Qué cabe esperar a esta edad
Los seres humanos tenemos empatía por naturaleza, al menos hasta cierto punto. Algunos estudios indican que los bebés que lloran cuando escuchan llorar a otro bebé, son más empáticos de mayores.
Aun así, los niños en edad preescolar, como sabemos todos los padres, no son un modelo de comportamiento desinteresado y generoso. La empatía es algo que tienen que aprender de ti.
Si tu hijo pega a su hermana, por ejemplo, puedes decirle: “Hace daño cuando pegas a las personas. Así es como hay que tocar a la gente, con suavidad. ¿Cómo se siente?”. En algún momento comprenderán el mensaje, pero seguramente les llevará un tiempo.
Qué puedes hacer
- Dale un nombre al sentimiento
Para que tu hijo pueda reconocer sus emociones. Dile: “Pedro, estás siendo muy amable”, cuando tu hijo te bese el dedo en que te hiciste daño. Aprenderá de tu reacción que su reacción amable se reconoce y se valora.
Tiene que aprender a reconocer emociones negativas también, así que no temas señalar con calma cuando su comportamiento no sea el que esperas. Procura decir algo como: “Cuando le quitaste el sonajero a tu hermanito se puso muy triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”.
Otra idea para enseñarle a entender y definir sus emociones es tener "el sentimiento de la semana". Cada semana pones a la vista una foto de alguien experimentando una emoción: tristeza, alegría, sorpresa, enojo. Habla con tu hijo sobre cuando se siente esas emociones.
- Alaba su comportamiento
Cuando se muestre generoso o muestre empatía. Cuando tu hijo realice un acto de generosidad, señálale lo que hizo bien y sé lo más específica que puedas: “Fuiste muy generoso compartiendo tu osito con tu hermanito. Eso le hizo muy feliz, ¿ves cómo sonríe?”.
- Anímalo a hablar de sus sentimientos y de los tuyos
Hazle saber que te importan sus sentimientos, escuchando con atención. Mírale a los ojos cuando te habla y parafrasea lo que dice. Cuando grite: “¡Hurra!” por ejemplo, respóndele con un: “Ah, hoy te sientes muy feliz”. Es posible que no sepa responderte si le preguntas por qué, pero no tendrá problema alguno en hablarte acerca de “sentirse feliz”.
De igual manera, comparte tus sentimientos con él: “Me siento triste porque me pegaste. Pensemos en otra manera en que podrías haberme dicho que no querías ponerte esos zapatos”. Aprenderá que sus acciones afectan a otras personas, un concepto que es difícil de comprender para un niño pequeño.
Esta bien compartir tus sentimientos incluso si no tienen que ver con las acciones de tu niño.
Podrías decir "Estoy triste porque no recibí la carta de la abuela que esperaba" o "Algunas veces me enojo con papi, pero lo amo de todas formas". De esta forma, su hijo aprenderá que los adultos también tienen sentimientos y emociones y que son parte normal de la vida. Verá que aprender a manejar los sentimientos es parte importante de crecer y madurar.
- Señala el comportamiento de otras personas
Enseña a tu hijo a darse cuenta cuando alguien se ha portado de manera generosa. Procura decir: “¿Recuerdas esa señora en el supermercado, la que nos ayudó a recoger la comida cuando se nos cayó la bolsa al piso? Fue muy amable con nosotros y me hizo sentir bien cuando estaba disgustada”.
Al hacer eso, reforzarás el que tu hijo comprenda cómo las acciones de las personas pueden afectar emocionalmente a los demás. Los libros también ofrecen buenos ejemplos, así que pregúntale cómo cree que se siente el perrito que se perdió en el cuento o por qué sonríe la niña del otro cuento.
Explícale cómo te sentirías si tú fueras otro de esos personajes y pregúntale cómo reaccionaría él. Estas conversaciones le ayudarán a comprender las emociones de otras personas y a entender las suyas.
- Dale pistas verbales
Algunos niños tienen problema para entender diferentes tonos de voz. Tu hijo pequeño podría no darse cuenta de que su hermanita está llorando porque está triste y quiere que la deje de molestar.
Ayúdalo a ponerse en sintonía con las emociones de otros haciendo un juego. Repitan una frase en diferentes tonos de voz y pide que adivine qué significa cada tono. Puedes decir "Escúchame" como si estuvieras enojada, feliz o en secreto por ejemplo, y mira si puede detectar las diferencias.
- Dale pistas no verbales
Ve al parque o un área de juegos y encuentra un lugar traquilo donde tu hijo y tú se puedan sentar a observar sin molestar. Jueguen a adivinar como se siente la gente que miran y trata de que las respuestas sean elaboradas: "¿Ves a ese niño? creo que está feliz porque está brincando y se ríe? ¿por qué estará tan contento?"
-Enséñale las reglas básicas de la buena educación
A través de los buenos modales, tu hijo puede demostrar que se preocupa por los demás y los respeta. En cuanto sea capaz de comunicarse verbalmente, puede empezar a decir "por favor" y "gracias". Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta de manera educada contigo y que no te gusta cuando te da órdenes.
