Si tú y tu pareja tienen pequeñas diferencias a la hora de disciplinar a sus hijos, no tienes mucho de qué preocuparte. Los niños se pueden adaptar fácilmente a esas pequeñas diferencias. Por ejemplo, un niño sabe que mamá se molesta rápidamente cuando se le habla de mala manera, mientras que papá se vuelve loco cuando se derrama una bebida sobre la mesa.
Sin embargo, algunos investigadores indican que los niños, cuyos padres tienen estilos de crianza muy distintos, están más propensos a tener problemas de comportamiento. Si papá lo permite todo y mamá es más estricta, como un sargento, es muy probable que los niños se confundan.
Tampoco se puede esperar que tú y tu pareja actúen exactamente de la misma manera. La clave está en evitar una guerra de poder con tu pareja.
Para ayudarte a encontrar estrategias con las que tanto tú como tu pareja estén de acuerdo, es indispensable que hablen y juntos decidan los pasos básicos que pondrán en práctica. Nuestro equipo de expertos en disciplina te ofrece los siguientes diez pasos para que tú y tu pareja puedan disciplinar a sus niños:
1. Es importante que hablen sobre cómo los disciplinaban a ustedes sus padres cuando eran niños. Es común que tendamos a repetir los métodos con los que fuimos criados así que eso les permitirá conocer mejor los estilos de crianza de cada uno.
2. Cuestiona a tu pareja sobre su forma de disciplinar , y escúchalo sin interrumpir. Sé paciente y respetuosa. Pregúntate a ti misma por qué te opones a sus métodos. ¿Qué es lo que temes que pueda ocurrir?
3. Pregúntale a tu pareja qué objeciones tiene acerca de tu manera de disciplinar.
4. Exploren todas las opciones que tienen para establecer un plan para disciplinar a sus hijos, y analicen las ventajas y desventajas de cada una. Establezcan un conjunto de normas en las que los dos estén de acuerdo. Es muy probable que tengas que revisar y ajustar las normas al cabo de algunas semanas si no están funcionando.
5. A medida que vayan probando nuevas estrategias de disciplina, resuelvan las disputas que surjan, una por una, en un lugar tranquilo y con privacidad, donde los pequeños no puedan escuchar.
6. Pónganse de acuerdo y mantengan las mismas reglas. Si los pequeños se dan cuenta que sus papás trabajan en equipo, es menos probable que los pongan en situaciones donde tengan que enfrentarse. Es muy importante que no critiques la forma de disciplinar de tu pareja, delante de los niños.
7. Si sospechas que tu hijo está tratando de que haya un enfrentamiento entre tú y tu pareja ("Papá siempre me deja limpiar la mesa después de la película"), dile que tomarás una decisión una vez que hables con su papá. También le puedes indicar que tiene que obtener el "sí" de los dos padres antes de proceder. Y recuerda que no todas las cuestiones de disciplina requieren una respuesta inmediata.
8. Si tu pareja se desanima (aunque no estés completamente de acuerdo en cómo manejó la situación), ofrécele alicientes y apoyo. Encuentra un momento tranquilo para decirle, amablemente y sin juzgarlo, algo así como, "¡Qué difícil fue eso! Seguramente estás muy molesto. ¿Quieres que hablemos sobre ello?".
9. Si tus hijos ya van a la escuela, establezcan normas familiares claras y repásenlas con ellos para que tengan claro que ambos padres trabajan en equipo. Además, si los niños más grandes participan en la creación de las reglas, estarán más dispuestos a cooperar. Con el tiempo tendrás que revisar las normas y consecuencias para ajustarlas de acuerdo al crecimiento de tus hijos.
10. ¿Y si tu pareja se niega a hablar sobre el tema? Esa situación no es nada fácil, pero no te des por vencida. Pídele que haga una lista de los comportamientos del niño que lo vuelven loco, y que anote también las ideas que se le ocurran acerca de cómo resolverlos.
Recuerda que si siempre quieres que se haga lo que tú dices ("Sólo hay una manera de solucionarlo y tiene que ser como lo digo yo"), los dos quedarán atrapados en una zona de batalla. Mejor trata de comprender el punto de vista de tu pareja. En último caso, dale un libro o artículo sobre el tema, o solicita la ayuda de un maestro, asesor escolar o terapeuta.
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jueves, 27 de julio de 2017
lunes, 25 de julio de 2016
{Menos gritos y más elogios: cómo disciplinar a los niños}
Estudios sugieren qué estrategias funcionan de verdad
A la hora de disciplinar a sus hijos, Heather Henderson ha probado todos los trucos populares. Les ha quitado juguetes (sus niños, de 4 y 6 años, nunca parecen echarlos de menos). Ha intentado dar explicaciones serenas sobre por qué ciertas conductas -como golpear a su hermano- son malas (no parecen asimilarlas). También ha puesto en práctica la técnica de "tiempo muerto". "El mayor grita y golpea las paredes. Simplemente pierde control", cuenta el ama de casa de 41 años que vive en Syracuse, en el estado de Nueva York.
Aseguran que los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer
Lo que podría ser más efectivo son las técnicas que los psicólogos a menudo emplean con los niños más difíciles, incluyendo los que sufren de trastornos por déficit de atención e hiperactividad u oposicionista-desafiante. Estas estrategias, con nombres como "capacitación de control para padres" o "terapia de interacción entre padres e hijos" están respaldadas por cientos de estudios de investigación. Aunque componentes de estas estrategias son abordadas en los clásicos libros de ayuda y consejos, las tácticas son poco conocidas por el público en general.
La estrategia consiste en lo siguiente: en vez de enfocarse simplemente en qué hacer cuando un niño se porta mal, los padres deberían primero determinar qué tipo de conducta quieren ver en sus hijos (que sean ordenados, que estén listos a tiempo para ir a la escuela, que jueguen respetuosamente con tus hermanos). Después deberían elogiar esas conductas cuando las vean. "Cuando uno empieza a elogiarlos, aumenta la frecuencia del buen comportamiento", indica Timothy Verduin, profesor asistente de psiquiatría infantil y adolescente en el Centro de Estudio Infantil del Centro Médico Langone de NYU, en Nueva York.
Esto parece sencillo, pero puede ser difícil en la vida real. El cerebro de las personas tiene un "sesgo de negatividad", señala Alan E. Kazdin, profesor de psicología y psiquiatría infantil en la Universidad de Yale. Solemos poner más atención cuando los niños se portan mal que cuando actúan como angelitos. Kazdin recomienda al menos tres o cuatro elogios por buena conducta por cada "tiempo muerto". Para niños pequeños, los elogios deben ser efusivos e incluir un abrazo o algún otro gesto de afecto físico, puntualiza.
Según las técnicas de "capacitación de control para padres", cuando un niño mete la pata, los padres deben implementar consecuencias ligeramente negativas (como un tiempo muerto corto o una reprimenda verbal sin gritos).
Hacerle ver a un niño que su mal comportamiento tiene consecuencias va en contra de algunos consejos populares que dicen que los padres solamente deberían alabar a sus hijos. Pero las reprimendas y reacciones negativas no verbales, como una mirada severa, tiempos muertos o la suspensión de ciertos privilegios provocaron mayor obediencia por parte de los hijos, de acuerdo con un artículo publicado este mes en la revista académica Clinical Child and Family Psychology Review .
