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lunes, 25 de julio de 2016

{Menos gritos y más elogios: cómo disciplinar a los niños}

Estudios sugieren qué estrategias funcionan de verdad

A la hora de disciplinar a sus hijos, Heather Henderson ha probado todos los trucos populares. Les ha quitado juguetes (sus niños, de 4 y 6 años, nunca parecen echarlos de menos). Ha intentado dar explicaciones serenas sobre por qué ciertas conductas -como golpear a su hermano- son malas (no parecen asimilarlas). También ha puesto en práctica la técnica de "tiempo muerto". "El mayor grita y golpea las paredes. Simplemente pierde control", cuenta el ama de casa de 41 años que vive en Syracuse, en el estado de Nueva York.

Aseguran que los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer

Lo que podría ser más efectivo son las técnicas que los psicólogos a menudo emplean con los niños más difíciles, incluyendo los que sufren de trastornos por déficit de atención e hiperactividad u oposicionista-desafiante. Estas estrategias, con nombres como "capacitación de control para padres" o "terapia de interacción entre padres e hijos" están respaldadas por cientos de estudios de investigación. Aunque componentes de estas estrategias son abordadas en los clásicos libros de ayuda y consejos, las tácticas son poco conocidas por el público en general.

La estrategia consiste en lo siguiente: en vez de enfocarse simplemente en qué hacer cuando un niño se porta mal, los padres deberían primero determinar qué tipo de conducta quieren ver en sus hijos (que sean ordenados, que estén listos a tiempo para ir a la escuela, que jueguen respetuosamente con tus hermanos). Después deberían elogiar esas conductas cuando las vean. "Cuando uno empieza a elogiarlos, aumenta la frecuencia del buen comportamiento", indica Timothy Verduin, profesor asistente de psiquiatría infantil y adolescente en el Centro de Estudio Infantil del Centro Médico Langone de NYU, en Nueva York.

Esto parece sencillo, pero puede ser difícil en la vida real. El cerebro de las personas tiene un "sesgo de negatividad", señala Alan E. Kazdin, profesor de psicología y psiquiatría infantil en la Universidad de Yale. Solemos poner más atención cuando los niños se portan mal que cuando actúan como angelitos. Kazdin recomienda al menos tres o cuatro elogios por buena conducta por cada "tiempo muerto". Para niños pequeños, los elogios deben ser efusivos e incluir un abrazo o algún otro gesto de afecto físico, puntualiza.

Según las técnicas de "capacitación de control para padres", cuando un niño mete la pata, los padres deben implementar consecuencias ligeramente negativas (como un tiempo muerto corto o una reprimenda verbal sin gritos).

Hacerle ver a un niño que su mal comportamiento tiene consecuencias va en contra de algunos consejos populares que dicen que los padres solamente deberían alabar a sus hijos. Pero las reprimendas y reacciones negativas no verbales, como una mirada severa, tiempos muertos o la suspensión de ciertos privilegios provocaron mayor obediencia por parte de los hijos, de acuerdo con un artículo publicado este mes en la revista académica Clinical Child and Family Psychology Review .

Temor al castigo

"Hay mucho temor hacia el castigo", indica Daniela J. Owen, una psicóloga clínica en el Centro de Terapia Cognitiva en Oakland, California, y la principal autora del estudio. "Los niños se benefician de los márgenes y los límites". Sin embargo, el estudio halló que los elogios y las recompensas, como helados o calcomanías, no generaron mayor obediencia a corto plazo.

Pero a largo plazo, los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer, posiblemente porque la actitud positiva fortalece la relación entre padres e hijos, apunta Owen.

Los padres a menudo arruinan sus esfuerzos de disciplinar a sus hijos al darles órdenes imprecisas y condicionales, o no concederles tiempo suficiente para acatarlas, observa Verduin, quien practica la terapia de interacción entre padres e hijos. Al cruzar la calle, "una orden mala sería: 'ten cuidado'. Una orden buena sería: 'no sueltes mi mano'", explica. Además, recomienda a los padres que cuenten hasta cinco cuando dan una indicación a un hijo, como, por ejemplo, "ponte el abrigo". "La mayoría de los padres esperan uno o dos segundos", dice, antes de dar una segunda orden, lo que fácilmente puede terminar degradándose a gritos y amenazas.

Estas técnicas funcionan con todas las edades, pero los psicólogos enfatizan que cuanto más pequeños sean los niños, mejor. Una vez que cumplen 10 u 11 años, la disciplina se vuelve mucho más difícil.

Algunos padres intentan razonar con niños pequeños, lo que según Kazdin no funciona para cambiar el comportamiento de un niño. La razón no cambia la conducta, un motivo por el que los mensajes de incitar a dejar de fumar normalmente no funcionan, señala Kazdin. Los castigos excesivamente severos también fracasan. "Uno de los efectos secundarios del castigo es la desobediencia y la agresión", indica.