Claro que ser educada con él vale más que mil palabras: di “por favor” y “gracias” con regularidad y tu hijo aprenderá que estas frases son parte de la comunicación habitual, tanto en casa como en lugares públicos.
- No uses el enojo para controlar a tu hijo
Aunque es fácil enfadarse cuanto tu hijo pega a su hermano pequeño, procura no usar tu enojo para controlar su comportamiento. Si dices “estoy muy enojada contigo” los niños suelen cerrarse y retraerse.
En lugar de eso, muestra empatía a tu hijo. Enseñar mediante la instrucción y el ejemplo es mucho más eficaz, sobre todo a esta edad. En lugar de enfurecerte, toma un momento para calmarte. Entonces, di con firmeza: “Sé que estabas enojado, pero no debes pegar a tu hermano. Eso le hizo daño y me puse triste. Por favor, pídele perdón”.
- Dale a tu hijo tareas pequeñas
Estudios demuestran que los niños que aprenden responsabilidad también aprenden altruismo y empatía. A los pequeños les encanta realizar tareas pequeñas, y algunas cosas útiles como dar de comer a las mascotas también enseñan empatía, sobre todo si después alabas su acción: “¡Mira cómo mueve la cola el perro! Eres tan amable con él… Está feliz porque le estás dando la cena”.
- Sé un buen ejemplo
Los actos de generosidad y caridad son una excelente manera de enseñar a tu hijo empatía. Llévalo contigo cuando vayas a visitar a un vecino para entregarle comida porque está enfermo, o cuando vayas a visitar a una amiga que acaba de tener un bebé.
Déjale que te ayude a empacar la ropa que llevarás a un centro de personas necesitadas o a cualquier otro lugar caritativo. Explícale que hay personas que están enfermas o que no tienen comida o ropa suficiente, y que por eso necesitan de la ayuda de otras personas.
- Empatía para niños y para niñas
En nuestra sociedad es común esperar que los hombres sean menos empáticos que las mujeres. A veces, incluso sin darnos cuenta, demandamos y alabamos más la empatía en mujeres y se la exigimos menos a los hombres. Los hombres "deben ser rudos", ten en cuenta esto al enseñar empatía a un varoncito, ser empático no tiene que ver con el género.
Fuente: espanol.babycenter.com
miércoles, 22 de marzo de 2017
{Cómo enseñar respeto}
Qué cabe esperar a esta edad
Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose.
Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.
Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba.
Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.
Qué puedes hacer
- Muestra respeto a los demás
No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.
- Enséñale a responder con educación
Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás mas dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes.
Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.
- Evita perder los nervios
Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones.
En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.
- Prepárate para diferencias de opinión
La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.
Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).
- Establece límites
Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer.
Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.
- Háblalo más tarde
A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿cómo puedes resolver el problema? ¿cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”.
Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.
- Alaba el comportamiento respetuoso
Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”.
Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.
Fuente: espanol.babycenter.com
Procurar que un niño de tres o cuatro años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose.
Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.
Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba.
Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres y cuatro años de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.
Qué puedes hacer
- Muestra respeto a los demás
No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.
- Enséñale a responder con educación
Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás mas dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes.
Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.
- Evita perder los nervios
Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones.
En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.
- Prepárate para diferencias de opinión
La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya.
Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).
- Establece límites
Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer.
Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.
- Háblalo más tarde
A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿cómo puedes resolver el problema? ¿cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”.
Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.
- Alaba el comportamiento respetuoso
Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”.
Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.
Fuente: espanol.babycenter.com
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{Enseñar responsabilidad}
Qué cabe esperar a esta edad
Un niño de tres o cuatro años no tiene la capacidad de centrarse en la bondad o de comprender su rol en la familia, y menos aún su rol en la sociedad (sí sabe, sin embargo, ¡que es el centro del universo!).
Tampoco está preparado para tareas complejas ni para marcarse su propia rutina. Pero sí quiere estar tan ocupado y ser tan importante como tú. Así que míralo de forma positiva si tu pequeño siempre está a tu lado cuando intentas hacer cosas.
Su deseo de ayudar ayuda a establecer Buenos cimientos para convertirlo en un adolescente y luego un adulto responsable.
Qué puedes hacer
- Escoge tareas apropiadas para su edad
Las tareas que son demasiado difíciles lo abrumarán. Se sentirá agobiado si le pides que “ordene su dormitorio”, algo que seguramente a ti también te resulta abrumador. “Por favor, pon tus zapatos en el armario”, es más sencillo. Te sorprenderá el orgullo y la confianza en sí mismo que obtiene al realizar estas simples tareas.
- Sé un buen ejemplo
La mejor (y seguramente más difícil) manera de enseñarle a ser responsable es ser un buen modelo para él. Pon siempre tus llaves en el mismo sitio, en lugar de dejarlas sobre la mesa del comedor. Ordena tus revistas en lugar de dejarlas tiradas en el sofá. Entonces, cuando des a tu hijo sus pequeñas tareas, muéstrale exactamente cómo hacerlas.