Temor al castigo
"Hay mucho temor hacia el castigo", indica Daniela J. Owen, una psicóloga clínica en el Centro de Terapia Cognitiva en Oakland, California, y la principal autora del estudio. "Los niños se benefician de los márgenes y los límites". Sin embargo, el estudio halló que los elogios y las recompensas, como helados o calcomanías, no generaron mayor obediencia a corto plazo.
Pero a largo plazo, los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer, posiblemente porque la actitud positiva fortalece la relación entre padres e hijos, apunta Owen.
Los padres a menudo arruinan sus esfuerzos de disciplinar a sus hijos al darles órdenes imprecisas y condicionales, o no concederles tiempo suficiente para acatarlas, observa Verduin, quien practica la terapia de interacción entre padres e hijos. Al cruzar la calle, "una orden mala sería: 'ten cuidado'. Una orden buena sería: 'no sueltes mi mano'", explica. Además, recomienda a los padres que cuenten hasta cinco cuando dan una indicación a un hijo, como, por ejemplo, "ponte el abrigo". "La mayoría de los padres esperan uno o dos segundos", dice, antes de dar una segunda orden, lo que fácilmente puede terminar degradándose a gritos y amenazas.
Estas técnicas funcionan con todas las edades, pero los psicólogos enfatizan que cuanto más pequeños sean los niños, mejor. Una vez que cumplen 10 u 11 años, la disciplina se vuelve mucho más difícil.
Algunos padres intentan razonar con niños pequeños, lo que según Kazdin no funciona para cambiar el comportamiento de un niño. La razón no cambia la conducta, un motivo por el que los mensajes de incitar a dejar de fumar normalmente no funcionan, señala Kazdin. Los castigos excesivamente severos también fracasan. "Uno de los efectos secundarios del castigo es la desobediencia y la agresión", indica.
Dar azotes, en particular, ha sido vinculado con conducta agresiva en niños y problemas de ira, además de conflictos conyugales en el futuro. Aun así, 26% de los padres "a menudo" o "a veces" pegan a sus hijos de 19 a 35 meses, según un estudio en 2004 publicado en la revista Pediatrics .
Adiós a las rabietas
En el centro de educación para padres en Yale, los psicólogos se han dado cuenta de que si los niños "practican" un berrinche, puede reducir su frecuencia e intensidad. Kazdin recomienda que los padres pidan a sus hijos que "practiquen" una pataleta una o dos veces al día. Gradualmente debe pedirle al niño que elimine ciertas conductas no deseadas en el berrinche, como patalear o gritar. Después, debe elogiar efusivamente esas rabietas moderadas. Pronto, para la mayoría de los niños, "los berrinches verdaderos empiezan a cambiar", afirma. "En una o tres semanas, se acaban". En cuanto a los lloriqueos y las quejas, Kazdin aconseja a los padres que imiten al niño. "Esto cambia el estímulo. Probablemente se terminarán riendo", afirma.
Los investigadores reconocen que no todas las técnicas son efectivas para todos los niños. Algunos padres encuentran otras soluciones creativas que funcionan con sus hijos.
Karen Pesapane, por ejemplo, descubrió que gritar "¡Guerra de almohadas!", cuando sus dos hijos están peleando puede poner alto a la riña. "Su mal humor se transforma casi inmediatamente en risas y yo me vuelvo inevitablemente en su blanco favorito", cuenta Pesapane, de 34 años, que tiene una hija de 10 años y un hijo de 6.
Dayna Even, escritora y tutora de 51 años, se dio cuenta de que dedicarle de lleno una hora al día a su hijo de 6 años, Maximilian, se traduce en que es menos propenso a portarse mal y a interrumpir a los adultos y está más abierto a jugar de manera independiente, dice.
Fuente: www.lanacion.com.ar
A la hora de disciplinar a sus hijos, Heather Henderson ha probado todos los trucos populares. Les ha quitado juguetes (sus niños, de 4 y 6 años, nunca parecen echarlos de menos). Ha intentado dar explicaciones serenas sobre por qué ciertas conductas -como golpear a su hermano- son malas (no parecen asimilarlas). También ha puesto en práctica la técnica de "tiempo muerto". "El mayor grita y golpea las paredes. Simplemente pierde control", cuenta el ama de casa de 41 años que vive en Syracuse, en el estado de Nueva York.
Aseguran que los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer
Lo que podría ser más efectivo son las técnicas que los psicólogos a menudo emplean con los niños más difíciles, incluyendo los que sufren de trastornos por déficit de atención e hiperactividad u oposicionista-desafiante. Estas estrategias, con nombres como "capacitación de control para padres" o "terapia de interacción entre padres e hijos" están respaldadas por cientos de estudios de investigación. Aunque componentes de estas estrategias son abordadas en los clásicos libros de ayuda y consejos, las tácticas son poco conocidas por el público en general.
La estrategia consiste en lo siguiente: en vez de enfocarse simplemente en qué hacer cuando un niño se porta mal, los padres deberían primero determinar qué tipo de conducta quieren ver en sus hijos (que sean ordenados, que estén listos a tiempo para ir a la escuela, que jueguen respetuosamente con tus hermanos). Después deberían elogiar esas conductas cuando las vean. "Cuando uno empieza a elogiarlos, aumenta la frecuencia del buen comportamiento", indica Timothy Verduin, profesor asistente de psiquiatría infantil y adolescente en el Centro de Estudio Infantil del Centro Médico Langone de NYU, en Nueva York.
Esto parece sencillo, pero puede ser difícil en la vida real. El cerebro de las personas tiene un "sesgo de negatividad", señala Alan E. Kazdin, profesor de psicología y psiquiatría infantil en la Universidad de Yale. Solemos poner más atención cuando los niños se portan mal que cuando actúan como angelitos. Kazdin recomienda al menos tres o cuatro elogios por buena conducta por cada "tiempo muerto". Para niños pequeños, los elogios deben ser efusivos e incluir un abrazo o algún otro gesto de afecto físico, puntualiza.
Según las técnicas de "capacitación de control para padres", cuando un niño mete la pata, los padres deben implementar consecuencias ligeramente negativas (como un tiempo muerto corto o una reprimenda verbal sin gritos).
Hacerle ver a un niño que su mal comportamiento tiene consecuencias va en contra de algunos consejos populares que dicen que los padres solamente deberían alabar a sus hijos. Pero las reprimendas y reacciones negativas no verbales, como una mirada severa, tiempos muertos o la suspensión de ciertos privilegios provocaron mayor obediencia por parte de los hijos, de acuerdo con un artículo publicado este mes en la revista académica Clinical Child and Family Psychology Review .
Temor al castigo
"Hay mucho temor hacia el castigo", indica Daniela J. Owen, una psicóloga clínica en el Centro de Terapia Cognitiva en Oakland, California, y la principal autora del estudio. "Los niños se benefician de los márgenes y los límites". Sin embargo, el estudio halló que los elogios y las recompensas, como helados o calcomanías, no generaron mayor obediencia a corto plazo.
Pero a largo plazo, los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer, posiblemente porque la actitud positiva fortalece la relación entre padres e hijos, apunta Owen.
Los padres a menudo arruinan sus esfuerzos de disciplinar a sus hijos al darles órdenes imprecisas y condicionales, o no concederles tiempo suficiente para acatarlas, observa Verduin, quien practica la terapia de interacción entre padres e hijos. Al cruzar la calle, "una orden mala sería: 'ten cuidado'. Una orden buena sería: 'no sueltes mi mano'", explica. Además, recomienda a los padres que cuenten hasta cinco cuando dan una indicación a un hijo, como, por ejemplo, "ponte el abrigo". "La mayoría de los padres esperan uno o dos segundos", dice, antes de dar una segunda orden, lo que fácilmente puede terminar degradándose a gritos y amenazas.
