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lunes, 31 de julio de 2017

{Alternativas cuando todo el tiempo dice "¡No!"}

Qué cabe esperar a esta edad

Los niños se vuelven inmunes al no y es posible que tengas que repetirlo diez veces antes de que tu hijo reaccione. Si intentas evitar que se meta en líos, procura enseñarle la diferencia entre el bien y el mal con un método más eficaz que la palabra “no”.

Qué puedes hacer

- Dilo con otras palabras

En lugar de decir no, dile claramente lo que sí puede hacer. En lugar de gritar: “¡No! No juegues a la pelota en la cocina”, por ejemplo, di: “¡Vamos al patio a jugar con la pelota!”. Si está en mitad de un proyecto artístico y hay pegamento por todo el piso, ayúdalo a poner periódicos debajo de su trabajo.

Esto le permite seguir ocupado en lugar de tener que dejar de hacer algo. Cuando tengas que actuar con rapidez para que no se meta en problemas, dile algo más directo como “¡para!” o “¡eso está caliente!”.

- Ofrécele opciones

Tu hijo quiere sentirse independiente y sentir que tiene las cosas bajo control, así que en lugar de responder “no” a secas cuando te dice que quiere chocolate antes de la hora de comer, ofrécele unas uvas cortadas por la mitad o rodajas de manzana. Otra alternativa es permitirle que elija una barra de chocolate que se puede comer después del almuerzo.

Si insiste en ponerse ropa no adecuada (como un traje de baño en invierno), dale a escoger entre dos prendas aceptables cada mañana. Aunque ninguna de las dos le emocione, a la larga aprenderá a aceptar las opciones que le presentas.

- Distráelo

Puedes distraer fácilmente a un niño de esta edad cuando está a punto de meterse en problemas.

Cuando en una tienda hay cosas delicadas que atraen la atención de tu hijo, rápidamente muéstrale cómo se refleja la luz en un espejo al otro lado del pasillo, o distráelo con una pregunta (“¿Te gustaría ir a ver tus primos este fin de semana?”), un juguete o un snack. Entretanto, aléjalo de las tentaciones.

Los niños más mayores son más fáciles que los pequeños a la hora de ir de compras, y también más receptivos a las distracciones: “No podemos jugar con esa muñeca de porcelana, pero podemos probar los juguetes que hay en ese lado”.

- Evita el tema

Si es posible, evita que tu hijo se meta en situaciones que te obliguen a decir no y, en lugar de eso, busca entornos seguros que fomenten su sensación de aventura y de curiosidad. Tu hogar debería estar a prueba de niños y es muy importante que mantengas tus objetos valiosos fuera del alcance de tu hijo.

Procura que juegue en lugares donde se sienta libre como el parque o el jardín de la casa, en vez de hacerlo en la sección de cristalería fina de unos grandes almacenes o la casa de la abuela. No puedes aislarlo de todas las situaciones en las que tengas que decir que no, claro, pero la vida será más fácil para ambos y podrás decir sí con más frecuencia si las limitas.

Ten en cuenta que muchos niños en edad preescolar disfrutan cuando van de compras y se portarán bien si tomas algunas precauciones. Sal de compras cuando tu hijo esté bien descansado y no prolongues demasiado el tiempo que dediques a las compras: una hora o dos en el centro comercial es más que suficiente. Si vas a comprar comida, evita la sección de los dulces.

- Ignora las infracciones pequeñas 

La vida presenta un montón de oportunidades perfectas para a enseñar disciplina a tu hijo. No te lo pongas más difícil. Si está pisando un charco y van de camino a la casa de todos modos, ¿por qué no dejarlo? Si quiere ponerse un disfraz para ir a la cama, ¿qué hay de malo?

Escoge tus batallas. Anímalo a explorar su sentimiento de aventura y diversión cuando puedas; mientras no ponga en peligro su seguridad ni te obligue a decir que no, déjalo pasar.

- Dilo con firmeza 

Cuando no haya alternativas posibles, no te desalientes. Di con firmeza (pero con calma), convicción y un rostro impasible: "¡No! ¡No le tires la cola al gato!”. Si le dices medio sonriendo: “No, no, cariño”, eso le transmite a tu hijo pequeño un mensaje contradictorio y no lo desanimará. Cuando responda, sonríele y dale un abrazo y sigue con una afirmación: “¡Sí! ¡Qué bien sabes escuchar!”.

Fuenteespanol.babycenter.com

jueves, 6 de abril de 2017

{Media plan, by AAP}

www.healthychildren.org

Libros, películas, programas de TV, apps, juegos y websites apropiados según la edad: www.commonsensemedia.org

Website
https://www.commonsensemedia.org/reviews/age/4/age/5/category/website

miércoles, 22 de marzo de 2017

{Ayudar en casa: Qué puedes esperar de tu hijo y cuándo}

niña ayudando en cocina

Los niños necesitan estar a cargo de tareas pequeñas en la casa. Ayudar en casa les enseña responsabilidad social y familiar. Además, les proporciona una sensación de logro y de orgullo y les ayuda a adquirir habilidades.

Si tu niño contribuye con los quehaceres del hogar, se sentirá importante y parte de un “equipo”. Asimismo, si ve que en su familia todos ayudan y colaboran, sentirá que no es el centro del universo.

Es obvio que cuando los niños son pequeños no pueden realizar las tareas del hogar como lo haría un niño más grande o un adulto. La idea es más bien inculcarles el hábito de ayudar.

A los niños de entre 2 y 4 años les encanta ayudar y es ese deseo genuino lo que les facilita empezar una tarea. A medida que tu hijo crezca podrá realizar labores más complejas y comenzará a hacerlas él solo.

No subestimes a tu hijo

Los padres a menudo subestiman lo que sus hijos son capaces de hacer. Y en muchas ocasiones no los dejan que hagan cosas básicas que ya pueden hacer como prepararse su propio sándwich o limpiar su habitación.

Comienza con el aseo personal

Cepillarse los dientes, ir al baño y vestirse son algunas de las primeras tareas que los niños llevan a cabo solos. Para la mayoría de los padres, el que los niños empiecen a realizar estas necesidades básicas es muy importante. Pero además es recomendable que añadas tareas del hogar para que le enseñes a ser responsable.

Tareas apropiadas para su edad

Si la tarea que le asignas a tu niño es muy difícil, es probable que se frustre y no la termine. Recuerda que es muy importante que no le pidas que haga tareas peligrosas, como lavar cuchillos o cosas frágiles.