Decirle: “Es hora de poner la mesa”, tiene menos sentido para él que una demostración de cómo hacerlo, como: “Mira, se pone un plato delante de cada silla y las servilletas se ponen así, ¿quieres ayudarme a hacerlo?”. Si encuentras que pasas demasiado tiempo demostrando a tu hijo cómo realizar una tarea, seguramente es demasiado compleja para él.
- Lo primero es lo primero
Tu hijo a esta edad no es demasiado pequeño para aprender que hay que trabajar antes de jugar. Entenderá el mensaje cuando le digas: “Sí quiero llevarte al parque, pero primero tenemos que recoger la mesa”.
Díselo en tono amable y admite que tú también prefieres las cosas entretenidas; entonces comprenderá que no estás siendo mandona, sino que sólo esperas que se comporte de manera responsable.
- Convierte la tarea en un juego
Todos disfrutamos más de las tareas cuando son ocasiones entretenidas y sociales. A tu hijo le hace feliz pasar tiempo contigo y no considera que vaciar la secadora sea una tarea. Le resulta divertido sacar la ropa calentita de la secadora y ponerla en una cesta. Pon música y baila con él mientras limpian el polvo, o hagan carreras para ver quién guarda más bloques de construcción.
- Establece una rutina
Tu hijo aprenderá hábitos de responsabilidad con mayor facilidad si estableces una rutina desde el principio. Enséñale a guardar la ropa sucia en el lavadero y a guardar sus juguetes después del baño. Aprenderá que las tareas forman parte del día a día, y no son sólo algo que los adultos le obligan a hacer por capricho.
- Exprésate de manera positiva
Aclárale que tu hogar tiene reglas que todos tienen que seguir, pero establécelas de manera positiva. En lugar de darle un ultimátum ("Si no haces esto, no te daré aquello"), adopta la actitud de "cuando hagas lo que tienes que hacer, entonces podrás hacer lo que quieres hacer". Si tu hijo dice: “Quiero una galleta”, responde diciendo: “Cuando te sientes a la mesa, podrás comer una galleta”.
Decir "Si aseas tu habitación, te daré una recompensa” es un soborno para que tu hijo haga lo que debería ser un comportamiento normal, y además le da la opción de creer que puede vivir sin la recompensa, y así decidir no guardar sus juguetes.
- Dale espacio
Para ahorrar tiempo y esfuerzo, quizá te veas tentada a agarrar su plato y llevarlo tú misma al lavaplatos. Intenta resistir esa tentación. En vez de eso, concéntrate más en los esfuerzos de tu hijo y no en sus logros.
Es posible que no haga una tarea de manera perfecta, pero criticarlo o hacer tú sus tareas, sólo ahogará sus deseos de ayudar. Recuerda que con la práctica se mejora. Procura hacer sugerencias positivas: “Has limpiado tu plato muy bien, pero a mí me gusta poner los platos sucios en el lavaplatos y no en el armario”.
- Prepárate para altibajos
Debido a su edad, tu hijo no puede hacerlo todo bien, siempre. Pero normalmente obtendrás mejores resultados cuando se dé cuenta de que hay un patrón. Procura no expresar enojo o desilusión si tiene un mal día. Sólo dile con tranquilidad: “Recuerda que siempre hay que guardar los juguetes cuando termines de jugar con ellos”.
- Alábalo mucho
El refuerzo positivo enseñará a tu hijo que sus esfuerzos son importantes y que los aprecias. Sé específica cuando lo alabes: “Lo hiciste tan bien cuando pusiste la comida del perro en su plato”, en lugar de decir “¡Bien hecho!”. Cuando proceda, dile cómo sus esfuerzos han ayudado a los demás: “Ahora que has puesto las cucharas en la mesa podemos tomar la sopa. ¡Sentémonos!”.
Fuente: espanol.babycenter.com
Un niño de tres o cuatro años no tiene la capacidad de centrarse en la bondad o de comprender su rol en la familia, y menos aún su rol en la sociedad (sí sabe, sin embargo, ¡que es el centro del universo!).
Tampoco está preparado para tareas complejas ni para marcarse su propia rutina. Pero sí quiere estar tan ocupado y ser tan importante como tú. Así que míralo de forma positiva si tu pequeño siempre está a tu lado cuando intentas hacer cosas.
Su deseo de ayudar ayuda a establecer Buenos cimientos para convertirlo en un adolescente y luego un adulto responsable.
Qué puedes hacer
- Escoge tareas apropiadas para su edad
Las tareas que son demasiado difíciles lo abrumarán. Se sentirá agobiado si le pides que “ordene su dormitorio”, algo que seguramente a ti también te resulta abrumador. “Por favor, pon tus zapatos en el armario”, es más sencillo. Te sorprenderá el orgullo y la confianza en sí mismo que obtiene al realizar estas simples tareas.