Estas técnicas funcionan con todas las edades, pero los psicólogos enfatizan que cuanto más pequeños sean los niños, mejor. Una vez que cumplen 10 u 11 años, la disciplina se vuelve mucho más difícil.
Algunos padres intentan razonar con niños pequeños, lo que según Kazdin no funciona para cambiar el comportamiento de un niño. La razón no cambia la conducta, un motivo por el que los mensajes de incitar a dejar de fumar normalmente no funcionan, señala Kazdin. Los castigos excesivamente severos también fracasan. "Uno de los efectos secundarios del castigo es la desobediencia y la agresión", indica.
Dar azotes, en particular, ha sido vinculado con conducta agresiva en niños y problemas de ira, además de conflictos conyugales en el futuro. Aun así, 26% de los padres "a menudo" o "a veces" pegan a sus hijos de 19 a 35 meses, según un estudio en 2004 publicado en la revista Pediatrics .
Adiós a las rabietas
En el centro de educación para padres en Yale, los psicólogos se han dado cuenta de que si los niños "practican" un berrinche, puede reducir su frecuencia e intensidad. Kazdin recomienda que los padres pidan a sus hijos que "practiquen" una pataleta una o dos veces al día. Gradualmente debe pedirle al niño que elimine ciertas conductas no deseadas en el berrinche, como patalear o gritar. Después, debe elogiar efusivamente esas rabietas moderadas. Pronto, para la mayoría de los niños, "los berrinches verdaderos empiezan a cambiar", afirma. "En una o tres semanas, se acaban". En cuanto a los lloriqueos y las quejas, Kazdin aconseja a los padres que imiten al niño. "Esto cambia el estímulo. Probablemente se terminarán riendo", afirma.
Los investigadores reconocen que no todas las técnicas son efectivas para todos los niños. Algunos padres encuentran otras soluciones creativas que funcionan con sus hijos.
Karen Pesapane, por ejemplo, descubrió que gritar "¡Guerra de almohadas!", cuando sus dos hijos están peleando puede poner alto a la riña. "Su mal humor se transforma casi inmediatamente en risas y yo me vuelvo inevitablemente en su blanco favorito", cuenta Pesapane, de 34 años, que tiene una hija de 10 años y un hijo de 6.
Dayna Even, escritora y tutora de 51 años, se dio cuenta de que dedicarle de lleno una hora al día a su hijo de 6 años, Maximilian, se traduce en que es menos propenso a portarse mal y a interrumpir a los adultos y está más abierto a jugar de manera independiente, dice.
Fuente: www.lanacion.com.ar
lunes, 4 de abril de 2016
{La disciplina y sus hijos}
¿Cuál es la mejor forma de disciplinar a mi hijo?
Uno de sus trabajos como madre o padre es enseñarles a sus hijos a saber comportarse. Ésta es una tarea que toma su tiempo, así que procure no frustrarse cuando su hijo se porte mal. En lugar de esto, aprenda modos efectivos de disciplinar al niño.
Las estrategias que funcionan
Cuando su hijo no le haga caso, ensaye lo siguiente:
1) Consecuencias naturales
Esto es dejar que el niño vea lo que pasa cuando no se porta bien (siempre y cuando el niño no corra ningún tipo de peligro). Por ejemplo, si el niño deja caer sus galletitas a propósito una y otra vez, muy pronto se quedará sin galletitas. Si tira al piso su juguete y lo rompe, ya no podrá jugar con el mismo. No pasará mucho tiempo hasta que el niño aprenda que no debe dejar caer sus galletitas y que debe ser cuidadoso con sus juguetes.
Cuando utilice este método, no se rinda ni vaya al rescate del niño (dándole más galletitas, por ejemplo). Un niño aprende mejor cuando lo hace por su cuenta.
2) Consecuencias lógicas
Esto es cuando usted tiene que actuar y crear una consecuencia. Por ejemplo, dígale al niño que si no recoge sus juguetes, usted tendrá que quitárselos por el resto del día. Al usar este método, es importante que cumpla con lo que dice. Prepárese a poner en práctica la consecuencia, pero sin gritarle al niño. Sea firme y responda calmadamente.
3) Niéguele privilegios
Esto es cuando usted le dice al niño que si no coopera, tendrá que renunciar a algo que le gusta. Los siguientes son algunos puntos para tener en cuenta al usar esta técnica.
- Nunca le quite al niño algo que realmente necesita, como una de sus comidas.
- Elija algo que el niño valore y que esté relacionado con su mal comportamiento.
- En caso de que el niño sea menor de 6 ó 7 años, esta técnica es más efectiva cuando se realiza de inmediato. Por ejemplo, si el niño se porta mal en la mañana, no le diga que no podrá ver televisión en la noche. Hay demasiado tiempo de por medio y es probable que no relacione la conducta con las consecuencias.
- Asegúrese de poder cumplir con su promesa.
4) Pausa obligada
Esta técnica resulta muy efectiva cuando el niño ha desobedecido una regla específica. Es más adecuada para los niños de 2 a 5 años de edad, pero puede usarse durante toda la niñez. Siga estos pasos para hacer que la pausa obligada sea efectiva.
- Establezca las reglas con anticipación. Decida dos o tres conductas que serán motivo de una pausa obligada y explíquelas al niño. Es posible que tenga que repetirlas a menudo.
- Elija un punto para la pausa obligada. Éste debe ser un sitio aburridor y sin distracciones, como una silla. Recuerde: la meta principal es apartar al niño para que haga una pausa y se calme. Tenga en cuenta que los baños pueden ser peligrosos y que las recámaras pueden convertirse en un buen sitio de juegos.
- Inicie la pausa obligada. Hágale al niño una advertencia (a menos de que haya sido una agresión). Si la conducta se repite, envíelo de inmediato al punto de la pausa obligada. Dígale lo que hizo mal en pocas palabras y con la menor emoción posible. Si el niño se niega a ir al sitio de la pausa obligada por su cuenta, levántelo y llévelo allí. Si no se quiere quedar en su lugar, colóquese detrás de él y sosténgalo de manera suave pero firme. Después, y sin mirarlo a los ojos, dígale: "Tienes que quedarte aquí por un rato". No lo discuta más. No responda a súplicas, promesas, preguntas, excusas o arrebatos del niño (tales como malas palabras). Un par de pausas obligadas serán suficientes para que el niño aprenda a cooperar y decida sentarse quieto por su cuenta en lugar de ser sostenido a la fuerza.
- Establezca un límite de tiempo. Una vez que su hijo se quede quieto en el sitio designado, coloque un cronómetro para que el niño sepa cuándo termina la pausa. Como regla general, se debe establecer un minuto por cada año del niño (por ejemplo, la pausa obligada para un niño de 4 años de edad debe ser de 4 minutos). Pero hasta 15 segundos a veces son suficientes. Si el niño comienza a ponerse inquieto, vuelva a colocar el cronómetro. Espere a que el niño esté quieto para volver a poner el cronómetro.