A los 2 años

Tu hijo puede realizar las siguientes tareas:

- Colocar la ropa sucia en el cesto designado para ella
- Poner un pañal sucio en la basura
- Recoger los juguetes después de jugar con ellos
-Poner las servilletas en la mesa
- Separar la ropa para lavar en clara y oscura

A los 3 años

Tu hijo puede hacer lo siguiente:

- Separar los calcetines por colores y quizá hacer parejas
- Regar una planta
- Darle comida a una mascota
- Limpiar cuando algo se le cae al piso
- Retirar su plato de la mesa
- Ayudar a lavar el auto

A los 4 años

Tu hijo puede hacer lo siguiente:

-Poner platos, tenedores y servilletas sobre la mesa
- Sacar los cubiertos del lavavajillas
- Doblar toallas
- Ayudarte a hacer su cama
- Recoger las toallas mojadas del piso
- Ayudar a preparar la comida haciendo algunas tareas fáciles como formar albóndigas, mira la receta
- Barrer con una escoba para niños

No esperes demasiado

Cuando un niño pequeño te “ayuda”, a realizar las tareas del hogar, es muy probable que tardes más en terminarlas. Sin embargo, recuerda que estás consolidando la base para que se convierta en una persona responsable más tarde. Los pequeños tienen poca capacidad de concentración, así que no esperes que tu hijo realice las tareas del hogar diariamente sin que se lo recuerdes, o que las haga bien a la primera.

Todos por igual

Asigna a los niños tareas de la cocina y a las niñas pídeles que te ayuden en el jardín.
Sé específica. Las tareas que son muy difíciles abrumarán a tu niño. Asígnale tareas sencillas y sé específica. Por ejemplo, en lugar de ordenarle que “limpie su habitación”, le puedes pedir amablemente que “ponga su ropa sucia en el cesto”. Es importante que le muestres cómo hacerlo las primeras veces.

Una por una

Si le pides que haga tres o cuatro tareas al mismo tiempo, tu niño se confundirá. Seguramente olvidará la lista entera o confundirá las cosas y las hará mal. Asigna cada tarea individualmente.

Puede ser divertido

El reto de las tareas del hogar es que tienden a ser repetitivas y, por lo tanto, aburridas. Pero puedes hacerlas divertidas. Por ejemplo, pon música (o inventa tu propia canción) para bailar con tu hijo mientras limpian el polvo. También pueden competir para ver quién recoge los juguetes más rápido. Es recomendable que le pidas que te ayude con algo nuevo de vez en cuadno para que no se aburra de hacer siempre lo mismo. Algunas mamás con niños pequeños que aún no saben leer usan carteles con dibujos para explicarles las labores que les toca hacer.

No seas perfeccionista

Si tu hijo hizo su cama y parece que más bien la deshizo, muéstrale cómo hacerlo correctamente y deja que la termine a su manera. Puedes lastimar el orgullo de tu niño si corriges de inmediato lo que acaba de hacer. Además, es probable que la piense dos veces antes de ayudarte la próxima vez ("¿Por qué me necesita si siempre dice que lo hago mal?").

Alábalo mucho

El refuerzo positivo enseñará a tu pequeño que sus esfuerzos son importantes. Anímalo y no critiques su trabajo. Al contrario, dile cuánto aprecias su esfuerzo y lo importante que eso es para ti. Cuando lo alabes, trata de ser específica: “Gracias por ayudar a poner la mesa porque comeremos antes".

No le pagues

Si le pagas por los quehaceres domésticos que realiza, eliminarás esa sensación de contribución a la familia y el orgullo que siente de haber hecho un buen trabajo. Los niños a esta edad aún no entienden bien el valor del dinero y recibir dinero a cambio de trabajo es un concepto difícil de asimilar para ellos. Además, mucho expertos financieros opinan que no se debería pagar por hacer tareas domésticas. Consideran que es mejor dar una semanada o mesada independiente, con el objetivo de enseñar a los niños el concepto del ahorro y cómo administrar el dinero de manera razonable.

Fuenteespanol.babycenter.com

{10 formas divertidas de enseñar a tu hijo el valor del dinero}

niño ahorrando

Estos son los temas que se tratarán en este artículo:

1. Vayan a una venta de objetos de segunda mano
2. Hagan una visita al banco
3. "Contrata" a tu niño como tu asistente
4. Compren en mercados al aire libre (o tianguis)
5. Busquen y corten cupones
6. Trabajen como voluntarios y hagan donaciones en familia
7. Motiva a tu hijo a ganar un poco de dinero
8. Inscríbanse en una clase
9. Marquen una meta de ahorros para la familia
10. Jueguen juntos

1. Vayan a una venta de objetos de segunda mano

En Estados Unidos es típico que muchas familias se deshagan de los objetos de su propiedad que ya no quieren poniéndolos a la venta en la banqueta enfrente de su casa. Estas ventas, llamadas “ventas de garaje” (garage sale o yard sale), están llenas de curiosidades para niños, como libros y juguetes.

Tus hijos más grandecitos pronto descubrirán que el dinero de su mesada les rinde mucho más en estas “ventas al aire libre” que en el centro comercial.

Si a tu familia no le gusta madrugar los fines de semana para ir a las ventas de garaje, puedes ir a una tienda de segunda mano. Las dos opciones son además una excelente oportunidad para hablar con los niños acerca de la importancia de reciclar objetos.

2. Hagan una visita al banco

La próxima vez que vayas al banco, llévate a tu pequeño. Explícale las transacciones bancarias que hagas (depositar o retirar dinero) y permítele que te ayude en todo lo que pueda. Por ejemplo, él le puede entregar el cheque al cajero.

Cuando tu niño esté más grandecito, le puedes abrir una cuenta a su nombre y enseñarle a ser ahorrativo. Muchas instituciones financieras ofrecen cuentas de ahorro (sin cargos adicionales) para niños y servicios en línea.

3. "Contrata" a tu niño como tu asistente

Nuestros hijos nos ven pagar con la tarjeta de crédito infinidad de veces en el supermercado y es por eso que muchos creen que es ¡una fuente mágica e infinita de dinero!

Explícale el “misterio” y déjale que te ayude a hacer los pagos mensuales de las tarjetas de crédito. Repasa los pagos con tu hijo y recuérdale qué es lo que están pagando ("¿Te acuerdas de los zapatos que te compré la semana pasada?"). Puede también poner el cheque en el sobre. Si tu hijito es más grande, podrá anotar el número del cheque en tu chequera.

A tu pequeño le encantará participar en tus actividades. Además empezará a tener una perspectiva más clara sobre el flujo de dinero. Puede haber otros beneficios que no te imaginaste. Por ejemplo, una vez que tu hijito sepa cuánto cuesta la electricidad, tal vez esté más dispuesto a cooperar cuando le pidas que apague las luces al salir de una habitación.

4. Compren en mercados al aire libre (o tianguis)

Cuando van al supermercado, tu niño sólo ve los productos, y nunca a los agricultores que los producen. Al llevarlo a mercados al aire libre (Farmers’ Market) comprenderá mejor la relación entre el trabajo y el dinero. Invita a tu niño a que te ayude a seleccionar las frutas y verduras y a que pague por los productos.

Explícale que los agricultores plantaron las fresas, así que ellos pueden decidir cuánto cobrar por ellas. El cliente decide si vale la pena comprarlas por esa cantidad. Coméntale que con las ganancias, los agricultores comprarán más semillas para plantar más fresas.

5. Busquen y corten cupones

Antes de reciclar toda esa montaña de folletos publicitarios que recibes los domingos, puedes hacer una "fiesta de cupones" con tu niño. Aunque no seas aficionada a los cupones, guárdalos. Pueden ser una herramienta más para enseñarle a tu hijo sobre los ahorros y descuentos.