- Sé un buen ejemplo
La mejor (y seguramente más difícil) manera de enseñarle a ser responsable es ser un buen modelo para él. Pon siempre tus llaves en el mismo sitio, en lugar de dejarlas sobre la mesa del comedor. Ordena tus revistas en lugar de dejarlas tiradas en el sofá. Entonces, cuando des a tu hijo sus pequeñas tareas, muéstrale exactamente cómo hacerlas.
Decirle: “Es hora de poner la mesa”, tiene menos sentido para él que una demostración de cómo hacerlo, como: “Mira, se pone un plato delante de cada silla y las servilletas se ponen así, ¿quieres ayudarme a hacerlo?”. Si encuentras que pasas demasiado tiempo demostrando a tu hijo cómo realizar una tarea, seguramente es demasiado compleja para él.
- Lo primero es lo primero
Tu hijo a esta edad no es demasiado pequeño para aprender que hay que trabajar antes de jugar. Entenderá el mensaje cuando le digas: “Sí quiero llevarte al parque, pero primero tenemos que recoger la mesa”.
Díselo en tono amable y admite que tú también prefieres las cosas entretenidas; entonces comprenderá que no estás siendo mandona, sino que sólo esperas que se comporte de manera responsable.
- Convierte la tarea en un juego
Todos disfrutamos más de las tareas cuando son ocasiones entretenidas y sociales. A tu hijo le hace feliz pasar tiempo contigo y no considera que vaciar la secadora sea una tarea. Le resulta divertido sacar la ropa calentita de la secadora y ponerla en una cesta. Pon música y baila con él mientras limpian el polvo, o hagan carreras para ver quién guarda más bloques de construcción.
- Establece una rutina
Tu hijo aprenderá hábitos de responsabilidad con mayor facilidad si estableces una rutina desde el principio. Enséñale a guardar la ropa sucia en el lavadero y a guardar sus juguetes después del baño. Aprenderá que las tareas forman parte del día a día, y no son sólo algo que los adultos le obligan a hacer por capricho.
- Exprésate de manera positiva
Aclárale que tu hogar tiene reglas que todos tienen que seguir, pero establécelas de manera positiva. En lugar de darle un ultimátum ("Si no haces esto, no te daré aquello"), adopta la actitud de "cuando hagas lo que tienes que hacer, entonces podrás hacer lo que quieres hacer". Si tu hijo dice: “Quiero una galleta”, responde diciendo: “Cuando te sientes a la mesa, podrás comer una galleta”.
Decir "Si aseas tu habitación, te daré una recompensa” es un soborno para que tu hijo haga lo que debería ser un comportamiento normal, y además le da la opción de creer que puede vivir sin la recompensa, y así decidir no guardar sus juguetes.
- Dale espacio
Para ahorrar tiempo y esfuerzo, quizá te veas tentada a agarrar su plato y llevarlo tú misma al lavaplatos. Intenta resistir esa tentación. En vez de eso, concéntrate más en los esfuerzos de tu hijo y no en sus logros.
Es posible que no haga una tarea de manera perfecta, pero criticarlo o hacer tú sus tareas, sólo ahogará sus deseos de ayudar. Recuerda que con la práctica se mejora. Procura hacer sugerencias positivas: “Has limpiado tu plato muy bien, pero a mí me gusta poner los platos sucios en el lavaplatos y no en el armario”.
- Prepárate para altibajos
Debido a su edad, tu hijo no puede hacerlo todo bien, siempre. Pero normalmente obtendrás mejores resultados cuando se dé cuenta de que hay un patrón. Procura no expresar enojo o desilusión si tiene un mal día. Sólo dile con tranquilidad: “Recuerda que siempre hay que guardar los juguetes cuando termines de jugar con ellos”.
- Alábalo mucho
El refuerzo positivo enseñará a tu hijo que sus esfuerzos son importantes y que los aprecias. Sé específica cuando lo alabes: “Lo hiciste tan bien cuando pusiste la comida del perro en su plato”, en lugar de decir “¡Bien hecho!”. Cuando proceda, dile cómo sus esfuerzos han ayudado a los demás: “Ahora que has puesto las cucharas en la mesa podemos tomar la sopa. ¡Sentémonos!”.
Fuente: espanol.babycenter.com
{11 maneras de aumentar la autoestima de tu hijo}

Bríndale atención
Nutrir la autoestima de tu hijo puede parecer una gran responsabilidad. Después de todo, es normal que sus niveles de autoestima suban y bajen, ¡y es algo que les pasa incluso a los adultos más seguros de sí mismos!
A veces nos sentimos bien con nosotros mismos y a veces no. Es importante que ayudes a tu hijo a cultivar su capacidad de adaptación, y que te asegures que sienta orgullo y respeto por sí mismo y por sus raíces culturales. Así lo ayudarás a confiar en su capacidad de enfrentar los retos de la vida.
A continuación, te brindamos once sencillos consejos para que aumente la autoestima de tu hijo.