Dar azotes, en particular, ha sido vinculado con conducta agresiva en niños y problemas de ira, además de conflictos conyugales en el futuro. Aun así, 26% de los padres "a menudo" o "a veces" pegan a sus hijos de 19 a 35 meses, según un estudio en 2004 publicado en la revista Pediatrics .

Adiós a las rabietas

En el centro de educación para padres en Yale, los psicólogos se han dado cuenta de que si los niños "practican" un berrinche, puede reducir su frecuencia e intensidad. Kazdin recomienda que los padres pidan a sus hijos que "practiquen" una pataleta una o dos veces al día. Gradualmente debe pedirle al niño que elimine ciertas conductas no deseadas en el berrinche, como patalear o gritar. Después, debe elogiar efusivamente esas rabietas moderadas. Pronto, para la mayoría de los niños, "los berrinches verdaderos empiezan a cambiar", afirma. "En una o tres semanas, se acaban". En cuanto a los lloriqueos y las quejas, Kazdin aconseja a los padres que imiten al niño. "Esto cambia el estímulo. Probablemente se terminarán riendo", afirma.

Los investigadores reconocen que no todas las técnicas son efectivas para todos los niños. Algunos padres encuentran otras soluciones creativas que funcionan con sus hijos.

Karen Pesapane, por ejemplo, descubrió que gritar "¡Guerra de almohadas!", cuando sus dos hijos están peleando puede poner alto a la riña. "Su mal humor se transforma casi inmediatamente en risas y yo me vuelvo inevitablemente en su blanco favorito", cuenta Pesapane, de 34 años, que tiene una hija de 10 años y un hijo de 6.

Dayna Even, escritora y tutora de 51 años, se dio cuenta de que dedicarle de lleno una hora al día a su hijo de 6 años, Maximilian, se traduce en que es menos propenso a portarse mal y a interrumpir a los adultos y está más abierto a jugar de manera independiente, dice.

Fuentewww.lanacion.com.ar

domingo, 15 de febrero de 2015

{Cómo hacer frente a los berrinches o rabietas}

Esta nota de la página Baby Center, contiene los siguientes temas:

- Para evitar las rabietas
- Qué hacer si tu hijo tiene una rabieta
- Cómo manejar las rabietas
- Las rabietas quedan atrás

Escrito por la psicóloga infantil Penelope Leach

- Para evitar las rabietas

Las rabietas son parte de la vida diaria de algunos niños, aunque pueden ser menos frecuentes en otros.

Puedes evitar muchas rabietas, organizando la vida de tu bebé de manera que la frustración permanezca dentro de los límites de su tolerancia la mayor parte del tiempo.
Intenta evitar las rabietas sin comprometer tus propios límites porque no aportan nada positivo para ninguno de los dos.

Cuando debes forzar a tu hijo a que haga algo que no le resulta agradable, o prohibir algo que le gustó, hazlo con el mayor tacto posible. Si ves que se está enojando o alterando acerca de algo, intenta hacer que le sea más fácil aceptarlo.
Por supuesto debe salir con el abrigo puesto, si eso es lo que le has dicho, pero quizás no necesite llevar el cierre del cuello abrochado todavía.

No hay ninguna ventaja en desafiar a tu hijo con cosas absolutas que hay que "hacer" y "no hacer" o en acorralarlo en situaciones en las que su única opción es explotar de rabia. Déjale una ruta de escape digna.

- Qué hacer si tu hijo tiene una rabieta

Recuerda que su exceso de enojo o de rabia le asusta a él mismo. Asegúrate de que no se hace daño ni daña los demás.

Si después de que se le pase el ataque de rabia descubre que se ha golpeado la cabeza, te ha arañado el rostro o ha roto un jarrón, verá estos daños como evidencia de que no se puede controlar y que tú tampoco tienes el poder de controlarlo y mantenerlo seguro.
Puede ser más fácil mantener a tu niño seguro si lo sujetas con suavidad en el suelo. A medida que se vaya calmando y se sienta cerca de ti descubrirá, para su asombro, que todo sigue igual después de la tormenta.
Poco a poco se relajará en tus brazos y los gritos se convertirán en llantos. La furia pasará y ahora simplemente vuelve a ser un niño pequeño que ha gritado hasta quedar exhausto. Es hora de consolarlo.

Hay algunos niños que no soportan estar en brazos mientras están teniendo una rabieta. La restricción física les da más motivo para enojarse y hace que todo el asunto se vuelva peor. Si tu hijo reacciona de esta manera, no insistas en dominarlo físicamente. Aparta cualquier cosa que pueda romper e intenta evitar que se haga daño a sí mismo.