Pídele a tu pequeño que una vez que identifique los cupones que pueden servir para las compras de la semana (ésta es una tarea que pueden hacer hasta los niños que todavía no saben leer, simplemente mirando las fotos), los recorte y los guarde en un sobre. La próxima vez que vayan de compras deja que tu hijito se encargue de los cupones.

Tu niño puede ser (dependiendo de su edad), el "administrador de los cupones" y el "buscador de productos". Tras hacer las compras, hablen sobre el dinero que ahorraron y cómo podrían usarlo.

Pero si no soportas la idea de usar cupones, utiliza la tarjeta de ahorros de tu supermercado. Mientras compran, señálale a tu hijo los productos que tienen precios especiales para los miembros del club de ahorros, y después enséñale en el recibo la cantidad que ahorraron.

6. Trabajen como voluntarios y hagan donaciones en familia

Para que empiecen a entender el mundo de las finanzas, los niños necesitan comprender que hay personas que poseen más dinero que otras y que los que tienen más pueden ayudar a los que tienen menos.

Puedes hacer cosas muy sencillas para que tu niño se acostumbre a ser generoso. Por ejemplo, pueden comprar comida y entregarla en una organización benéfica local. O bien, participen en una causa justa en la que tu hijo podría estar interesado. Si le gustan los animales, compra comida y otros artículos, y llévalos al refugio para animales más cercano.

7. Motiva a tu hijo a ganar un poco de dinero

Ganar dinero no sólo es educativo para los niños, sino que también les ayuda a ser responsables. La vieja tradición de vender limonada sigue siendo una buena opción, y además le enseñará a tu hijo a trabajar en equipo. El hermano más grande puede cuidar del dinero mientras que el más joven entrega los vasitos.

Otras ideas para ganar dinero son: vender juguetes y ropas que ya no les sirven, ayudar a preparar una venta de garaje en familia, y ayudar con labores especiales en la casa.

8. Inscríbanse en una clase

Muchas instituciones financieras ofrecen clases y talleres para niños. Si piensas que tu niño no está interesado las cuestiones financieras, de cualquier manera dale una oportunidad. "Siempre me sorprende ver lo interesados que están los niños en aprender sobre el dinero", dice Mark Hodowanic, quien dirige talleres financieros en una cooperativa de crédito en Estados Unidos. Investiga qué tipo de clases ofrecen en tu banco o cooperativa de crédito.

9. Marquen una meta de ahorros para la familia

¿Está tu hijo ansioso por ir a Disneylandia? Establezcan una meta a largo plazo y empiecen a guardar dinero en una alcancía. Esto hace que la familia trabaje en equipo. Los niños pueden echar en la alcancía las monedas que te sobran y también contribuir con un poco de su propio dinero de vez en cuando.

10. Jueguen juntos

La próxima vez que tu hijo te pida permiso para usar la computadora, déjalo que pruebe algunos de los juegos en internet que enseñan a manejar el dinero. Muchas páginas de cooperativas de crédito tienen juegos y otras actividades, como páginas para colorear que puedes imprimir.

En la actualidad, con tanta tecnología, no muchas personas se acuerdan de los juegos mesa. Sin embargo, juegos como Monopoly o Life, (aunque se refieren a situaciones imaginarias), ayudan a sembrar la noción de ganar dinero, ahorrar y perder.

Fuenteespanol.babycenter.com

{Cómo enseñar empatía}

Qué cabe esperar a esta edad

Los seres humanos tenemos empatía por naturaleza, al menos hasta cierto punto. Algunos estudios indican que los bebés que lloran cuando escuchan llorar a otro bebé, son más empáticos de mayores.

Aun así, los niños en edad preescolar, como sabemos todos los padres, no son un modelo de comportamiento desinteresado y generoso. La empatía es algo que tienen que aprender de ti.

Si tu hijo pega a su hermana, por ejemplo, puedes decirle: “Hace daño cuando pegas a las personas. Así es como hay que tocar a la gente, con suavidad. ¿Cómo se siente?”. En algún momento comprenderán el mensaje, pero seguramente les llevará un tiempo.

Qué puedes hacer

- Dale un nombre al sentimiento

Para que tu hijo pueda reconocer sus emociones. Dile: “Pedro, estás siendo muy amable”, cuando tu hijo te bese el dedo en que te hiciste daño. Aprenderá de tu reacción que su reacción amable se reconoce y se valora.

Tiene que aprender a reconocer emociones negativas también, así que no temas señalar con calma cuando su comportamiento no sea el que esperas. Procura decir algo como: “Cuando le quitaste el sonajero a tu hermanito se puso muy triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”.

Otra idea para enseñarle a entender y definir sus emociones es tener "el sentimiento de la semana". Cada semana pones a la vista una foto de alguien experimentando una emoción: tristeza, alegría, sorpresa, enojo. Habla con tu hijo sobre cuando se siente esas emociones.

- Alaba su comportamiento

Cuando se muestre generoso o muestre empatía. Cuando tu hijo realice un acto de generosidad, señálale lo que hizo bien y sé lo más específica que puedas: “Fuiste muy generoso compartiendo tu osito con tu hermanito. Eso le hizo muy feliz, ¿ves cómo sonríe?”.

- Anímalo a hablar de sus sentimientos y de los tuyos

Hazle saber que te importan sus sentimientos, escuchando con atención. Mírale a los ojos cuando te habla y parafrasea lo que dice. Cuando grite: “¡Hurra!” por ejemplo, respóndele con un: “Ah, hoy te sientes muy feliz”. Es posible que no sepa responderte si le preguntas por qué, pero no tendrá problema alguno en hablarte acerca de “sentirse feliz”.

De igual manera, comparte tus sentimientos con él: “Me siento triste porque me pegaste. Pensemos en otra manera en que podrías haberme dicho que no querías ponerte esos zapatos”. Aprenderá que sus acciones afectan a otras personas, un concepto que es difícil de comprender para un niño pequeño.

Esta bien compartir tus sentimientos incluso si no tienen que ver con las acciones de tu niño.

Podrías decir "Estoy triste porque no recibí la carta de la abuela que esperaba" o "Algunas veces me enojo con papi, pero lo amo de todas formas". De esta forma, su hijo aprenderá que los adultos también tienen sentimientos y emociones y que son parte normal de la vida. Verá que aprender a manejar los sentimientos es parte importante de crecer y madurar.

- Señala el comportamiento de otras personas

Enseña a tu hijo a darse cuenta cuando alguien se ha portado de manera generosa. Procura decir: “¿Recuerdas esa señora en el supermercado, la que nos ayudó a recoger la comida cuando se nos cayó la bolsa al piso? Fue muy amable con nosotros y me hizo sentir bien cuando estaba disgustada”.

Al hacer eso, reforzarás el que tu hijo comprenda cómo las acciones de las personas pueden afectar emocionalmente a los demás. Los libros también ofrecen buenos ejemplos, así que pregúntale cómo cree que se siente el perrito que se perdió en el cuento o por qué sonríe la niña del otro cuento.