- Reanude la actividad. Cuando se acabe el tiempo, ayude al niño a reanudar sus juegos. El niño "ha cumplido" con su tiempo. No lo reprenda ni pida que se disculpe. Recuérdele que lo ama. Si necesita hablar de su comportamiento, aguarde a hacerlo más tarde.
Consejos para que la disciplina sea más efectiva
Habrá días en que parece imposible hacer que el niño se porte bien. Pero hay modos de aliviar la frustración y evitar conflictos innecesarios con su hijo.
- Sea consciente de lo que su hijo puede y no puede hacer
Cada niño se desarrolla a un ritmo diferente. Tiene sus propias fortalezas y debilidades. Cuando un niño se porta mal, es posible que simplemente no pueda hacer o que no entienda lo que usted le pide.
- Piense antes de hablar
Una vez que establece una regla o hace una promesa, sea firme. Así que sea realista con sus expectativas. Piense si algo es realmente necesario antes de decir no.
- No ceda
Si su hijo tiene una rabieta porque no le da un caramelo y usted cede para que deje de llorar, el pequeño aprenderá que éste es el modo de conseguir lo que quiere. No fomente la mala conducta cediendo a las exigencias del niño.
- Procure ser consistente
Trate de que sus reglas sean iguales todos los días. Los cambios suelen causar confusión en los niños, quienes podrían tratar de poner a prueba los límites tan sólo con el fin de saber hasta dónde pueden llegar.
- Tenga en cuenta los sentimientos del niño
Dígale, por ejemplo: "Yo sé que estás triste porque tu amigo se fue, pero de todos modos tienes que recoger tus juguetes". Fíjese si la mala conducta sigue un patrón, como cuando el niño está celoso. Hable con el niño sobre estos sentimientos en lugar de limitarse a imponerle las consecuencias.
- Aprenda de los errores —incluyendo los suyos propios
Si usted no supo manejar la situación la primera vez, no se inquiete demasiado. Piense en qué pudo haber hecho diferente y trate de hacerlo la próxima vez. Si siente que cometió un error en un momento de enojo, espere a calmarse, pídale disculpas al niño y explíquele cómo manejarán la situación en el futuro. Cumpla con sus promesas. Esto le dará al niño un buen ejemplo de cómo enmendar los errores.
- Por qué las palizas no son la mejor opción
La Academia Americana de Pediatría no recomienda que se les den palizas o golpes a los niños. A pesar de que muchos adultos que viven en los Estados Unidos recibieron palizas durante su niñez, sabemos que esto trae importantes efectos secundarios.
Aunque pareciera que una paliza inicialmente "surte efecto", ésta pierde su impacto después de un tiempo. Puesto que la mayoría de los padres no quieren dar palizas, esta técnica no suele ser consistente. Las palizas fomentan la agresión y la furia, en lugar de enseñar responsabilidad.
Aunque los padres traten de mantenerse bajo control, a menudo no pueden hacerlo y terminan por lamentar sus acciones. Las palizas pueden conducir a batallas físicas, e incluso llegar al punto de lastimar al niño.
Es cierto que muchos adultos que recibieron palizas de niños son personas equilibradas y cariñosas hoy en día. Sin embargo, las investigaciones demuestran que, comparados con los niños que no las recibieron palizas, los niños que han recibido golpes tienen una mayor tendencia a ser adultos que sufren de depresión, usan alcohol, tienen más arranques de enojo, golpean a sus propios niños, golpean a sus cónyuges y participan en actos criminales y violentos. Estos resultados tienen sentido, ya que las palizas le enseñan a un niño que es correcto ocasionarle dolor a otra persona cuando está frustrado o quiere mantener el control, incluso si se trata de un ser querido. Es muy probable que un niño no distinga entre recibir una paliza de sus padres y golpear a un hermano o a otro niño cuando no obtiene lo que quiere.
Fuente Discipline and Your Child, American Academy of Pediatrics
Uno de sus trabajos como madre o padre es enseñarles a sus hijos a saber comportarse. Ésta es una tarea que toma su tiempo, así que procure no frustrarse cuando su hijo se porte mal. En lugar de esto, aprenda modos efectivos de disciplinar al niño.
Las estrategias que funcionan
Cuando su hijo no le haga caso, ensaye lo siguiente:
1) Consecuencias naturales
Esto es dejar que el niño vea lo que pasa cuando no se porta bien (siempre y cuando el niño no corra ningún tipo de peligro). Por ejemplo, si el niño deja caer sus galletitas a propósito una y otra vez, muy pronto se quedará sin galletitas. Si tira al piso su juguete y lo rompe, ya no podrá jugar con el mismo. No pasará mucho tiempo hasta que el niño aprenda que no debe dejar caer sus galletitas y que debe ser cuidadoso con sus juguetes.
Cuando utilice este método, no se rinda ni vaya al rescate del niño (dándole más galletitas, por ejemplo). Un niño aprende mejor cuando lo hace por su cuenta.
2) Consecuencias lógicas
Esto es cuando usted tiene que actuar y crear una consecuencia. Por ejemplo, dígale al niño que si no recoge sus juguetes, usted tendrá que quitárselos por el resto del día. Al usar este método, es importante que cumpla con lo que dice. Prepárese a poner en práctica la consecuencia, pero sin gritarle al niño. Sea firme y responda calmadamente.
3) Niéguele privilegios
Esto es cuando usted le dice al niño que si no coopera, tendrá que renunciar a algo que le gusta. Los siguientes son algunos puntos para tener en cuenta al usar esta técnica.
- Nunca le quite al niño algo que realmente necesita, como una de sus comidas.
- Elija algo que el niño valore y que esté relacionado con su mal comportamiento.
- En caso de que el niño sea menor de 6 ó 7 años, esta técnica es más efectiva cuando se realiza de inmediato. Por ejemplo, si el niño se porta mal en la mañana, no le diga que no podrá ver televisión en la noche. Hay demasiado tiempo de por medio y es probable que no relacione la conducta con las consecuencias.
- Asegúrese de poder cumplir con su promesa.
4) Pausa obligada
Esta técnica resulta muy efectiva cuando el niño ha desobedecido una regla específica. Es más adecuada para los niños de 2 a 5 años de edad, pero puede usarse durante toda la niñez. Siga estos pasos para hacer que la pausa obligada sea efectiva.
- Establezca las reglas con anticipación. Decida dos o tres conductas que serán motivo de una pausa obligada y explíquelas al niño. Es posible que tenga que repetirlas a menudo.
- Elija un punto para la pausa obligada. Éste debe ser un sitio aburridor y sin distracciones, como una silla. Recuerde: la meta principal es apartar al niño para que haga una pausa y se calme. Tenga en cuenta que los baños pueden ser peligrosos y que las recámaras pueden convertirse en un buen sitio de juegos.
- Inicie la pausa obligada. Hágale al niño una advertencia (a menos de que haya sido una agresión). Si la conducta se repite, envíelo de inmediato al punto de la pausa obligada. Dígale lo que hizo mal en pocas palabras y con la menor emoción posible. Si el niño se niega a ir al sitio de la pausa obligada por su cuenta, levántelo y llévelo allí. Si no se quiere quedar en su lugar, colóquese detrás de él y sosténgalo de manera suave pero firme. Después, y sin mirarlo a los ojos, dígale: "Tienes que quedarte aquí por un rato". No lo discuta más. No responda a súplicas, promesas, preguntas, excusas o arrebatos del niño (tales como malas palabras). Un par de pausas obligadas serán suficientes para que el niño aprenda a cooperar y decida sentarse quieto por su cuenta en lugar de ser sostenido a la fuerza.