Dale amor incondicional
Dale mucho amor, abrazos y besos. Dile cuánto lo quieres, no importa lo que haga. La autoestima de un niño florece cuando lo aceptas tal y como es, sin importar cuáles son sus puntos fuertes, sus dificultades, su temperamento o su destreza.
Cuando tengas que disciplinarlo, aclárale que es su comportamiento y no él lo que es inaceptable. Por ejemplo, en lugar de decirle "¡Eres un niño malo!" o "¿Por qué no puedes ser bueno?", dile: "No estuvo nada bien que empujaras a Gabriel. Puedes lastimarlo. Por favor, no empujes".
Bríndale atención
Aparta tiempo para dedicarle a tu hijo tu atención completa, sin hermanitos ni otras personas que te distraigan. Salgan juntos a caminar o pasen media hora juntos antes de irse a la cama. Tu atención le ayudará a reforzar la sensación de que es valioso e importante para ti.
No tiene que ser mucho tiempo, pero, por ejemplo, si tu niño quiere hablar contigo, deja de mirar la correspondencia o apaga el televisor para conversar con él. Míralo a los ojos para que sepa que realmente lo estás escuchando.
Establece límites
Establece algunas reglas razonables y haz tu hijo las respete. Por ejemplo, si le dices que tiene que comer su merienda en la cocina, no le permitas que coma por toda la casa al día siguiente.
Es importante que sepa que algunas reglas no se pueden cambiar. Eso le ayuda a sentirse más seguro. Es posible que tengas que repetir muchísimas veces las reglas que estableciste, antes de que las siga. Procura ser clara y consistente, y muéstrale que confías en él y sabes que hará lo que esperas.
Ofrécele opciones
Para un niño de 2 años, una buena regla es proporcionarle dos opciones diferentes. Y es que a esta edad, tu niño no está listo aún para elegir entre demasiadas alternativas. Por ejemplo, pregúntale si prefiere ponerse la camisa roja o la amarilla, o si prefiere desayunar cereal de avena o hojuelas de maíz.
Cuando tenga 3 o 4 años podrás darle más opciones, y al mostrarle que confías en su capacidad de decisión, le ayudas a construir su autoestima.
Déjalo que cometa errores
Si pone su plato demasiado cerca del borde de la mesa y se cae, no lo regañes. Mejor pregúntale qué puede hacer de manera diferente la próxima vez para que no suceda lo mismo. Ayúdalo a entender que es normal cometer errores de vez en cuando y que eso no significa que deba sentirse mal.
Cuando tú misma cometas un error, admítelo con tranquilidad. Al reconocer tus propios errores y mostrarle que te recuperas sin dificultad, le estás enseñando a tu hijo una poderosa lección, ya que eso le ayudará a aceptar sus propios errores con más facilidad.
Facilítale el éxito
Ponle una banqueta al lado del lavabo para que tu hijo pueda lavarse solito los dientes y las manos. Guarda sus juguetes y libros en un lugar donde los pueda alcanzar. Cómprale ropas que se pueda poner y quitar sin ayuda.
Al darle los recursos que necesita para cuidar de sus propias necesidades, fomentarás su independencia y su confianza en la capacidad de hacer las cosas por sí mismo.
Celebra lo positivo
Haz un esfuerzo por reconocer, todos los días, las cosas buenas que hace tu hijo y dilo en voz alta. Le puedes comentar a su papá: "José lavó todos los vegetales para la cena". El pequeño no sólo disfrutará de tus palabras de aliento sino también de los comentarios positivos de su padre.
Sé específica. En lugar de decir "¡Lo hiciste muy bien! ", di: "Gracias por esperar con tanta paciencia en la fila". Tu pequeño tendrá la sensación de haber logrado algo y su autoestima se fortalecerá. Además sabrá exactamente qué fue lo que hizo bien.
Acepta sus emociones
Cuando tu hijo tenga una rabieta porque no se quiere ir del parque, procura ver las cosas desde su punto de vista. Para un niño de 2 años de edad, tener que dejar de jugar para irse a casa es, realmente, una verdadera tragedia.
Ayúdalo a sentirse cómodo con sus emociones definiendo o nombrando lo que siente. Dile: "Comprendo que estés triste porque tenemos que irnos del parque". Si aceptas sus emociones sin juzgarlo, reafirmas sus sentimientos y le demuestras que lo que él dice es importante.
Evita comparaciones
Evita comentarios tales como "¿Por qué no eres como tu hermana? " o "¿Por qué no eres agradable como Pedro?". Simplemente le recordarán a tu hijo sus defectos. Incluso comparaciones positivas como "Tú eres el mejor jugador", son potencialmente dañinas porque a tu hijo se le hará difícil alcanzar tu nivel de exigencia.
Si en cambio le dices que lo aprecias por ser como es, y no por ser mejor o peor que los demás, será más probable que se valore a sí mismo.