Explícale cómo te sentirías si tú fueras otro de esos personajes y pregúntale cómo reaccionaría él. Estas conversaciones le ayudarán a comprender las emociones de otras personas y a entender las suyas.

- Dale pistas verbales

Algunos niños tienen problema para entender diferentes tonos de voz. Tu hijo pequeño podría no darse cuenta de que su hermanita está llorando porque está triste y quiere que la deje de molestar.

 Ayúdalo a ponerse en sintonía con las emociones de otros haciendo un juego. Repitan una frase en diferentes tonos de voz y pide que adivine qué significa cada tono. Puedes decir "Escúchame" como si estuvieras enojada, feliz o en secreto por ejemplo, y mira si puede detectar las diferencias.

- Dale pistas no verbales

Ve al parque o un área de juegos y encuentra un lugar traquilo donde tu hijo y tú se puedan sentar a observar sin molestar. Jueguen a adivinar como se siente la gente que miran y trata de que las respuestas sean elaboradas: "¿Ves a ese niño? creo que está feliz porque está brincando y se ríe? ¿por qué estará tan contento?"

-Enséñale las reglas básicas de la buena educación

A través de los buenos modales, tu hijo puede demostrar que se preocupa por los demás y los respeta. En cuanto sea capaz de comunicarse verbalmente, puede empezar a decir "por favor" y "gracias". Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta de manera educada contigo y que no te gusta cuando te da órdenes.

Claro que ser educada con él vale más que mil palabras: di “por favor” y “gracias” con regularidad y tu hijo aprenderá que estas frases son parte de la comunicación habitual, tanto en casa como en lugares públicos.

- No uses el enojo para controlar a tu hijo

Aunque es fácil enfadarse cuanto tu hijo pega a su hermano pequeño, procura no usar tu enojo para controlar su comportamiento. Si dices “estoy muy enojada contigo” los niños suelen cerrarse y retraerse.

En lugar de eso, muestra empatía a tu hijo. Enseñar mediante la instrucción y el ejemplo es mucho más eficaz, sobre todo a esta edad. En lugar de enfurecerte, toma un momento para calmarte. Entonces, di con firmeza: “Sé que estabas enojado, pero no debes pegar a tu hermano. Eso le hizo daño y me puse triste. Por favor, pídele perdón”.

- Dale a tu hijo tareas pequeñas

Estudios demuestran que los niños que aprenden responsabilidad también aprenden altruismo y empatía. A los pequeños les encanta realizar tareas pequeñas, y algunas cosas útiles como dar de comer a las mascotas también enseñan empatía, sobre todo si después alabas su acción: “¡Mira cómo mueve la cola el perro! Eres tan amable con él… Está feliz porque le estás dando la cena”.

- Sé un buen ejemplo

Los actos de generosidad y caridad son una excelente manera de enseñar a tu hijo empatía. Llévalo contigo cuando vayas a visitar a un vecino para entregarle comida porque está enfermo, o cuando vayas a visitar a una amiga que acaba de tener un bebé.

 Déjale que te ayude a empacar la ropa que llevarás a un centro de personas necesitadas o a cualquier otro lugar caritativo. Explícale que hay personas que están enfermas o que no tienen comida o ropa suficiente, y que por eso necesitan de la ayuda de otras personas.

- Empatía para niños y para niñas

En nuestra sociedad es común esperar que los hombres sean menos empáticos que las mujeres. A veces, incluso sin darnos cuenta, demandamos y alabamos más la empatía en mujeres y se la exigimos menos a los hombres. Los hombres "deben ser rudos", ten en cuenta esto al enseñar empatía a un varoncito, ser empático no tiene que ver con el género.

Fuenteespanol.babycenter.com

{Cómo enseñar respeto}

Qué cabe esperar a esta edad

Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose.

Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.

Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba.

Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.

Qué puedes hacer

- Muestra respeto a los demás

No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.

- Enséñale a responder con educación

Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás mas dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes.

Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.

- Evita perder los nervios

Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones.

En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.

- Prepárate para diferencias de opinión

La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.

Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).

- Establece límites

Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer.

Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.

- Háblalo más tarde

A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿cómo puedes resolver el problema? ¿cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”.

Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.

- Alaba el comportamiento respetuoso

Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”.

Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.

Fuente: espanol.babycenter.com

{Enseñar responsabilidad}

Qué cabe esperar a esta edad

Un niño de tres o cuatro años no tiene la capacidad de centrarse en la bondad o de comprender su rol en la familia, y menos aún su rol en la sociedad (sí sabe, sin embargo, ¡que es el centro del universo!).

Tampoco está preparado para tareas complejas ni para marcarse su propia rutina. Pero sí quiere estar tan ocupado y ser tan importante como tú. Así que míralo de forma positiva si tu pequeño siempre está a tu lado cuando intentas hacer cosas.

Su deseo de ayudar ayuda a establecer Buenos cimientos para convertirlo en un adolescente y luego un adulto responsable.

Qué puedes hacer

- Escoge tareas apropiadas para su edad

Las tareas que son demasiado difíciles lo abrumarán. Se sentirá agobiado si le pides que “ordene su dormitorio”, algo que seguramente a ti también te resulta abrumador. “Por favor, pon tus zapatos en el armario”, es más sencillo. Te sorprenderá el orgullo y la confianza en sí mismo que obtiene al realizar estas simples tareas.

- Sé un buen ejemplo

La mejor (y seguramente más difícil) manera de enseñarle a ser responsable es ser un buen modelo para él. Pon siempre tus llaves en el mismo sitio, en lugar de dejarlas sobre la mesa del comedor. Ordena tus revistas en lugar de dejarlas tiradas en el sofá. Entonces, cuando des a tu hijo sus pequeñas tareas, muéstrale exactamente cómo hacerlas.

Decirle: “Es hora de poner la mesa”, tiene menos sentido para él que una demostración de cómo hacerlo, como: “Mira, se pone un plato delante de cada silla y las servilletas se ponen así, ¿quieres ayudarme a hacerlo?”. Si encuentras que pasas demasiado tiempo demostrando a tu hijo cómo realizar una tarea, seguramente es demasiado compleja para él.

- Lo primero es lo primero

Tu hijo a esta edad no es demasiado pequeño para aprender que hay que trabajar antes de jugar. Entenderá el mensaje cuando le digas: “Sí quiero llevarte al parque, pero primero tenemos que recoger la mesa”.

Díselo en tono amable y admite que tú también prefieres las cosas entretenidas; entonces comprenderá que no estás siendo mandona, sino que sólo esperas que se comporte de manera responsable.

- Convierte la tarea en un juego

 Todos disfrutamos más de las tareas cuando son ocasiones entretenidas y sociales. A tu hijo le hace feliz pasar tiempo contigo y no considera que vaciar la secadora sea una tarea. Le resulta divertido sacar la ropa calentita de la secadora y ponerla en una cesta. Pon música y baila con él mientras limpian el polvo, o hagan carreras para ver quién guarda más bloques de construcción.