- Establezca un límite de tiempo. Una vez que su hijo se quede quieto en el sitio designado, coloque un cronómetro para que el niño sepa cuándo termina la pausa. Como regla general, se debe establecer un minuto por cada año del niño (por ejemplo, la pausa obligada para un niño de 4 años de edad debe ser de 4 minutos). Pero hasta 15 segundos a veces son suficientes. Si el niño comienza a ponerse inquieto, vuelva a colocar el cronómetro. Espere a que el niño esté quieto para volver a poner el cronómetro.
- Reanude la actividad. Cuando se acabe el tiempo, ayude al niño a reanudar sus juegos. El niño "ha cumplido" con su tiempo. No lo reprenda ni pida que se disculpe. Recuérdele que lo ama. Si necesita hablar de su comportamiento, aguarde a hacerlo más tarde.
Consejos para que la disciplina sea más efectiva
Habrá días en que parece imposible hacer que el niño se porte bien. Pero hay modos de aliviar la frustración y evitar conflictos innecesarios con su hijo.
- Sea consciente de lo que su hijo puede y no puede hacer
Cada niño se desarrolla a un ritmo diferente. Tiene sus propias fortalezas y debilidades. Cuando un niño se porta mal, es posible que simplemente no pueda hacer o que no entienda lo que usted le pide.
- Piense antes de hablar
Una vez que establece una regla o hace una promesa, sea firme. Así que sea realista con sus expectativas. Piense si algo es realmente necesario antes de decir no.
- No ceda
Si su hijo tiene una rabieta porque no le da un caramelo y usted cede para que deje de llorar, el pequeño aprenderá que éste es el modo de conseguir lo que quiere. No fomente la mala conducta cediendo a las exigencias del niño.
- Procure ser consistente
Trate de que sus reglas sean iguales todos los días. Los cambios suelen causar confusión en los niños, quienes podrían tratar de poner a prueba los límites tan sólo con el fin de saber hasta dónde pueden llegar.
- Tenga en cuenta los sentimientos del niño
Dígale, por ejemplo: "Yo sé que estás triste porque tu amigo se fue, pero de todos modos tienes que recoger tus juguetes". Fíjese si la mala conducta sigue un patrón, como cuando el niño está celoso. Hable con el niño sobre estos sentimientos en lugar de limitarse a imponerle las consecuencias.
- Aprenda de los errores —incluyendo los suyos propios
Si usted no supo manejar la situación la primera vez, no se inquiete demasiado. Piense en qué pudo haber hecho diferente y trate de hacerlo la próxima vez. Si siente que cometió un error en un momento de enojo, espere a calmarse, pídale disculpas al niño y explíquele cómo manejarán la situación en el futuro. Cumpla con sus promesas. Esto le dará al niño un buen ejemplo de cómo enmendar los errores.
- Por qué las palizas no son la mejor opción
La Academia Americana de Pediatría no recomienda que se les den palizas o golpes a los niños. A pesar de que muchos adultos que viven en los Estados Unidos recibieron palizas durante su niñez, sabemos que esto trae importantes efectos secundarios.
Aunque pareciera que una paliza inicialmente "surte efecto", ésta pierde su impacto después de un tiempo. Puesto que la mayoría de los padres no quieren dar palizas, esta técnica no suele ser consistente. Las palizas fomentan la agresión y la furia, en lugar de enseñar responsabilidad.
Aunque los padres traten de mantenerse bajo control, a menudo no pueden hacerlo y terminan por lamentar sus acciones. Las palizas pueden conducir a batallas físicas, e incluso llegar al punto de lastimar al niño.
Es cierto que muchos adultos que recibieron palizas de niños son personas equilibradas y cariñosas hoy en día. Sin embargo, las investigaciones demuestran que, comparados con los niños que no las recibieron palizas, los niños que han recibido golpes tienen una mayor tendencia a ser adultos que sufren de depresión, usan alcohol, tienen más arranques de enojo, golpean a sus propios niños, golpean a sus cónyuges y participan en actos criminales y violentos. Estos resultados tienen sentido, ya que las palizas le enseñan a un niño que es correcto ocasionarle dolor a otra persona cuando está frustrado o quiere mantener el control, incluso si se trata de un ser querido. Es muy probable que un niño no distinga entre recibir una paliza de sus padres y golpear a un hermano o a otro niño cuando no obtiene lo que quiere.
Fuente Discipline and Your Child, American Academy of Pediatrics
lunes, 4 de enero de 2016
{Los 10 mayores problemas de disciplina y sus soluciones}
Les preguntamos a los padres de BabyCenter cuáles son sus mayores problemas de disciplina y ¡vaya que nos respondieron!
Tomamos los diez problemas principales y se los presentamos a nuestro panel de expertos en disciplina infantil para ayudarte a corregir el comportamiento de tus niños.
Nota: Nuestros expertos a veces sugieren métodos muy diferentes. Te recomendamos que selecciones el que mejor se adapte a tu situación. Es muy probable que encuentres una buena estrategia que te ayudará a obtener los resultados que deseas.
Mi hijo trata mal a su hermano
Mi hijo Jaime, de 2 años, maltrata a su hermano mayor, Elijah de 4 años. Cuando Jaime observa que su hermano tiene algo que él quiere, le pega hasta que se lo da. El pequeño a veces maltrata a su hermano mayor sin motivo alguno.
Intentamos lo siguiente:
Le pedimos que pare
Le decimos firmemente que “¡no lo haga!” mirándolo a los ojos
Le castigamos, dándole un tiempo para pensar (time out)
Le quitamos sus juguetes
Lo enviamos a su habitación o a que se siente por unos minutos en un rincón
Le damos una nalgada (esto como último recurso)
Nuestra situación actual: Nada funciona. Tenemos un nuevo bebé y nos preocupa que este patrón continúe.
Los expertos responden
Céntrate en lo positivo Tienes toda la razón en darle a Jaime un rato de castigo para pensar después de que agreda a su hermano. Jaime, con su comportamiento, está violando la regla más importante cuando se trata de resolver los conflictos familiares: el hogar debe ser un ambiente seguro para todos. Es por ello que debes separarlo de los demás hasta que se calme.
Sin embargo es importante que no califiques a tus hijos de niño “bueno” y niño “malo”. Eso probablemente afectaría el comportamiento de tus niños, ya que ambos se adaptarán a las etiquetas que les pongas.
También observa tu comportamiento, ¿hay algo que estás haciendo para que se enoje tanto?
En cuanto a las nalgadas, éstas no son recomendables. El niño creerá que está bien que una persona mayor y más fuerte que él le pegue. Este tipo de castigo sólo reforzará su mal comportamiento.
Carl Pickhard, The Everything Parent's Guide to Positive Discipline (Guía para padres sobre la disciplina positiva)
Actúa cuanto antes: Un niño de dos años no lastima a otro con ganas de herir, lo que sucede es que tiene poco control sobre sus impulsos, y es posible que lasw cosas empeoren con el bebé porque se sentirá celoso y tu tendrás menos tiempo para supervisarlos.
Para tu propia tranquilidad, trata de tener cada juguete por duplicado siempre que puedas. Además, designa un espacio al que se puede retirar cada niño si es necesario. Busca pistas que te avisen que Jaime está a punto de ponerse agresivo, como apretar la mandíbula, y llévatelo del lugar antes de que le pegue a su hermano.