No intentes discutir con tu hijo. Mientras la rabieta dura, tu pequeño está más allá de la razón.
No le contestes gritando, si es que puedes evitarlo. La rabia y el enojo son muy contagiosos y puede que te sientas más enojada con cada uno de sus gritos. Intenta no participar en la rabieta. Si lo haces, probablemente la prolongarás ya que cuando comience a calmarse, se dará cuenta del tono enojado de tu voz y comenzará de nuevo.

No des ninguna recompensa ni ningún castigo por una rabieta. Quieres que vea que las rabietas, que son horribles para él, no cambian nada, tanto a favor como en contra. Si tiene una rabieta porque no dejas que salga al jardín, no cambies de opinión y dejes que salga después de que se haya calmado. De la misma forma, si ibas a dar un paseo antes de que tuviera la rabieta, debes seguir con el plan, tan pronto como se calme.

No dejes que las rabietas en público te hagan sentir mal. Muchos padres temen las rabietas en lugares públicos; sin embargo, no debes dejar que tu hijo sienta esta preocupación. Si dudas en llevarlo a la tienda de la esquina, para evitar que tenga una rabieta porque quiere dulces, o si lo tratas de forma extra cuidadosa cuando hay visitas por si el trato ordinario provoca una explosión, se dará cuenta de lo que está pasando. Una vez que tu hijo se dé cuenta de que sus enojos genuinamente incontrolables tienen un efecto en tu comportamiento hacia él, es probable que aprenda a usarlos y entre en un estado de rabietas semi-deliberadas típicas de niños de cuatro años cuyas rabietas no se han manejado con eficacia.

- Cómo manejar las rabietas

Imagina que tu hijo no tendrá una rabieta, compórtate como si nunca hubieras oído hablar de ellas y luego trátalas, cuando ocurran, como algo desagradable, pero completamente irrelevante en el curso de los acontecimientos de un día ordinario. Suena fácil, pero no lo es.

Una vez visité a una amiga cuyo hijo de 20 meses le había pedido que quitara la tapa de su caja de arena. Ella le dijo, "Ahora no, es casi la hora de tu baño", y siguió conversando conmigo. El niño le tiró del brazo y le preguntó de nuevo, pero no obtuvo respuesta. Luego intentó en vano abrirla él mismo. Estaba cansado y la frustración fue demasiado para él. Explotó. Cuando la rabieta había pasado, su madre me dijo: "Siento que soy muy mala. Esto ha sido culpa mía. No me he dado cuenta de que era tan importante para él jugar en la caja de arena". Y entonces le quitó la tapa a la caja de arena.

El comportamiento de la madre es fácil de comprender, ¡pero también un ejemplo excelente de cómo no hay que manejar una rabieta! Ella dijo "no" al niño cuando le pidió ayuda la primera vez, sin pensar con detenimiento en lo que le había pedido su pequeño. Los esfuerzos del niño para retirar la tapa de la arena le mostraban las ganas que tenía de jugar porque no le estaba prestando atención.

Fue necesaria una rabieta para que la madre se diera cuenta de las ganas que el niño tenía de jugar con la arena y de que no había una buena razón para no dejarle jugar. Es normal que deseara compensarlo dejándole jugar después de todo, pero era demasiado tarde para eso.

Aunque no hubiera sido una buena decisión al principio, la mamá debería haber seguido con su "no" original porque, al cambiarlo por un "sí" después de la rabieta, lo que consiguió fue que su hijo sintiera que su explosión había tenido el efecto deseado.

Hubiera sido mejor para ambos que la madre hubiera escuchado a su hijo cuando le pidió ayuda por primera vez, y hubiera pensado mejor su respuesta en lugar de ceder a los deseos del niño después de su rabieta.

No es fácil ser un niño chiquito, y pasar sin control de esos estados de ansiedad a explosiones de rabia. Tampoco es fácil ser madre y tener que convivir con ese estado emocional tan variable y mantenerlo en equilibrio. Pero el tiempo ayuda: gran parte de la turbulencia emocional se habrá calmado para cuando tu hijo haya completado su cambio de niño pequeño a niño en edad preescolar.

- Las rabietas quedan atrás

A medida que tu niño crezca podrá manejar mejor las cosas. Eso significa que tendrá menos frustración extrema en su vida diaria. También podrá conocer y comprender más, y su vida tendrá menos novedades que lo asustan.

A medida que pierde el miedo, dejará de necesitar tanta reafirmación de ti y gradualmente aprenderá a hablar libremente, no sólo acerca de las cosas que puede ver frente a él, sino acerca de las cosas que está pensando e imaginando.

Con la ayuda del lenguaje también distinguirá entre fantasía y realidad. Una vez que llegue a este punto, podrá ser capaz de ver que la mayoría de sus peores miedos no son ciertos, y que la mayoría de las exigencias y restricciones que tú le impones son razonables.

Simplemente dale un poco de tiempo.

Fuente: babycenter.com