- Establece una rutina

Tu hijo aprenderá hábitos de responsabilidad con mayor facilidad si estableces una rutina desde el principio. Enséñale a guardar la ropa sucia en el lavadero y a guardar sus juguetes después del baño. Aprenderá que las tareas forman parte del día a día, y no son sólo algo que los adultos le obligan a hacer por capricho.

- Exprésate de manera positiva

Aclárale que tu hogar tiene reglas que todos tienen que seguir, pero establécelas de manera positiva. En lugar de darle un ultimátum ("Si no haces esto, no te daré aquello"), adopta la actitud de "cuando hagas lo que tienes que hacer, entonces podrás hacer lo que quieres hacer". Si tu hijo dice: “Quiero una galleta”, responde diciendo: “Cuando te sientes a la mesa, podrás comer una galleta”.

Decir "Si aseas tu habitación, te daré una recompensa” es un soborno para que tu hijo haga lo que debería ser un comportamiento normal, y además le da la opción de creer que puede vivir sin la recompensa, y así decidir no guardar sus juguetes.

- Dale espacio

Para ahorrar tiempo y esfuerzo, quizá te veas tentada a agarrar su plato y llevarlo tú misma al lavaplatos. Intenta resistir esa tentación. En vez de eso, concéntrate más en los esfuerzos de tu hijo y no en sus logros.

Es posible que no haga una tarea de manera perfecta, pero criticarlo o hacer tú sus tareas, sólo ahogará sus deseos de ayudar. Recuerda que con la práctica se mejora. Procura hacer sugerencias positivas: “Has limpiado tu plato muy bien, pero a mí me gusta poner los platos sucios en el lavaplatos y no en el armario”.

- Prepárate para altibajos

Debido a su edad, tu hijo no puede hacerlo todo bien, siempre. Pero normalmente obtendrás mejores resultados cuando se dé cuenta de que hay un patrón. Procura no expresar enojo o desilusión si tiene un mal día. Sólo dile con tranquilidad: “Recuerda que siempre hay que guardar los juguetes cuando termines de jugar con ellos”.

- Alábalo mucho

El refuerzo positivo enseñará a tu hijo que sus esfuerzos son importantes y que los aprecias. Sé específica cuando lo alabes: “Lo hiciste tan bien cuando pusiste la comida del perro en su plato”, en lugar de decir “¡Bien hecho!”. Cuando proceda, dile cómo sus esfuerzos han ayudado a los demás: “Ahora que has puesto las cucharas en la mesa podemos tomar la sopa. ¡Sentémonos!”.

Fuenteespanol.babycenter.com

lunes, 4 de abril de 2016

{La disciplina y sus hijos}

¿Cuál es la mejor forma de disciplinar a mi hijo?

​Uno de sus trabajos como madre o padre es enseñarles a sus hijos a saber comportarse. Ésta es una tarea que toma su tiempo, así que procure no frustrarse cuando su hijo se porte mal. En lugar de esto, aprenda modos efectivos de disciplinar al niño.

Las estrategias que funcionan

Cuando su hijo no le haga caso, ensaye lo siguiente:

1) Consecuencias naturales

Esto es dejar que el niño vea lo que pasa cuando no se porta bien (siempre y cuando el niño no corra ningún tipo de peligro). Por ejemplo, si el niño deja caer sus galletitas a propósito una y otra vez, muy pronto se quedará sin galletitas. Si tira al piso su juguete y lo rompe, ya no podrá jugar con el mismo. No pasará mucho tiempo hasta que el niño aprenda que no debe dejar caer sus galletitas y que debe ser cuidadoso con sus juguetes.

Cuando utilice este método, no se rinda ni vaya al rescate del niño (dándole más galletitas, por ejemplo). Un niño aprende mejor cuando lo hace por su cuenta.

2) Consecuencias lógicas

Esto es cuando usted tiene que actuar y crear una consecuencia. Por ejemplo, dígale al niño que si no recoge sus juguetes, usted tendrá que quitárselos por el resto del día. Al usar este método, es importante que cumpla con lo que dice. Prepárese a poner en práctica la consecuencia, pero sin gritarle al niño. Sea firme y responda calmadamente.

3) Niéguele privilegios

Esto es cuando usted le dice al niño que si no coopera, tendrá que renunciar a algo que le gusta. Los siguientes son algunos puntos para tener en cuenta al usar esta técnica.

- Nunca le quite al niño algo que realmente necesita, como una de sus comidas.
- Elija algo que el niño valore y que esté relacionado con su mal comportamiento.
- En caso de que el niño sea menor de 6 ó 7 años, esta técnica es más efectiva cuando se realiza de inmediato. Por ejemplo, si el niño se porta mal en la mañana, no le diga que no podrá ver televisión en la noche. Hay demasiado tiempo de por medio y es probable que no relacione la conducta con las consecuencias.
- Asegúrese de poder cumplir con su promesa.

4) Pausa obligada

Esta técnica resulta muy efectiva cuando el niño ha desobedecido una regla específica. Es más adecuada para los niños de 2 a 5 años de edad, pero puede usarse durante toda la niñez. Siga estos pasos para hacer que la pausa obligada sea efectiva.

- Establezca las reglas con anticipación. Decida dos o tres conductas que serán motivo de una pausa obligada y explíquelas al niño. Es posible que tenga que repetirlas a menudo.
- Elija un punto para la pausa obligada. Éste debe ser un sitio aburridor y sin distracciones, como una silla. Recuerde: la meta principal es apartar al niño para que haga una pausa y se calme. Tenga en cuenta que los baños pueden ser peligrosos y que las recámaras pueden convertirse en un buen sitio de juegos.
- Inicie la pausa obligada. Hágale al niño una advertencia (a menos de que haya sido una agresión). Si la conducta se repite, envíelo de inmediato al punto de la pausa obligada. Dígale lo que hizo mal en pocas palabras y con la menor emoción posible. Si el niño se niega a ir al sitio de la pausa obligada por su cuenta, levántelo y llévelo allí. Si no se quiere quedar en su lugar, colóquese detrás de él y sosténgalo de manera suave pero firme. Después, y sin mirarlo a los ojos, dígale: "Tienes que quedarte aquí por un rato". No lo discuta más. No responda a súplicas, promesas, preguntas, excusas o arrebatos del niño (tales como malas palabras). Un par de pausas obligadas serán suficientes para que el niño aprenda a cooperar y decida sentarse quieto por su cuenta en lugar de ser sostenido a la fuerza.
- Establezca un límite de tiempo. Una vez que su hijo se quede quieto en el sitio designado, coloque un cronómetro para que el niño sepa cuándo termina la pausa. Como regla general, se debe establecer un minuto por cada año del niño (por ejemplo, la pausa obligada para un niño de 4 años de edad debe ser de 4 minutos). Pero hasta 15 segundos a veces son suficientes. Si el niño comienza a ponerse inquieto, vuelva a colocar el cronómetro. Espere a que el niño esté quieto para volver a poner el cronómetro.
- Reanude la actividad. Cuando se acabe el tiempo, ayude al niño a reanudar sus juegos. El niño "ha cumplido" con su tiempo. No lo reprenda ni pida que se disculpe. Recuérdele que lo ama. Si necesita hablar de su comportamiento, aguarde a hacerlo más tarde.