También puedes trabajar con tu niño mayor, Elijah, quien podría beneficiarse de un entrenamiento en cómo actuar con firmeza.
Michele Borba, No More Misbehavin' (Se acabó el mal comportamiento)
Evita los roles de víctima y de agresor: Este comportamiento es normal en un niño de 2 años. Eso no significa que sea aceptable. Pero para evitar los roles de víctima y agresor, es muy importante que trates a ambos niños por igual. Si se pelean por un juguete, los dos tienen que retirarse por unos minutos y regresar una vez que se calmen.
También deberías decirle a Jaime que comprendes sus sentimientos y que sabes que está enojado, pero que no puedes permitir que le haga daño a Elijah ni a nadie más. Ofrécele otras formas de expresar su enojo, como por ejemplo, pegarle a una almohada.
Jane Nelsen, Positive Discipline (La serie de disciplina positiva)
Mi hija no me escucha
Mi hija de 7 años, Alyssa, es lista y muy activa. Uno de sus problemas es que le cuesta centrarse en sus tareas cotidianas. Por ejemplo, por las mañanas, le tengo que recordar decenas de veces que se vista.
Lo mismo pasa cuando intentamos salir de la casa o a la hora de ir a la cama. Siento que tengo que estar encima de ella todo el tiempo para que haga cualquier cosa. Normalmente termina por hacerlo, pero no sin un par de berrinches.
Lo que hemos probado:
- Le recordamos las cosas
- La orientamos a menudo
- La regañamos
Nuestra situación actual: Es realmente agotador tener que pasar por esta rutina una y otra vez. ¡Necesitamos ayuda!
Los expertos responden
Piensa de manera creativa: Espera a un momento tranquilo para tener juntas una lluvia de ideas acerca de cómo resolver este problema, a veces quedamos atrapados en la rutina y no vemos otras opciones.
Para que las mañanas no sean muy pesadas, podrías levantarte más temprano o bien podrías dejar las cosas preparadas la noche anterior y dejar la ropa sobre la cama.
Pídele ideas: "¿Qué podríamos hacer de otra manera para lograr que salgamos de casa a tiempo sin tener que regañarte y hacer berrinches?”
Haz una lista y sé constante: Ponte en sus zapatos, ella hace lo mejor que puede. Quizá necesitas aminorar el paso para que vayan al mismo ritmo. Están atoradas en una batalla de poder que no se puede ganar.
Dile que haga una lista de todas las cosas que tiene que hacer para prepararse para ir a la escuela. (Un niño más pequeño puede hacer lo mismo con dibujos o fotografías). Y cuando veas que le hace falta algo por hacer, le puedes preguntar: “¿Ya viste tu lista?”
Pon una alarma: Regañar solo enseña a los niños a no escuchar, deja que las consecuencias naturales estén de tu lado.
Pon una alarma que le señale a tu hija que tiene cierto tiempo para hacer sus tareas. Asegúrate de dejar suficiente tiempo para que no esté muy apresurada por las mañanas. Esto puede requerir que se acueste más temprano o que se levante más temprano.
Mi hijo presume con sus amigos
Mi hijo de 8 años, Zac, constantemente se inventa historias sobre sí mismo. Le dice a sus amigos que es cinturón negro en karate, cuando en realidad, dejó de hacer artes marciales desde los 5 años. O bien presume acerca de lo buen guitarrista que es, pero no sabe ni tocar la guitarra. Me preocupa que pierda amigos por esto.
Lo que hemos probado:
- Le señalamos que no es bueno presumir ni decir mentiras
- Le decimos que sus amigos no confiarán en él
Nuestra situación actual: Continúa inventándose historias y me siento mal cuando lo escucho.
Los expertos responden
Trata de entenderlo y no lo critiques: Pareciera que Zac tiene baja autoestima. Así que en lugar de criticarlo, mira la forma en la que puedes estar de su lado. Le puedes decir: “El convertirse en cinturón negro en karate, es una gran meta. ¿Te gustaría cumplirla?" o "Es estupendo que quieras ser guitarrista. ¿Cómo podemos lograrlo?”.
Trata de identificarte con tu hijo antes de corregir su comportamiento. Resiste la tentación de echarle la culpa o avergonzarlo, ya que eso sólo hará que se sienta peor.
Espera: Quizá tenga que perder un amigo debido a su costumbre de presumir, para que sea capaz de comprender que lo que está haciendo no es lo correcto. Puede ser una decisión difícil, pero algunos niños tienen que aprender de esta manera.
Robert MacKenzie, Setting Limits With Your Strong-Willed Child (Cómo establecer límites a tu terco niño)
Promueve su autoestima: Es normal que los niños quieran sentirse importantes y apreciados. Puede ser que Zac tenga dificultades con sus amigos y crea que si los impresiona se los ganará.
Céntrate en todas las cosas que hace bien para alimentar su autoestima. Asegúrate de decirle a tu hijo que lo quieres exactamente por quién es, aunque no sea un experto en karate.
Mi hijo nos desafía constantemente
Mi hijo de 3 años, Miguel, nos desafía siempre. Hace todo lo que le decimos que no haga, como aventar su juguete favorito. Si no se sale con la suya hace un berrinche.
Lo que hemos probado:
- Le decimos que habrá consecuencias (como no salir a un lugar determinado)
Nuestra situación actual: A corto plazo, nuestro método funciona, pero nada funciona a la larga.
Los expertos responden
Deja bien claro cuáles son tus expectativas: Tus estrategias no funcionarán a largo plazo si tu hijo no tiene opciones sobre lo que sí puede hacer.
Dile brevemente cuáles son tus expectativas de manera calmada y con firmeza: “Miguel, no puedes aventar tu muñeco dentro de casa”. Ofrécele una elección o una opción razonable: “¿Te gustaría lanzar la pelota fuera o jugar dentro con tu muñeco?”.
Si aún así se resiste, establece una consecuencia que sea apropiada, como: “Si lanzas tu muñeco de nuevo, te lo quitaré”. Cumple tu palabra de inmediato, para que entienda la conexión.
Demuéstrale empatía: Busca maneras de resolver el problema juntos. Y habla con tu hijo con empatía y respeto. Incluso cuando establezcas los límites, muéstrale que comprendes cómo se siente: “Sé cuánto quieres esa paleta ahora, pero no puedo dejar que te la comas antes de cenar. Si tienes hambre, ¿por qué no empiezas por la cena y guardamos la paleta para el postre?”.
Sigue consolándolo y reconfortándolo hasta que se calme, pero no te rindas ni inicies un debate sobre el asunto.
Mi hijo pega
A mi hijo de 6 años, Liam, le da por pegar cuando no se sale con la suya. Cuando su amigo no lo dejó jugar en su computadora, mi hijo lo agarró del cuello. En otra ocasión, sin provocación alguna, empujó a su hermana de 2 años y la quitó del sofá. A mí me pega y me patea cuando apago el televisor. Es grande y fuerte para su edad, y me preocupa mucho que le haga daño a alguien.
Lo que hemos probado:
Hablamos con él y le decimos que use las palabras para expresarse y no los golpes
Le damos tiempo de castigo para pensar
Le indicamos que sus actos tendrán consecuencias (como no mirar televisión)
Le damos una nalgada (como último recurso)
Nuestra situación actual: Mi esposo piensa que el pegar es un comportamiento normal en un niño y que nuestro hijo dejará de hacerlo. Yo no estoy muy segura de eso. ¿Cómo puedo conseguir que Liam comprenda que pegar no es apropiado?