Muéstrale tu propia autoestima
Una de las mejores maneras de fomentar el desarrollo de la autoestima de tu hijo es mostrándole la tuya propia. Demuéstrale que te sientes orgullosa de tus logros y haz lo posible por evitar decir cosas negativas sobre ti misma como: "¡Qué idiota soy!", cuando cometas un error.
Ofrécele aliento
Todos los niños necesitan apoyo de sus seres queridos. Es importante repetirle que crees en él y que lo animes a seguir adelante. Dar aliento significa reconocer el progreso, y no solo premiar un logro. Si tu hijo tiene dificultades en abrocharse el pantalón, dile: "Estás poniendo todo tu empeño, ¡y casi lo logras!". Eso hará que se sienta bien consigo mismo, aunque aún no tenga la capacidad de hacerlo solito.
Fuente: espanol.babycenter.com
jueves, 26 de enero de 2017
¿A qué edad hay que regalar el primer móvil a un niño?
A partir de los 14-15 años.
Conozca las normas que deben seguir los chicos para utilizar estos dispositivos con sensatez
Los móviles son el regalo estrella de la Primera Comunión... Y de cumpleaños, Reyes... Pero a los niños y adolescentes ya no les basta con emitir y recibir llamadas y mensajes. Lo suyo son los smartphone, los teléfonos de última generación: con cámara de fotos y vídeo, juegos, aplicaciones, acceso a internet... Lo cierto es que llevan un ordenador en el bolsillo. Una herramienta que les permite muchas posibilidades de ocio y aprendizaje, pero también con serios peligros. Exige tanta responsabilidad que muchos padres se sienten desorientados preguntándose a qué edad están preparados los chicos para utilizarlos.
Los niños españoles tienen en sus manos estos dispositivos a edades muy tempranas. Y de forma generalizada. Tres de cada diez chicos de 10 años poseen un móvil. A los 12 años disponen de esta herramienta el 69% de los chavales. Y a los 14, el 83%. Son datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que evalúa el uso de nuevas tecnologías por parte de menores de 10 a 15 años. No recoge datos por debajo de esa edad. Pero los expertos advierten de que ya hay muchos niños de nueve años manejando estos dispositivos. «Incluso algunos con cinco años saben lo que es un iPhone», afirma Juanma Romero, fundador y director de Adicciones Digitales.
Presión social
Lo más frecuente es que cuando el niño cumple doce años los padres se rindan ante las nuevas tecnologías. «Los chicos no tienen todavía madurez suficiente, pero los padres les compran el móvil para tenerles localizados. Tampoco pueden aguantar la presión de los hijos y del entorno», dice Juama Romero.
En efecto, la presión social es tremenda. Incluso «Las propias compañías ponen en marcha toda su maquinaria de márketing para vender los smartphone cada vez a edades más tempranas. Algunas pretenden que sea a los ocho años», explica Óscar González, profesor de Primaria y director de Escuela de Padres con Talento.
Llegada al instituto
A los doce años, el paso de Primaria a Secundaria supone una revolución. «A esas edades se forman grupitos de amigos en el WhatsApp (el servicio más utilizado por los adolescentes). Si el chico no tiene móvil está fuera de ese canal de comunicación en el que se entera de muchas cosas y en el que pertenece a un grupo, algo fundamental a esas edades», señala el profesor González.
Pero eso entraña riesgos: estar siempre pendiente del móvil incluso por la noche, restando horas al descanso; no estudiar o incumplir con las actividades diarias; usar el móvil en clase con la consiguiente sanción... Lo peor: ser víctima de ciberbullying; colgar imágenes comprometidas en redes sociales; contactar con desconocidos...
Por esos y otros muchos motivos, ambos expertos creen que hay que retrasar el uso del móvil todo lo que se pueda. A partir de los 14-15 años es la edad adecuada para utilizarlo de forma más sensata y con mayor madurez. «Ya se han asentado en el instituto, poseen su grupo de amigos fijo, conocen y controlan su entorno... E incluso si es un buen chico el móvil puede ser un gesto de confianza de los padres», dice González.
Lo que deben hacer los padres para un uso responsable
- Debemos dejar bien claro a nuestros hijos lo que pueden o no hacer con el móvil.
- No permitir que se lo lleven a la cama por la noche. Aunque argumenten que esperan el último mensaje de un amigo o amiga. Eso les crea ansiedad y, a veces, el mensaje no se recibe. Por eso, dejan de dormir. El móvil tiene que estar apagado, porque ante cualquier urgencia están los padres.
- Los padres deben dar ejemplo. Y dejar de lado el móvil en casa, solo para cuestiones urgentes, no obsesionarse también con el WhastApp.
- Concienciárles que el móvil en clase tiene que estar apagado.
- Al principio, se puede dejar el móvil durante el fin de semana. Poco a poco y según sea o no responsable, se irá ampliando ese periodo.