Consejos para que la disciplina sea más efectiva

Habrá días en que parece imposible hacer que el niño se porte bien. Pero hay modos de aliviar la frustración y evitar conflictos innecesarios con su hijo.

- Sea consciente de lo que su hijo puede y no puede hacer

Cada niño se desarrolla a un ritmo diferente. Tiene sus propias fortalezas y debilidades. Cuando un niño se porta mal, es posible que simplemente no pueda hacer o que no entienda lo que usted le pide.

- Piense antes de hablar

Una vez que establece una regla o hace una promesa, sea firme. Así que sea realista con sus expectativas. Piense si algo es realmente necesario antes de decir no.

- No ceda

Si su hijo tiene una rabieta porque no le da un caramelo y usted cede para que deje de llorar, el pequeño aprenderá que éste es el modo de conseguir lo que quiere. No fomente la mala conducta cediendo a las exigencias del niño.

- Procure ser consistente

Trate de que sus reglas sean iguales todos los días. Los cambios suelen causar confusión en los niños, quienes podrían tratar de poner a prueba los límites tan sólo con el fin de saber hasta dónde pueden llegar.

- Tenga en cuenta los sentimientos del niño

Dígale, por ejemplo: "Yo sé que estás triste porque tu amigo se fue, pero de todos modos tienes que recoger tus juguetes". Fíjese si la mala conducta sigue un patrón, como cuando el niño está celoso. Hable con el niño sobre estos sentimientos en lugar de limitarse a imponerle las consecuencias.

- Aprenda de los errores —incluyendo los suyos propios

Si usted no supo manejar la situación la primera vez, no se inquiete demasiado. Piense en qué pudo haber hecho diferente y trate de hacerlo la próxima vez. Si siente que cometió un error en un momento de enojo, espere a calmarse, pídale disculpas al niño y explíquele cómo manejarán la situación en el futuro. Cumpla con sus promesas. Esto le dará al niño un buen ejemplo de cómo enmendar los errores.

- Por qué las palizas no son la mejor opción

La Academia Americana de Pediatría no recomienda que se les den palizas o golpes a los niños. A pesar de que muchos adultos que viven en los Estados Unidos recibieron palizas durante su niñez, sabemos que esto trae importantes efectos secundarios.

Aunque pareciera que una paliza inicialmente "surte efecto", ésta pierde su impacto después de un tiempo. Puesto que la mayoría de los padres no quieren dar palizas, esta técnica no suele ser consistente. Las palizas fomentan la agresión y la furia, en lugar de enseñar responsabilidad.
Aunque los padres traten de mantenerse bajo control, a menudo no pueden hacerlo y terminan por lamentar sus acciones. Las palizas pueden conducir a batallas físicas, e incluso llegar al punto de lastimar al niño.

Es cierto que muchos adultos que recibieron palizas de niños son personas equilibradas y cariñosas hoy en día. Sin embargo, las investigaciones demuestran que, comparados con los niños que no las recibieron palizas, los niños que han recibido golpes tienen una mayor tendencia a ser adultos que sufren de depresión, usan alcohol, tienen más arranques de enojo, golpean a sus propios niños, golpean a sus cónyuges y participan en actos criminales y violentos. Estos resultados tienen sentido, ya que las palizas le enseñan a un niño que es correcto ocasionarle dolor a otra persona cuando está frustrado o quiere mantener el control, incluso si se trata de un ser querido. Es muy probable que un niño no distinga entre recibir una paliza de sus padres y golpear a un hermano o a otro niño cuando no obtiene lo que quiere.

Fuente Discipline and Your Child, American Academy of Pediatrics

{13 consejos para sobrevivir los "terribles tres"}

Los llaman los terribles dos, los apacibles tres y los agradables cuatros, pero en realidad tener a un niño de tres años puede ser más difícil que uno de dos años.

Aquí le brindamos 13 consejos para que disfrute de ser padre otra vez (o por lo menos para que le ayuden a sobrevivir el día):

1) Gritar menos, amar más

Gritar debe ser la última técnica de defensa, una técnica que debe usarse cuando nada más funciona. Porque gritar puede hacerle más daño a los niños de lo que creemos —puede causar un cambio inmediato del comportamiento, pero a largo plazo puede causar un gran daño psicológico.

En lugar de gritar y de castigos fuertes, los niños necesitan de una crianza positiva para el desarrollo sano del cerebro. La Dra. Joan Luby es profesora de psiquiatría infantil y directora del Programa del Desarrollo Emocional Temprano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis. Su investigación revela que la crianza positiva de los niños pequeños en situaciones estresantes, en lugar de los regaños y el castigo corporal, está efectivamente asociada al aumento de ciertas áreas del cerebro. Si se da cuenta que le está gritando demasiado a sus niños, usted necesita otras opciones para la disciplina.

2) Identifique el comportamiento

En lugar de enojarse, identifique el comportamiento. Yo aprendí esto de Plaza Sésamo —hay una escena en donde al Monstruo de las Galletas lo acusan de mentir sobre el robo de unas galletas. Frustrado y enojado dice, "Yo soy un glotón, no un mentiroso". Si Plaza Sésamo puede usar palabras como glotonería para identificar un comportamiento, también yo lo puedo hacer. Y ahora usamos palabras como, "glotonería", "paciencia", "amabilidad" y "diligencia". Parecía raro al principio, pero ahora me encanta decirle a mi niña de 6 años de edad cuando se está burlando de sus hermanos: ¡Eso no es amable!

3) Trate de estar en sintonía con sus niños

La clave para criar niños emocionalmente sanos es estar en sintonía con ellos o saber cómo identificar sus necesidades en cualquier momento. Estar en sintonía, en resumen, es ponerse en el lugar de sus niños y luego responder a sus necesidades con la sabiduría de un padre.

Trate de identificar la raíz del mal comportamiento de su niño —por qué no se pone sus zapatos o por qué está haciendo un berrinche —y luego adapte una consecuencia apropiada.

Cuando estamos en sintonía con los niños, no usamos la técnica de tiempo fuera como una herramienta correctiva sino que, nos preguntamos el "por qué" de su mal comportamiento. Y cuando entendemos la raíz del mal comportamiento podemos responder mejor a sus necesidades, amarlos y lograr comportamientos sanos a largo plazo.

4) Brinde a su niño su atención frecuente, en dosis pequeñas

Si su niño de 3 años de edad está tratando de quitarle de sus manos el teléfono celular, golpeando el teclado mientras usted escribe o volcando la ropa que tiene apilada en la lavandería, este consejo es para usted. Es cierto que su niño de 3 años quiere que le presten atención todo el tiempo, pero eso no es posible si usted está tratando de lavar la ropa, hacer diligencias, leer su correo electrónico o mejor dicho, tener vida propia.

Tan pronto como se dé cuenta que su pequeñín está tratando de llamar su atención, bríndele su atención total por unos segundos. Mírele directamente a sus ojos, hágale algunas preguntas, escuche su respuesta. Utilice lenguaje corporal que muestre que le está poniendo atención, como dejar a un lado el teléfono. Mientras escucha sus respuestas, piense cómo reorientarlo.