— Jane, Palo Alto, California
Los expertos responden
No le pegues: Dar nalgadas no es la solución. El castigo físico sirve más para aliviar el enojo de un padre que para corregir el comportamiento de un niño.
Pero tienes razón, aislar a Liam y darle tiempo para que piense es bueno para su seguridad y para que todo el mundo se tranquilice. Después de que todos se callen, habla con él acerca de lo que puede hacer para mejorar comportamiento.
Carl Pickhard
Ayúdalo a encontrar mejores formas: Liam está buscando un desahogo adecuado para su frustración y su enojo. Encuentra un momento tranquilo, calmado y sin interrupciones con él y con su padre, para establecer la regla de que el pegar no se permite.
Es importante que los padres presenten un frente unido. Liam también es lo suficientemente mayor como para comprender las posibles consecuencias. Alguien puede lastimarse o tal vez a él lo suspendan de la escuela por su comportamiento. Además sus amigos podrían alejarse de él, si tiene una mala reputación.
Ayúdalo a encontrar maneras de expresar sus sentimientos. Por ejemplo, podría pegarle a una almohada o a un saco de boxeo. O simplemente puede decir lo que siente (“Estoy enojado porque me quitaste ese juguete”) o encontrar un lugar donde pueda calmarse.
Ayúdalo a escoger un método, el cual pueden practicar juntos hasta que lo aprenda. A la primera señal de un problema, identifica los sentimientos de tu hijo y recuérdale lo que puede hacer para manejarlos. “Parece que realmente estás enojado. ¿Quieres salir fuera y correr para sentirte mejor?”.
Michele Borba
Mi hijo interrumpe mis llamadas telefónicas
Mi hijo de 3 años, Miller, quien es hijo único, es terriblemente impaciente cuando mi esposo o yo hablamos por teléfono. Nos habla o juega con objetos que hacen mucho ruido, para interrumpir nuestras conversaciones. No hablamos mucho por teléfono. Me refiero a llamadas cortas como cuando hacemos una cita con el médico.
Lo que hemos probado:
- Le explicamos el tipo de comportamiento que esperamos de él
- Le aviso que hablaré por teléfono y le digo cuánto me voy a tardar. Le aseguro que después de que termine, tendrá toda mi atención
- Le doy algo para que se entretenga antes de llamar por teléfono
- Le sugiero otras maneras para llamar nuestra atención, como por ejemplo, levantar la mano
- Antes de hacer una llamada, revisamos las consecuencias de una interrupción
- Lo alabo cuando no interrumpe
Nuestra situación actual: Parece que la situación no mejora mucho.
Los expertos responden
Abandona la habitación: Felicitaciones por tu repertorio de técnicas positivas de disciplina. Pero parece que a tu hijo, las palabras no lo están convenciendo.
Te recomendaría que te vayas a otra habitación para hacer tus llamadas, mientras Miller está ocupado con algo. Dile que te reunirás con él en cuanto termines. Es posible que se queje un poco al principio, pero luego se acostumbrará a estas breves separaciones.
Ayúdalo a ser paciente: Vemos que estás haciendo una gran labor. No obstante, parece que estás intentando demasiadas estrategias y eso no te permite saber cuáles son las que verdaderamente funcionan. A los niños les toma alrededor de 21 días el aprender un nuevo comportamiento, y a menudo las cosas se ponen peor, antes de mejorar.
Lo que realmente tienes entre manos es un niño impaciente. Puedes ayudar a Miller a esperar, reconociendo su presencia con acciones, no palabras. Dale un abrazo o una señal con el dedo: “un minuto más”.
Los niños pequeños tienen un concepto limitado del tiempo así que intenta darle un reloj de arena o una alarma de cocina para ayudarle a comprender el concepto de que tiene que esperar. Dale algo para hacer mientras hablas por teléfono y luego alábalo todo lo que puedas cuando no te interrumpa. La consistencia es la clave.
Fabrica una caja especial: Este comportamiento es muy normal en un niño de 3 años. No le expliques nada. En lugar de eso, fabrica una caja especial que sólo sacas durante conversaciones telefónicas para que Miller se entretenga por un tiempo; llénala de cosas que el pequeño te ayude a escoger.
Si esta distracción no te ayuda, lleva el teléfono al baño y cierra la puerta y deja que tu hijo lidie con sus emociones. No tienes que rescatarlo cada vez que esté disgustado. Ayúdale a descubrir cómo tranquilizarse, diciéndole: “¿Dónde está tu caja especial?” o “¿Qué tienes qué hacer cuando estoy en el teléfono?”. Eso involucra a tu hijo en la resolución del problema.
Mi hijo es respondón
Mi hijo de 5 años, Jackson, es muy respondón. Nos insulta y se ríe de nosotros cuando intentamos disciplinarlo. Y no sólo ocurre en la casa. Una vez le dijo a su maestra que una de sus actividades era “ridícula”.
Lo que hemos probado:
- Le damos tiempo solo para pensar
- Le quitamos las cosas
- Le pegamos
Nuestra situación actual: Nada realmente funciona durante mucho tiempo. No sé qué hacer con él y me da miedo lo que pueda pasar en el futuro.
Los expertos responden
Señala su comportamiento: Cuando salga cualquier cosa irrespetuosa de su boca, díselo de inmediato: “No está bien que me insultes. Eso es inaceptable”.
Permanece calmada y neutral: tanto tu voz como tu lenguaje corporal. No te muestres exasperada ni hagas muecas y niégate a conversar con él hasta que deje de responder de malos modos. Le puedes decir: “Decirme que soy estúpida es irrespetuoso. Podemos conversar cuando puedas comunicarte de buena manera”.
Si continúa faltándote al respeto, dile con firmeza que habrá consecuencias y no te eches atrás. Una consecuencia podría ser repetir diez veces una respuesta más adecuada en un tono respetuoso. Dile que él es buen niño y felicítalo cada vez que se comunique de manera agradable: “Jackson, gracias por hablar de manera tan agradable y educada”.
No lo provoques. Todos los métodos que describes son punitivos. Eso hará que Jackson se enoje y esté resentido y que quiera vengarse con más respuestas groseras.
En lugar de eso, prueba consecuencias lógicas. Por ejemplo dile a Jackson: “Es tu tarea guardar tus juguetes. Puedes hacerlo ahora o pasar unos minutos en tu habitación preparándote para hacerlo. ¿Qué te gustaría hacer?".
Si te responde groseramente, evita pelear y simplemente mándalo a su habitación con un reloj de alarma y dile que sólo puede volver cuando suene la alarma. Si continúa con su mal comportamiento, repite el proceso hasta que comprenda que estás estableciendo una regla que no se puede cambiar.
No ordenes, mejor pregunta: En lugar de ordenar, mejor pregunta: “¿Cuando termines de jugar, dónde pondrás los juguetes?”.
También puedes enfocarte primero en los sentimientos de Jackson, en lugar de en su falta de respeto. Le puedes decir algo así como: “Es obvio que estás enojado. Hablemos luego cuando te sientas mejor”.
Después de que ambos se hayan calmado, pueden intentar resolver el problema juntos. “¿Se te ocurre una mejor manera de decirme cómo te sientes?”. Echa mano del humor: “Debo haber escuchado mal. Creo que quisiste decir: ´Mamá, ¿podrías por favor recoger mis juguetes porque me da flojera hacerlo?’”