Fuente: www.abc.es
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miércoles, 4 de enero de 2017
lunes, 2 de enero de 2017
{Menos pantallas: los chicos vuelven a los juegos de sus padres}
El elástico y la soga son furor en las nuevas generaciones; el desafío de la botella, gracias a las redes, está entre los preferidos; los especialistas los recomiendan porque ayudan a la sociabilidad.
Terminaron las clases. Los chicos están aburridos y en muchos de los hogares porteños la queja de los padres ya no pasa por restringir las horas frente a la tablet. "Santi, pará un segundo con la botellita que abajo hay gente", le ruega su madre. Santiago tiene 7 años y desde hace algunos meses se sumó al pelotón de fanáticos del juego del momento: el botella challenge. Con un objetivo simple como tirar una botellita de plástico, hacerla girar en el aire y lograr que caiga parada, el desafío se convirtió en un fenómeno en los recreos escolares, en los clubes y ahora también en las colonias de verano. Todo comenzó con un video subido a las redes sociales, y en pocos días fue sensación.
Por sus características y su forma de practicarlo se lo podría catalogar dentro de aquellos juegos de antaño que los especialistas denominan tradicionales, como el elástico, el pata pata o la soga, que también ganaron protagonismo en una generación de chicos que prácticamente desestima el juego analógico.
En pleno auge del entretenimiento digital, ¿cuál es la clave de este tipo de juegos que logran fascinar tanto a los chicos? O, en contrapartida, ¿por qué el Pokémon Go pasó de ser la aplicación más descargada al ostracismo cibernético?
Según Silvia Bacher, docente y autora del libro Navegar entre culturas. Educación, comunicación y ciudadanía digital, los adultos no deberíamos asombrarnos tanto, porque el avance de la tecnología no derriba la necesidad que tienen los chicos de experimentar en otros campos. "Para ellos son distintas dimensiones que coexisten sin obstáculos. Pasan de la consola de juegos al desafío de la botellita con naturalidad, sin prejuicios. En realidad, todas las culturas se construyen sobre la base de las existentes. De hecho, este juego tan simple que tiene la frescura de lo interpersonal y donde se ponen algunas destrezas en acción se hizo popular por las redes sociales. Un desafío en construcción colectiva que usa la plataforma digital como recurso expansivo", señala la especialista.
La "nueva" Playstation
Agustín Ingala, de 12 años, es fanático del botella challenge. Lo juega en todos lados y con todos sus amigos, y con la práctica dice que mejoró su técnica. "Cuando le pregunté qué hacían con esa botellita todo el tiempo me dijo que era la nueva Playstation 5 -cuenta Susana Galante, su madre-. Lo puso a esa altura, y me encanta."
Carolina Sanllorenti, madre de Josefina, de 9 años, y vicedirectora de inglés de la Nueva Escuela Argentina (NEA), también recuerda que a lo largo del año resurgieron otros juegos con efectos similares. "A principios de año tuve que salir corriendo a comprar una soga. Después fue el pata pata [un aro unido a una soga y con una bola en el extremo que se coloca en un tobillo y con el otro pie se trata de esquivarla]. Con el elástico hubo un boom que sigue, y me parece muy bueno que puedan salir de las pantallas. Se encienden otras ideas. Y el efecto es contagioso", señala.
A través de este tipo de juegos, coinciden los expertos, los chicos desarrollan distintas habilidades. "El cuerpo ocupa un lugar central y deja de estar adormecido como cuando un chico se sienta frente a una pantalla. Pero me parece importante que los adultos nos distanciemos de ese discurso de polaridad. No son dos mundos que están en puja, porque los chicos viven sus actividades como un continuo, y pasan de una cosa a otra con total naturalidad", opina la psicopedagoga Gabriela Valiño, docente del Departamento de Educación de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Mientras los padres festejan que sus hijos abandonen la tablet o la consola por algo tan simple como tirar una botellita por el aire, en muchos colegios porteños, y ahora también en algunas colonias de verano, el juego fue prohibido. Según los argumentos que dieron algunos coordinadores y directivos, la razón está en el cuidado de los chicos. Botellas que se rompen o que vuelan demasiado alto y pueden lastimar a otro. Sin embargo, María Regina Öfel , psicopedagoga y directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego, no está de acuerdo con esta medida y considera que en lugar de prohibir el juego se podría regular. "No creo que sea una buena medida quitarlo de plano. Hay que buscar el modo de negociar, habilitar opciones para que se organicen y puedan seguir disfrutando y compartiendo en grupo."