5) Reoriéntelo con creatividad

Trate de reorientarlo pronto y con una voz cariñosa. Pregúntese a sí misma, "¿por qué se está portando mal el niño? ¿Qué es lo que realmente necesita?" Los comportamientos agresivos por lo general requieren un cambio de dirección físico. Por ejemplo, si un niño está arrebatando los juguetes o está gritando, puede ser que necesiten un paseo en bicicleta al aire libre por un rato. Si un niño está tirado en el piso y gimoteando (haciendo los gestos y suspiros del llanto sin llegar a él), puede necesitar un poquito de atención y alguna actividad tranquila —trate de leerle un libro.

6) Toque/acaricie a su niño de 3 años de edad varias veces al día

La mayoría de los niños de 3 años de edad necesitan de muchos abrazos, acurrucas, hasta cuando usted no tiene tiempo. Esté preparado a dejar a un lado su trabajo para abrazar a su niño, muchas veces al día. No olvide decirle con palabras, "te quiero", especialmente cuando su niño de 3 años no se está portando bien.

7) Trate de anticiparse a los infractores reincidentes

Los niños, como los adultos, tienen patrones de mal comportamiento. Hacen mal las mismas cosas, una y otra vez. ¿El niño pelea todas las mañanas sobre la ropa que se va a poner, o batalla para abrocharse el cinturón del asiento de seguridad del auto? Conozca a sus infractores reincidentes, intervenga temprano y trata de animar al niño para que tome buenas decisiones.

Yo tenía una niña de 3 años de edad que le gustaba rehusarse a abrocharse en el asiento de seguridad porque sabía que así podía controlar a toda la familia —el automóvil no arrancaba hasta que ella estuviera abrochada. Entre más se rehusaba, se enojaban más los otros niños y de esta manera se sentía poderosa. Y en buen día, camino hacia el automóvil, dije: "si todos dicen que, '¡te queremos!' tres veces, ¿puedo abrocharte en tu asiento de seguridad?" Ella dijo, "De acuerdo, pero tienen que decírmelo cinco veces". Lo hicimos y todos nos reímos. Al darle un poco de control a ella en un asunto pequeño, usted puede controlar toda la situación.

8) Fíjese expectativas claras

Escriba una lista con las reglas de la familia.

Para los niños de 3 años edad, haga una lista corta y simple. Por ejemplo:

1) usar la voz en tono afectuoso
2) obedecer a mami y papi
3) no lastimar a otras personas.

Discuta las reglas a diario y elogie su cumplimento a la hora de la cena o a la hora de dormir.

9) Enséñele obediencia

Los niños no nacen obedientes. Tenemos que enseñarles. Los niños de 3 años de edad buscan autonomía por naturaleza y lucharán contra la obediencia. El truco es enseñarles a los niños a que ellos quieran ser obedientes, que ellos recibirán muchos elogios y reafirmación positiva cuando hacen lo que usted les pide.

Para practicar la obediencia, jueguen: "Simón dice", excepto cambiándolo a "mami dice" o "papi dice". Empiece con las instrucciones típicas como, tocarse la cabeza, aplaudir con las manos y luego haga la transición a guardar los juguetes en el lugar que les corresponde.

10) Elogie el esfuerzo, no el resultado

Trate de elogiar muchas veces más que las que corrige, pero elogie siempre en el momento. Elogie el esfuerzo, no el resultado: demasiados elogios pueden también tener un efecto contrario en los logros del niño —puede fijar expectativas muy altas y llevarlos a temer el fracaso. La revista New York Times hizo un excelente resumen (en inglés) sobre importantes estudios de investigación que tratan sobre este efecto paradójico.

11) Tenga a la mano un gráfico de comportamiento para usar con calcomanías

Las calcomanías nunca serán tan poderosas como cuando su niño tiene 3 años. Disfrútelo. Consiga un gráfico/cuadro y empiece a hacerle un seguimiento a los días en que su niño de 3 años no se sale de la cama o no moja su ropa  interior durante todo el día, etc.

12) Sea consistente

Consistencia no significa castigos fuertes o gritos, quiere decir abordar con consistencia los mismos problemas de comportamiento. Si dejar los zapatos en el piso no está bien el lunes, no se los puede recoger a su niño el martes. Tampoco significa que su niño de 3 años deba ser hostigado verbalmente.
Póngase de acuerdo también con los otros proveedores del cuidado de su niño: ¿Que sistema de reafirmación positiva tienen fijado para su niño en el salón del preescolar? ¿Que sucede en la casa de la abuela? Si estos están funcionando fuera de casa, trate de usarlos también en su hogar. Las reglas en la escuela y en el hogar deben ser lo más similares posibles.

13) Cuando todo falle, recurra al "tiempo fuera"

No se enoje, sólo dígale a su pequeño desafiante que debe cumplir una pausa obligada o tiempo fuera, y si no quiere ir, llévelo directamente al lugar designado. Cerciórese de señalar con anterioridad el lugar para el tiempo fuera y trate de ser consistente respecto a este lugar. Asigne un minuto de tiempo fuera por cada año de vida o dígale que se quede en ese lugar hasta que deje de llorar y sea amable.

Mientras que su niño patalea y grita cuando lo lleva a su lugar para el tiempo fuera, dígale suavemente que lo quiere. Resiste el impulso de hacerlo entrar en razón. Él tiene 3 años. No será razonable.
Cuídese o vele por sí mismo Pida ayuda. Trate a fondo ciertas situaciones. Tome un descanso. Recuerde que pronto cumplirá los 4 años —espero que realmente sean los "agradables cuatro".

Fuentewww.healthychildren.org

{¿Por qué nos queremos "comer" a nuestros hijos?}

Mi suegra siempre dice una frase muy conocida y graciosa con respecto a los hijos: "Cuando son chiquitos, son divinos, ¡te los querés comer! Pero después crecen y de grandes, te preguntás: ¡¿por qué no me los habré comido?!".

La verdad es que muchos bebés y niños pequeños entran para mí en la categoría de "morfables". El mío particularmente tiene unos cachetes desproporcionadamente grandes y suavecitos que son una tentación para cualquiera. Si bien está claro que lo hacemos con cariño, son muchas las veces que nos arrebatan las ganas de morder, pellizcar o apretujar a un bebé. Y me quedo tranquila de que no soy la única a la que le pasa: hace unos años salió un estudio de la Universidad de Yale que explica que al parecer, es una respuesta común que se genera en nuestro cerebro frente a un estímulo que nos inspira mucha ternura. Sí, respondemos a la ternura con una especie de agresión controlada.

De hecho, muchas veces reaccionamos de maneras contradictorias frente a emociones fuertes, como cuando lloramos de alegría o nos reímos en momentos de tensión. Y según palabras de la investigadora de Yale, Oriana Aragón, a la revista Psychological Science, esto sucede para ayudar a mantener un equilibrio emocional: "La gente se expresa de maneras contrarias a lo que sienten para intentar recuperar un equilibrio en sus emociones. Suelen producirse estas reacciones ante situaciones que nos sobrepasan de manera positiva, y actuar así nos ayuda a volver a la normalidad emocional de manera más rápida". O sea que si no controláramos así nuestras emociones, ¿qué pasaría? ... Iríamos por la vida ¿descontroladamente felices?

