Qué necesitas para limpiarlo?”. Te sorprenderá saber cuánto más eficaz es pedirle amablemente lo que necesita hacer que ordenárselo. Al ordenarle la invitas a rebelarse. Y cuando le pides algo con amabilidad, a menudo la estimula a pensar y a cooperar.
Dale mucho amor: Puede ser el momento de construir tu relación con Isabella. Cuando haga algo correctamente, asegúrate de señalarlo y alabarla. La mayoría de los niños quieren agradar a sus padres. Algunos se rinden porque se sienten constantemente criticados. Isabella necesita escuchar que hace cosas que te gustan y que valoras.
Los lloriqueos de mi hijo me vuelven loca
Mi hijo de 5 años, A.J., es lloroncito desde que nació. Y sus llantos empeoran antes de un hito de crecimiento importante, como aprender a leer. Pero por lo general lo hace cuando está disgustado o frustrado. Cuando llora, me agarra y me habla en un tono quejumbroso que no podemos comprender.
Lo que hemos probado:
- Le pedimos que hable con voz normal
- La mandamos a su habitación para que se calme
- Le explicamos que no podemos comprender lo que dice
Nuestra situación actual: Podemos conseguir que no llore pero por un breve tiempo; siempre lo vuelve a hacer. Sus lloriqueos nos vuelven locos a mi esposo y a mí.
Los expertos responden
Ignóralo: Los niños lloran para llamar la atención y cuando lo hacen con frecuencia seguramente saben que este irritante comportamiento hace que sus padres cedan. ¡Así que no cedas!
Simplemente dile a tu niño que lo escucharás cuando comience a usar su voz quejumbrosa. Al primer quejido, simplemente dile: “No me gusta escuchar lloriqueos. Dime lo que quieres en tu voz normal”. Ignora a tu hijo si continúa. El truco es no reaccionar ante su berrinche.
Cuando lloriquee, dale un tiempo para pensar: En cuanto se ponga a lloriquear, dile: “Si continúas lloriqueando, tendrás que irte a tu habitación y podrás regresar cuando estés dispuesto a hablar normalmente”. Si no te hace caso de inmediato, llévalo a su habitación. La clave es llevar a cabo las consecuencias y ser constante.
Escoge una señal: Parece que tienes una idea clara de lo que provoca los lloriqueos en tu hijo. El ofrecerle más cariño a tu niño durante esos momentos puede hacerlo sentirse mejor.
A la primera señal de quejidos, podrías poner a tu hijo sobre tu regazo y darle un fuerte abrazo sin mencionar nada sobre su comportamiento, hasta que los dos se sientan mejor.
Entonces, durante un momento tranquilo y feliz en el que no haya quejidos, trabajen juntos para acordar qué señal le harás a tu hijo cuando empiece a llorar. Podrías, por ejemplo, ponerte los dedos en las orejas y sonreír (recuerda que el humor es tu mejor aliado) para recordarle que sólo lo escucharás si habla con su voz normal. Esto funciona mejor si tu hijo escoge el tipo de señal que usarán.
Fuente: espanol.babycenter.com
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¿Cuánto tiempo necesita dormir tu hijo?
Sabes que tu hijo necesita dormir menos tiempo ahora que cuando era un bebé, pero ¿cuánto es suficiente?
Cada niño es diferente, pero aquí te damos unas pautas generales para el promedio de horas que un niño necesita dormir cada día.
Edad Sueño nocturno Sueño diurno Promedio de horas por día
2 años 10 a 12 horas 1 a 3 horas (una siesta) 13 horas
3 años 9 a 12 horas 1 a 3 horas (una siesta) 12 a 13 horas
4 años 9 a 12 horas 0 a 2,5 horas (una o no siesta) 11 a 12 horas
5 años 8 a 11 horas 0 a 2,5 horas (una o no siesta) 10 a 11 horas
Nota: las horas de sueño nocturno y diurno no se suman porque los niños que toman siestas más largas tienden a dormir menos de noche, y viceversa.
Nota: las horas de sueño nocturno y diurno no se suman porque los niños que toman siestas más largas tienden a dormir menos de noche, y viceversa.
Ten en cuenta que la mayoría de niños en edad preescolar necesitan dormir mucho, por lo general más de lo que los padres les permiten.
Si un niño tiene malos hábitos de sueño o se niega a dormir la siesta o ir a la cama antes de las 22h, a menudo los padres asumen que no necesita dormir mucho. Esto probablemente no sea el caso; de hecho, es probable que el niño esté en realidad falto de sueño, de ahí su comportamiento hiperactivo a la hora de acostarse.
Para ver si tu hijo cae en esta categoría, pregúntate:
- ¿Mi hijo se duerme con frecuencia mientras viaja en el coche?
- ¿Tengo que despertarlo casi todas las mañanas?
- ¿Se muestra malhumorado, irritable o cansado durante el día?
Si respondiste sí a alguna de estas preguntas, tu niño puede estar durmiendo menos de lo que su cuerpo ansía. Para cambiar este patrón, tendrás que ayudarle a desarrollar buenos hábitos de sueño, establecer una hora de dormir adecuada y aferrarte a ella.
Un niño en edad preescolar o escolar que haya superado la siesta necesita de 11 a 12 horas completas de sueño por noche, y esa cantidad irá disminuyendo a medida que crece. Aún así, cuando sea un adolescente, tu hijo seguirá necesitando de nueve a diez horas de sueño por noche.
Fuente: espanol.babycenter.com
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