El respaldo de los adultos
Valeria Manzuoli, madre de Ciro, de 11 años
"Prefiero que me moleste con la botellita y no que esté toda la tarde con la tablet. Creo que en este tipo de juegos ponen el cuerpo en acción y son más creativos"
Silvia Bacher, docente
"Hay una necesidad de experimentar de distintas maneras; los chicos no tienen el prejuicio entre un juego y otro. Hay que reconocer la capacidad de navegar entre culturas"
Natalia Baldoma, madre de Valentina,de 11 años
"Cuando la veo con la botellita o saltando al elástico me recuerda a mi niñez. Entre tanta tormenta tecnológica me parece genial que puedan divertirse con cosas sencillas, básicas y económicas"
Terminaron las clases. Los chicos están aburridos y en muchos de los hogares porteños la queja de los padres ya no pasa por restringir las horas frente a la tablet. "Santi, pará un segundo con la botellita que abajo hay gente", le ruega su madre. Santiago tiene 7 años y desde hace algunos meses se sumó al pelotón de fanáticos del juego del momento: el botella challenge. Con un objetivo simple como tirar una botellita de plástico, hacerla girar en el aire y lograr que caiga parada, el desafío se convirtió en un fenómeno en los recreos escolares, en los clubes y ahora también en las colonias de verano. Todo comenzó con un video subido a las redes sociales, y en pocos días fue sensación.
Por sus características y su forma de practicarlo se lo podría catalogar dentro de aquellos juegos de antaño que los especialistas denominan tradicionales, como el elástico, el pata pata o la soga, que también ganaron protagonismo en una generación de chicos que prácticamente desestima el juego analógico.
En pleno auge del entretenimiento digital, ¿cuál es la clave de este tipo de juegos que logran fascinar tanto a los chicos? O, en contrapartida, ¿por qué el Pokémon Go pasó de ser la aplicación más descargada al ostracismo cibernético?
Según Silvia Bacher, docente y autora del libro Navegar entre culturas. Educación, comunicación y ciudadanía digital, los adultos no deberíamos asombrarnos tanto, porque el avance de la tecnología no derriba la necesidad que tienen los chicos de experimentar en otros campos. "Para ellos son distintas dimensiones que coexisten sin obstáculos. Pasan de la consola de juegos al desafío de la botellita con naturalidad, sin prejuicios. En realidad, todas las culturas se construyen sobre la base de las existentes. De hecho, este juego tan simple que tiene la frescura de lo interpersonal y donde se ponen algunas destrezas en acción se hizo popular por las redes sociales. Un desafío en construcción colectiva que usa la plataforma digital como recurso expansivo", señala la especialista.
La "nueva" Playstation
Agustín Ingala, de 12 años, es fanático del botella challenge. Lo juega en todos lados y con todos sus amigos, y con la práctica dice que mejoró su técnica. "Cuando le pregunté qué hacían con esa botellita todo el tiempo me dijo que era la nueva Playstation 5 -cuenta Susana Galante, su madre-. Lo puso a esa altura, y me encanta."
Carolina Sanllorenti, madre de Josefina, de 9 años, y vicedirectora de inglés de la Nueva Escuela Argentina (NEA), también recuerda que a lo largo del año resurgieron otros juegos con efectos similares. "A principios de año tuve que salir corriendo a comprar una soga. Después fue el pata pata [un aro unido a una soga y con una bola en el extremo que se coloca en un tobillo y con el otro pie se trata de esquivarla]. Con el elástico hubo un boom que sigue, y me parece muy bueno que puedan salir de las pantallas. Se encienden otras ideas. Y el efecto es contagioso", señala.
A través de este tipo de juegos, coinciden los expertos, los chicos desarrollan distintas habilidades. "El cuerpo ocupa un lugar central y deja de estar adormecido como cuando un chico se sienta frente a una pantalla. Pero me parece importante que los adultos nos distanciemos de ese discurso de polaridad. No son dos mundos que están en puja, porque los chicos viven sus actividades como un continuo, y pasan de una cosa a otra con total naturalidad", opina la psicopedagoga Gabriela Valiño, docente del Departamento de Educación de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Mientras los padres festejan que sus hijos abandonen la tablet o la consola por algo tan simple como tirar una botellita por el aire, en muchos colegios porteños, y ahora también en algunas colonias de verano, el juego fue prohibido. Según los argumentos que dieron algunos coordinadores y directivos, la razón está en el cuidado de los chicos. Botellas que se rompen o que vuelan demasiado alto y pueden lastimar a otro. Sin embargo, María Regina Öfel , psicopedagoga y directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego, no está de acuerdo con esta medida y considera que en lugar de prohibir el juego se podría regular. "No creo que sea una buena medida quitarlo de plano. Hay que buscar el modo de negociar, habilitar opciones para que se organicen y puedan seguir disfrutando y compartiendo en grupo."
El respaldo de los adultos
Valeria Manzuoli, madre de Ciro, de 11 años
"Prefiero que me moleste con la botellita y no que esté toda la tarde con la tablet. Creo que en este tipo de juegos ponen el cuerpo en acción y son más creativos"
Silvia Bacher, docente
"Hay una necesidad de experimentar de distintas maneras; los chicos no tienen el prejuicio entre un juego y otro. Hay que reconocer la capacidad de navegar entre culturas"
Natalia Baldoma, madre de Valentina,de 11 años
"Cuando la veo con la botellita o saltando al elástico me recuerda a mi niñez. Entre tanta tormenta tecnológica me parece genial que puedan divertirse con cosas sencillas, básicas y económicas"
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