Otra opinión acerca del tema me la dio la psicóloga infantil y orientadora de padres Maritchu Seitún, que destacó que una de las formas de conexión más primitivas que tenemos con el mundo es la boca y explicó: "Los bebés se llevan todo a la boca, por lo que es esperable que ante el tierno amor que despierta un bebé, y ante esa sensación de indefensión y necesidad de cuidados que nos despierta, no me sorprende que se despierte también en nosotros esa forma tan antigua de conectarse y conocer a ese bebé... a través de la boca".

Además, otra justificación para esta conducta nuestra tan extraña de morder a los bebés que encontró Maritchu, es "la tarea adulta de preparar a los bebés para tolerar y procesar estímulos cada vez más intensos y fuertes: morder a un bebé o hacerle cosquillas o tirarlo al aire son ejercitaciones de este tipo. Lo provocan para que vaya perdiendo el miedo, para que vaya tolerando esos estímulos. Es decir que son también ejercicios que tienen un sentido para el fortalecimiento y el desarrollo de la capacidad de regulación del bebé".

¿Quién hubiera dicho? Evidentemente frases tan típicas como "¡Me lo morfo!", "Ese bebé es comestible" o hasta "¡Qué delicia ese gordo!" tienen su basamento científico y psicológico y son expresiones lógicas que equilibran nuestro cerebro. ¡Menos mal! Puedo seguir pellizcando y mordisqueando tranquila los cachetes de mi niño.

Fuentes consultadas: Maritchu Seitún, Lic. en psicología y orientadora de padres y Dimorphous Expressions of Positive Emotion Displays of Both Care and Aggression in Response to Cute Stimuli, por Oriana Aragón

Fuentewww.lanacion.com.ar

jueves, 23 de enero de 2014

{A qué le temen sus hijos}



A los extraños

Los miembros de la familia son las únicas personas que posiblemente hasta ahora ha visto su hijo.
Los nuevos rostros le crearán desconfianza, recelo y temor.  

- Al llegar al jardín o a la guardería esas personas extrañas ocasionarán el llanto en el niño. El primer paso es abrazarlo y mostrarle que es una persona reconocida por los padres y que no le hará ningún daño.

- Pedirle a esa persona que se acerque en una forma tierna y suave. Sonreírle y consentirlo ayudará a establecer confianza con el niño, pero no se debe forzar a que él se sienta cómodo con el adulto; sólo lo hará con tiempo y cuando así lo sienta.

A la separación

- El niño no entiende términos cronológicos; por eso, decirle que lo vendrá a buscar más tarde al jardín o a la guardería genera temor de que no va a venir por él. El papel de la profesora o profesor será esencial para crear rutinas. Por ejemplo, establecer siempre antes de la hora de salida una actividad como cantar o pintar y decirle al niño, que los papás vendrán después de terminada.

- Que sea la misma persona la que deje y recoja al niño durante esa adaptación facilitará el proceso.

- Manifestar ansiedad y llorar cuando se deja al niño le contagiará el temor.

- Es posible que se necesite la presencia del adulto en el salón, mientras el niño se calma. Que esa estadía sea solo física, no interfiera con las actividades de la jornada.

A la oscuridad

Aunque puede desaparecer cerca de los nueve años, puede permanecer por más tiempo. Muchos adultos aún le temen.

Un espacio oscuro puede asociarse con pesadillas, monstruos y soledad por la separación de los padres.

Una táctica para controlar este temor, por ejemplo, es consolar al niño en la oscuridad si se despierta llorando por una pesadilla. Crear juegos agradables en ambientes oscuros como la gallinita ciega, sombras en la pared o a las escondida.

Fuentewww.abcdelbebe.com

{El camino a la independencia}



En estos meses el bebé comienza a asumir el reto de la independencia y la curiosidad aumenta su capacidad de aprendizaje.

El niño desarrollará más equilibrio; por lo tanto, se arriesgará a correr, saltar, trepar, brincar, subir e incluso bajar escalones con apoyo.

Reconocerá los sonidos y la música, moverá su cuerpo. Intentará bailar o palmotear siguiendo una melodía .

Este es el momento de comunicarse y para eso el bebé reduce los gestos.

En el mes 19 intenta imitar vocablos, luego hará frases cortas, cambiará el orden de las palabras y llegando a los dos años, formará algunas oraciones compuestas muy sencillas.

En los meses posteriores hará preguntas, así no pronuncie bien, lo normal es que utilice 100 palabras.

El reto es hacerse entender y lo logrará poco a poco. Primero identificará su nombre, luego el de los distintos objetos. Finalmente, reconocerá algunos colores y diferenciará tamaños.

Comenzará a expresar sus emociones y así como se inician las rabietas, también el bebé demostrará afecto a través de caricias y besos.

El niño aprenderá a mostrar placer al compartir la mesa y las actividades con otros niños. Jugará, halará, lanzará y arrastrará objetos, además usará los pies para empujarse en un triciclo, podrá clasificar las figuras geométricas y jugará a la pelota.

Al llegar a los dos años, el niño puede ayudar a quitarse la ropa y mover su cuerpo con mayor voluntad.

Fuentewww.abcdelbebe.com

{12 a 18 meses, tiempo de formar la conducta del niño}



En este periodo los niños comienzan a experimentar un deseo de independencia, incentivado por su nueva habilidad de caminar. Por eso, desde esta edad se les debe enseñar los límites de un comportamiento apropiado y los de uno inadecuado, haciendo que aprenda de sus actos para ir formando una conducta.

Esta época, cuando los niños comienzan a caminar, es el momento ideal para empezar a introducir valores, razonamientos e incentivos con el fin de aprender las reglas de comportamiento aceptadas.

Las primeras reglas que se le imponen al niño deben estar encaminadas a proteger su seguridad. Los padres tienen la función de explicar claramente las cosas que se pueden hacer y las que no, y para ello pueden hacer uso de cuatro técnicas apropiadas.

♥ Distraer al niño para que no ponga atención a actividades peligrosas.

♥ Convertir el “no” en una palabra para cuestiones de seguridad. Si el niño escucha la palabra “no” con demasiada frecuencia, empezará a hacer caso omiso de ella.

♥ Comunicarse sin palabras para que entienda con una mirada o un gesto.

♥ Nunca hay que pegarle ni usar castigos corporales.

Durante este período, el niño iniciará un proceso de integración social y empezará a jugar con otros de su misma edad. Por eso, es importante enseñarle a compartir y a entender qué cosas son de él y cuáles no.

En general, los padres y las personas que se encuentran alrededor del niño deben ser cuidadosos con las cosas que dicen y hacen en frente de él, porque en esta etapa tiende a imitarlo todo. Además, aprende rápidamente.

Fuentewww.abcdelbebe.com