Mi hijo no coopera en absoluto
Mi hijo Parker, quien tiene 3 años, parece tener audición selectiva. Si le digo que es hora de irnos del parque, se me escapa y continúa jugando. Cuando estoy abriendo el auto o poniendo a su hermano pequeño en su asiento del auto, sale corriendo, aunque le diga que se quede junto a mí. Le puedo decir que recoja sus juguetes, una y otra vez, y le entra por un oído y le sale por el otro. Pero si menciono la palabra “dulces” lo tengo a mi lado en segundos.
Lo que hemos probado:
- Le pedimos todo de manera educada
- Le pedimos que nos ponga atención
- Lo castigamos (le quitamos su juguete favorito por unas horas)
- Le ponemos una correa en la muñeca para que no se nos escape
- Le damos un azote (sólo en situaciones peligrosas)
- Limpiamos y recogemos los juguetes juntos. Y cantamos la canción de la limpieza y jugamos a quién recoge primero
Nuestra situación actual: Me siento abrumada y frustrada
Los expertos responden
Ponlo a cargo: Tu hijo parece ser bastante terco y los niños que son así no responden bien a las consecuencias negativas; éstas simplemente los enojan más. En lugar de eso, cuelga un tablón en el que pongas recompensas por su buen comportamiento. Así sentirá que sus buenas acciones tienen consecuencias.
Escoge tus batallas: Una manera sencilla de arreglar las luchas que tienes en auto con tu hijo, es ponerlo a él en su asiento, antes de sentar a su hermanito. Es una cuestión de seguridad. Además así no tendrá opciones.
Aparte de eso, tendrás que escoger tus batallas y elegir lo que te parezca más importante. Por ejemplo, si lo que más te urge es que tu niño empiece a ayudarte a recoger sus juguetes, habla con él. En tono amable pero firme, infórmale lo que esperas de él. Ten en cuenta que tal vez no esté preparado para guardar sus juguetes en el instante en que se lo pides. Así que avísale con tiempo para que se acostumbre a la idea.
Michele Borba
Pide que coopere: No enseñes a tu hijo cuestiones de seguridad dándole un azote. Primero ponlo en su asiento del auto y luego déjalo que exprese sus sentimientos. En cuanto a las tareas de la casa, invítalo a cooperar. A nadie le gustan las exigencias ni sentirse controlado. Dile “¿Qué necesitas hacer antes de la cena? ¿Puedes hacerlo tú mismo o necesitas mi ayuda? Tú decides”.
Jane Nelsen
Mi hija es inmune a los castigos
Tengo hijas gemelas de 3 años. Alexa es obediente e Isabella es la que rompe las reglas. No le importa que la castiguen. Si le quito su ropa de princesa que tanto le gusta, porque por ejemplo, brincó sobre el sofá, me trae su varita mágica y me dice: “Mamá, olvidaste esto”.
Si accidentalmente se le cae la comida al piso y le pido que la recoja me dice: “¡No!, ¡Hazlo tú!”. Le digo que la ayudaré pero que no le daré helado si no limpia. No lo hace, no toma helado y pronto se le olvida todo.
Lo que hemos probado:
- Le decimos que habrá consecuencias
- Le gritamos
Nuestra situación actual: Siento que los castigos no funcionan y me estoy volviendo loca.
Los expertos responden
Enséñale a dar además de recibir: Como ya te habrás dado cuenta, al quitarle las cosas a Isabella, simplemente le estás dando más alas. Los niños necesitan aprender a formar parte de una familia, es por eso que es importante que le enseñes a Isabella que harás ciertas cosas para ella y, a cambio, ella hará ciertas cosas para ti.
En lugar de privarla de algo, dile: “Claro que sí, puedes jugar con tu muñeca un poco. Pero primero necesito que recojas tus libros y los pongas en el librero”. A los niños que actúan como Isabella, no es recomendable darles las cosas de manera automática. Si quiere algo, primero tiene que cooperar y ayudar en casa.
Conecta y luego corrige: Tienes que eliminar las etiquetas que creaste para tus gemelas o crecerán pensando que son así. Es posible que Isabella busque revancha porque no se sienta tan amada como su hermana.
Establece una conexión antes de ofrecer una corrección. La próxima vez que Isabella tire la comida al piso, dale un abrazo y dile: “¡Huy! Sé que fue un accidente. ¿Qué necesitas para limpiarlo?”. Te sorprenderá saber cuánto más eficaz es pedirle amablemente lo que necesita hacer que ordenárselo. Al ordenarle la invitas a rebelarse. Y cuando le pides algo con amabilidad, a menudo la estimula a pensar y a cooperar.
Dale mucho amor: Puede ser el momento de construir tu relación con Isabella. Cuando haga algo correctamente, asegúrate de señalarlo y alabarla. La mayoría de los niños quieren agradar a sus padres. Algunos se rinden porque se sienten constantemente criticados. Isabella necesita escuchar que hace cosas que te gustan y que valoras.
Los lloriqueos de mi hijo me vuelven loca
Mi hijo de 5 años, A.J., es lloroncito desde que nació. Y sus llantos empeoran antes de un hito de crecimiento importante, como aprender a leer. Pero por lo general lo hace cuando está disgustado o frustrado. Cuando llora, me agarra y me habla en un tono quejumbroso que no podemos comprender.
Lo que hemos probado:
- Le pedimos que hable con voz normal
- La mandamos a su habitación para que se calme
- Le explicamos que no podemos comprender lo que dice
Nuestra situación actual: Podemos conseguir que no llore pero por un breve tiempo; siempre lo vuelve a hacer. Sus lloriqueos nos vuelven locos a mi esposo y a mí.
Los expertos responden
Ignóralo: Los niños lloran para llamar la atención y cuando lo hacen con frecuencia seguramente saben que este irritante comportamiento hace que sus padres cedan. ¡Así que no cedas!
Simplemente dile a tu niño que lo escucharás cuando comience a usar su voz quejumbrosa. Al primer quejido, simplemente dile: “No me gusta escuchar lloriqueos. Dime lo que quieres en tu voz normal”. Ignora a tu hijo si continúa. El truco es no reaccionar ante su berrinche.
Cuando lloriquee, dale un tiempo para pensar: En cuanto se ponga a lloriquear, dile: “Si continúas lloriqueando, tendrás que irte a tu habitación y podrás regresar cuando estés dispuesto a hablar normalmente”. Si no te hace caso de inmediato, llévalo a su habitación. La clave es llevar a cabo las consecuencias y ser constante.
Escoge una señal: Parece que tienes una idea clara de lo que provoca los lloriqueos en tu hijo. El ofrecerle más cariño a tu niño durante esos momentos puede hacerlo sentirse mejor.
A la primera señal de quejidos, podrías poner a tu hijo sobre tu regazo y darle un fuerte abrazo sin mencionar nada sobre su comportamiento, hasta que los dos se sientan mejor.
Entonces, durante un momento tranquilo y feliz en el que no haya quejidos, trabajen juntos para acordar qué señal le harás a tu hijo cuando empiece a llorar. Podrías, por ejemplo, ponerte los dedos en las orejas y sonreír (recuerda que el humor es tu mejor aliado) para recordarle que sólo lo escucharás si habla con su voz normal. Esto funciona mejor si tu hijo escoge el tipo de señal que usarán.
Fuente: espanol.babycenter.com
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